Viajar a un país donde no conoces el idioma siempre tiene ese punto de vértigo. Mi nivel de alemán no pasa del Guten Morgen, pero esta vez mi viaje a Viena tenía un aliciente especial: comprobar si la promesa de Apple de derribar las barreras del idioma era real.
Me fui a la aventura confiando únicamente en mi iPhone 17 Pro y mis AirPods Pro con la última versión beta de iOS 26.2 disponible, decidido a ver si podíamos jubilarnos del clásico "gestos y sonrisas".
Durante años hemos usado el traductor del móvil para salir del paso: sacar el teléfono, abrir la app, teclear o dictar… es útil, pero corta "el rollo". Es una barrera física. Lo que Apple propone ahora con Apple Intelligence y la traducción en tiempo real es la invisibilidad. Y tras pasar unos días en Austria probándolo a fondo, la sensación es lo más parecido a tener superpoderes auditivos.
Los básicos sobre la traducción en tiempo real de los AirPods
Antes de contarte cómo sobreviví en el metro de Viena o pidiendo el desayuno, pongamos las cartas sobre la mesa. Para que esto funcione hace falta la magia del procesamiento local. Y para eso hace falta potencia:
- El cerebro: un iPhone compatible con Apple Intelligence (iPhone 15 Pro o superior)
- El oído: AirPods Pro 2, AirPods Pro 3 o los nuevos AirPods 4 con cancelación de ruido
- El software: iOS 26.2 (actualmente en beta, lanzamiento oficial en diciembre)
La clave aquí es la fricción cero. No hace falta desbloquear el iPhone y buscar la app. Si lo has dejado preconfigurado en los ajustes, basta con presionar los "palitos" de ambos AirPods a la vez para iniciar la traducción. En ese momento, el mundo exterior sigue sonando, pero una voz (Siri) empieza a narrarte lo que te dicen en tu idioma.
La prueba de fuego a 30.000 pies y el "efecto retraso"
Mi primera prueba fue nada más sentarme en el avión. Las instrucciones de seguridad nos las sabemos de memoria en español, así que era el momento perfecto para probar el alemán.
Con la megafonía del avión (que no destaca por su calidad de audio) y el ruido de los motores de fondo, los AirPods me sorprendieron. Lo cazaron todo. Mientras la azafata hablaba en alemán, Siri me iba susurrando las instrucciones en español al oído.
Aquí es donde noté el primer matiz: el delay o retraso. Hay un retraso de una o dos frases entre que la persona habla y tú escuchas la traducción. Al principio te pone nervioso. Tu cerebro piensa: "se ha colgado, no lo ha pillado". Pero justo cuando vas a mirar el móvil, llega la traducción. Es cuestión de acostumbrarse a ese ritmo de "escuchar, esperar, entender". Algo que seguro irá evolucionando y mejorando con el tiempo.
Moviéndome por Viena: la discreción como arma
Donde realmente destaca la traducción en tiempo real de los AirPods es en la naturalidad. En la recepción del hotel, configuré la traducción. El recepcionista me estaba explicando los horarios del desayuno y la ubicación de los ascensores. En una situación normal, yo estaría asintiendo con cara de póker o pidiendo que me repitiera las cosas "más despacio, por favor". Con los AirPods, simplemente la miraba a los ojos, asentía y sonreía. El no sabía que yo estaba recibiendo una traducción simultánea.
Esa es la gran victoria de este sistema: es disimulado. Todo el mundo lleva auriculares hoy en día. No eres el turista torpe que pone el móvil en medio de la cara de la gente para que una máquina hable por él. Eres una persona manteniendo una conversación fluida.
El test del "cotilla" y las limitaciones reales
Lo confieso: lo hice por la ciencia (y por Applesfera). Estando en una cafetería vienesa, vi a un hombre hablando por teléfono en alemán muy acaloradamente en la mesa de al lado. No pude resistirme. Activé el modo de traducción. Sorprendentemente, me conseguí enganchar a su conversación. Pude entender de qué se quejaba. Pero aquí es donde afloraron las limitaciones:
- El entorno importa: necesitas un ambiente relativamente tranquilo. En el metro, con los avisos de paradas y correspondencias, funcionó bien, pero si hay mucho ruido ambiente caótico, le cuesta aislar la voz principal.
- La proximidad es clave: no es magia negra. El sistema utiliza tanto los micrófonos de los AirPods como los del iPhone. Si dejas el iPhone en la mesa y te alejas mucho, deja de traducir. Tienes que estar cerca de la fuente de sonido.
Aunque esta función llegue oficialmente en diciembre, mi experiencia en Viena me ha dejado claro que esto es solo el prólogo de algo mucho más grande. La ventaja de Apple aquí no es solo la traducción (que ya hacíamos con apps), sino la escala.
En dos o tres años, cruzarte con alguien que lleve AirPods compatibles con la traducción será aún más común de lo que ya es hoy. Y eso cambia las reglas del juego. Imagina esa típica reunión de trabajo con un compañero de otra oficina internacional. El escenario actual implica pantallas, pausas incómodas y teléfonos sobre la mesa haciendo de barrera.
Con la traducción en tiempo real de los AirPods cambia el asunto: serán dos personas, cada una con sus auriculares, manteniendo una conversación fluida, mirándose a los ojos. Esa naturalidad es la verdadera revolución.
Eliminar la fricción física de tener que sacar el iPhone, desbloquearlo y pulsar un botón para que te entiendan. Es un paso gigante hacia esa "invisibilidad" de la tecnología que, quizás en un futuro, veremos completada con una IA aún más capaz o unas gafas inteligentes.
Pero volviendo al presente y a mi viaje, me quedo con la tranquilidad. Saber que llevas en el oído una herramienta capaz de sacarte de un apuro o permitirte entender el mundo que te rodea con un simple gesto. No es perfecto todavía, pero esa sensación de calma y disimulo es, sin duda, lo mejor de la experiencia.
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La noticia He viajado a Viena sin hablar alemán confiando solo en la traducción de los AirPods: sorprende, pero no es perfecta fue publicada originalmente en Applesfera por Guille Lomener .
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