El gigante tecnológico Google ha dado marcha atrás en una de sus apuestas más ambiciosas: la integración de inteligencia artificial generativa en Google Earth. La función, que permitía crear imágenes personalizadas a partir de vistas satelitales y modelos 3D del planeta, ha sido desactivada de forma temporal tras apenas 24 horas de actividad. El motivo: la rápida propagación de imágenes manipuladas que mostraban escenarios ficticios de lugares reales, generando una ola de preocupación por su potencial uso en campañas de desinformación.
La herramienta, impulsada por el modelo Nano Banana 2, fue lanzada a principios de agosto con la promesa de «reimaginar el mundo real». Los usuarios podían hacer zoom en cualquier punto del globo, escribir una instrucción y obtener una imagen transformada al instante. Sin embargo, la libertad creativa se convirtió rápidamente en un problema cuando comenzaron a circular representaciones de la Torre Eiffel en ruinas, un socavón que engullía la Gran Pirámide de Giza o tanques rusos recorriendo las calles de Kiev. Estas imágenes, que imitaban con precisión el aspecto de fotografías satelitales, fueron detectadas por la BBC, que logró engañar al sistema para que identificara algunas de ellas como auténticas.
Una medida para proteger la confianza en el servicio
Ante la magnitud del problema, Google emitió un comunicado oficial en el que explicaba que las imágenes generadas no estaban destinadas a publicarse en la base de datos cartográfica principal y que incluían una marca de agua para certificar su origen sintético. No obstante, la compañía reconoció que la función podía «infringir las políticas de uso» y que era necesario «implementar medidas de seguridad más estrictas» antes de volver a activarla. La decisión se tomó para preservar la credibilidad de una plataforma que es utilizada por profesionales geoespaciales, gobiernos y millones de usuarios en todo el mundo.
El incidente ha puesto de relieve un problema cada vez más acuciante en la era digital: la dificultad de distinguir entre imágenes reales y generadas por IA. Herramientas como MidJourney, DALL-E 3 o Grok ya han demostrado su capacidad para crear contenido hiperrealista, pero el caso de Google Earth añade una capa adicional de riesgo al situar esas imágenes en coordenadas geográficas precisas. Esto significa que un usuario podría crear una imagen de un desastre natural o de un ataque militar en una ubicación concreta y hacerla circular como si fuera un hecho real, con todas las consecuencias que ello conlleva.
El precedente de la desinformación con IA
No es la primera vez que la IA generativa causa polémica. En 2023, se viralizaron imágenes falsas de Donald Trump siendo detenido o del Papa Francisco con una estética urbana, creadas con MidJourney. También circuló un video manipulado del presidente ucraniano Volodimir Zelensky pidiendo la rendición de sus tropas. Estos casos evidencian que el problema no es solo técnico, sino también social: la rapidez con la que se comparten este tipo de contenidos en redes sociales dificulta su desmentido y amplifica su impacto.
En el caso concreto de Google Earth, la compañía ha anunciado que trabajará en la integración de filtros y sistemas de seguridad más rigurosos antes de reactivar la función. Aunque no ha ofrecido una fecha concreta, se espera que la nueva versión incluya restricciones más claras sobre los tipos de imágenes que se pueden generar y una verificación más exhaustiva de los contenidos que intenten eludir las políticas de uso. La pregunta que queda en el aire es si estos cambios serán suficientes para evitar que la herramienta vuelva a ser utilizada con fines malintencionados.
El episodio ha servido como un recordatorio de que la IA, aunque ofrece enormes posibilidades creativas, también debe ser gestionada con responsabilidad. Las empresas tecnológicas tienen la obligación de anticiparse a los usos indebidos de sus productos, especialmente cuando estos pueden afectar a la percepción pública de eventos reales. Por ahora, los usuarios de Google Earth tendrán que conformarse con las vistas tradicionales del planeta, mientras la compañía decide cómo recuperar la función sin que suponga un riesgo para la credibilidad de su plataforma.
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