Noticia [Análisis] Nightmare Boy

Las pesadillas forman parte de nuestro día a día. Las imaginamos, las vivimos y… las soñamos. Aunque el mundo onírico siempre ha sido un misterio para el ser humano, Nightmare Boy ofrece la posibilidad de estudiar la parte más negativa de este mundo. ¿Os atrevéis a entrar en él?

Detrás de toda esta cantidad de pixeles está The Vanir Project, un pequeño estudio formado por dos personas madrileñas que han conseguido estrenarse en Nintendo Switch. Traducido al castellano, Nightmare Boy explica la historia de Billy, un muchacho de corta edad que ha sido transformado en Rolok, príncipe de los sueños, por el mago Baldr.

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Entra en la pesadilla


En un entorno onírico y diverso a medio camino entre metroidvania, beat’em up y plataformas 2D, deberemos recorrer la región de Donorok para despertar del sueño al que hemos sido condenados y recuperar el orden del reinado de Noctum. Nos enfrentaremos con enemigos dignos de nuestra peor pesadilla, con diseños dantescos extraídos del mismísimo inframundo.

Estos diseños nos hacen pensar en la personalidad de Billy. Es extraño como un chico que no debe llegar a los diez años de edad, se enfrenta a unas criaturas que aterrorizarían a cualquier niño. De hecho, al principio, antes de enfrentarnos a Baldr, Billy está aterrorizado, pero cuando le transforman y pone cara de enfadado, de repente tiene ganas de matar a un montón de criaturas.

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Se podría deber a la transformación en Rolok, pero el propio juego te dice que simplemente ha adoptado su apariencia física, con lo que el temeroso Billy aún debería temer según que situaciones. No obstante, no encontramos ningún tipo de duda o temor a medida que avanzamos en el juego.

Tu único objetivo es matar a Baldr, pensamiento algo extraño para un niño de corta edad. Además, las conversaciones con otros personajes no son típicas de esa edad, ofreciéndonos en ocasiones opciones de diálogo irónicas sobre la muerte de un personaje.

Mejorando al pequeño Billy


Por el camino nos encontraremos a otros niños atrapados que nos ofrecerán su ayuda para derrotar a estas criaturas. La mayoría los liberaremos derrotando a enemigos finales. Otros, en cambio, necesitarán de un objeto para que podamos obtener nuevas habilidades y magias.

Las habilidades y magias nos permitirán acceder a zonas que antes no lo eran. No obstante, se centran tanto en esta característica del género metroidvania, que llega un momento en el que transforman la libertad en algo lineal.

Aunque la primera gran zona sí que otorga distintas vías a seguir, encontramos que posteriormente no se ofrece ese libre albedrío del que disponemos al principio. Los escenarios, aunque variados y con gran nivel de detalle, la gran mayoría de veces solo tienen una entrada y una salida. La enormidad de algunas salas te hacen creer que el camino se podría bifurcar, pero la falta de verticalidad no guiada de los escenarios lo imposibilita.

Las magias, aunque también son variadas, llega un momento en el que solo usas un par de ellas porqué el resto quedan relegadas a un tercer plano. Tal vez un sistema de mejora de magias hubiera podido evitar esto, pero no es el caso y tenemos mucho para escoger pero poco verdaderamente útil.

Los puntos de guardado son algo especiales, ya que requieren de un número de gemas que va aumentando a medida que los vamos usando. No obstante, esto llega a ser irrelevante, ya que las gemas normalmente nos sobran.

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El control también es mejorable porque, aunque es intuitivo y fácil de dominar, el movimiento no es el adecuado para el nivel de plataformeo que nos ofrece The Vanir Project. En ocasiones la cámara no ofrece una visión óptima de las plataformas a las que debemos acudir, especialmente a las que están en movimiento, llegando incluso a frustar al jugador. Por suerte, no es algo que ocurra frecuentemente.

La pesadilla dantesca de Billy

Sin duda alguna, el aspecto más llamativo de Nightmare Boy es el visual. Se nota el mimo y tacto que se han tomado sus desarrolladores al crear el juego por una descripción que encontramos en su web:


Todos los gráficos del juego son pixel, y el personaje principal y los enemigos están animados de forma tradicional. Por ejemplo, Nightmare Boy está formado a día de hoy por cerca de 400 imágenes que componen los diferentes movimientos y habilidades que posee.

Aunque muy probablemente no todos los personajes hayan tenido el mismo número de imágenes, es envidiable el trabajo que han conseguido con el protagonista. Nos encontramos con un Billy bien animado y unas criaturas con una expresividad de pesadilla.

El estilo retro y el diseño dantesco del juego es una gran combinación. Realmente sentimos que estamos en una pesadilla por esas expresividades hiperbolizadas de los monstruos. Hay una zona en específico que las criaturas parecen sacadas de la película “Pesadilla antes de Navidad” con caras alargadas y diseños peliagudos.

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Sonido de otro mundo


Aunque la música es bastante buena y se adapta a cada escenario, encontramos que flaquea en los efectos sonoros. Seguramente habrá sido intencionado el uso de esa especie de efecto hueco que nos ofrecían los juegos retro.

No obstante, creemos que la calidad sonora podría ser mucho mejor, ya que es extraño como con una música que realmente está bien hecha, nos encontramos con efectos sonoros que no hacen justicia a la BSO.

Pesadilla duradera


Nightmare Boy tiene una duración de entre 5 y 6 horas. tiempo adecuado para el tipo de juego que es. Ni más ni menos. Un poco más te hubiera resultado repetitivo y un poco menos te hubiera dejado con ganas de más. Claro está que la duración siempre está ligada a la habilidad del jugador y el número de coleccionables.

Aunque el juego no requiere de gran habilidad, en ocasiones llega a frustrar en según qué situaciones. Los desarrolladores tienen una especie de manía en crear escenarios cuyo elemento principal sea el hielo.

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Como sabéis, este estado congelado del agua, suele venir acompañado de un suelo resbaladizo, enemigos que congelan y plataformas de lo más odiosas. Nightmare Boy tiene este tipo de escenario y es aquí donde llega el pico de dificultad, recordándote el momento en el que cambiaste la dificultad fácil por defecto a normal. Solo este lugar provoca que el juego tenga una progresión irregular, ya que si pudiéramos representar esta linea en un gráfico, esta sería una montaña donde el pico está congelado.

Aunque este escenario me haya replanteado el hecho de repetir el juego de principio a fin, Nightmare Boy es rejugable, ya que dispone de dos finales distintos. Para conseguir el que se supone que es el final definitivo, deberemos recuperar las piezas de la armadura de Aster.

Estas piezas son el único coleccionable del juego, pero no encontramos que necesite más, ya que son suficientes para no abrumar al jugador y son relativamente sencillas de encontrar.

Entre pesadilla y sueño


Como en la vida misma, cuando nosotros vamos a dormir solemos tener pesadillas o sueños. Nightmare Boy está a medio camino de ambos, llegando al sobresaliente en algunos aspectos y provocando frustración en otros. No obstante, es un metroidvania desafiante con un diseño memorable y que demuestra un buen estado del desarrollo de videojuegos español. Podéis adquirir Nightmare Boy en la eShop de Nintendo Switch por 9,99€ con un tamaño de descarga de 1494,22 MB.

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