Noticia Ahora resulta que me quiero ir a vivir a Japón para reparar Nokia 3100 y PSP averiadas sin ninguna otra preocupación

Ahora resulta que me quiero ir a vivir a Japón para reparar Nokia 3100 y PSP averiadas sin ninguna otra preocupación


La nostalgia es inexorable y nos acaba afectado a todos, tanto a la generación de mis padres, como a la mía ahora. Somos adultos funcionales, personas con capacidad de raciocinio, creatividad y, sobre todo, dinero en el bolsillo para poder gastar. Es por todo ello que nacen proyectos como ReStory: Chill Electronics Repairs, el título del estudio Mandragora que apela a todos los que vivimos aquella era de comienzos de los 2000.


Una explosión de tecnología en nuestras caras y que se tradujo en multitud de aparatos del calibre de infinidad de Nokias, Motorolas, PSP, Dreamcast y hasta Tamagotchi. Todos tuvimos alguno de esos cacharros (y los más afortunados todos a la vez), por lo que toparme con un videojuego que permite volver a toquetearlos es un reclamo del que no puedo huir.


A través de una fase de prueba, sus creadores definen a ReStory: Chill Electronics Repairs como un juego de gestión narrativo, el cual nos traslada hasta el corazón de Tokyo a principios del siglo XXI. Allí regentaremos un pequeño local que permite reparar y limpiar todas estas piezas (casi) de museo, al mismo tiempo que charlamos con los clientes. Por supuesto, tan solo hace falta enfrentarse a unos segundos de partida para darte cuenta de que estamos ante uno de los imprescindibles de la escena de los cozy games.

Sin prisas, sin tensiones, sin tornillos​


Hay un esfuerzo realmente grande por parte de Mandragora para que nos sintamos a gusto en los dos metros cuadrados que conforman el comercio y cuya visión del exterior es apenas una calle japonesa. Los colores son vivaces, variados; el diseño de absolutamente todos los objetos es agradable; la música es un hilo musical del que es difícil cansarse y la dinámica de reparación nunca deja de ser entretenida.


Que te llegue un "Pokia" 3100 a tus manos para que le saques el polvo de encima ya es un viaje en retrospectiva a hace un par de décadas, pero no se ha dejado de lado el cuidado al detalle. Todas las piezas del teléfono móvil están presentes, deben desmontarse quitando los tornillos y hay que seguir cierta organización para no convertir una tarea sencilla en un caos. Lo mejor que puedes hacer es colocar cada una de ellas a un lado en el orden en el que las has extraído, tomar un pincel para limpiarlas y revertir el proceso.

Así es como se van acumulando yenes para la caja registradora y en un ciclo con el que ReStory: Chill Electronics Repairs no pretende estresarnos. El tiempo puede correr y no habrá prisa acuciante para que terminemos la tarea, ya que el principal reclamo del proyecto es que apreciemos tener consolas Atari en las manos o una PlayStation. Separar las piezas que ya no valen para sí poder usarlas en nuevos encargos y revisar en Internet son dos de las dinámicas a las que hay que acostumbrarse.


Porque sí, es posible utilizar el fascinante mundo virtual para encontrar en una suerte de eBay más piezas, comprar licencias oficiales para reparar una PSP o revisar el correo electrónico para recibir más proposiciones. Con una legendaria conexión de 128 mb/s, es maravilloso acudir a un monitor que con el Windows 98 desplegado. Un acierto absoluto haber situado el contexto del título en Japón durante esta época, ya que la penetración de las redes sí que era mucho más habitual en el país asiático que en el resto del mundo.

ReStory

Más allá del mostrador​


Ahora bien, no todo se trata de centrar la mirada en el escritorio para sacar polvo, abrillantar, colocar bombillas y revisar que todos los tornillos están perfectamente enroscados. Desde Mandragora han querido ofrecer un componente narrativo, no vital, pero sí constante y presente para disfrutar de una historia con ramificaciones y varios finales según las decisiones que tomes.

Tenemos al dueño del bajo que nos lo alquila (y al que hay que pagar religiosamente), un otaku que habla con nosotros desde el piso de arriba con un cubo atado a una cuerda, el repartidor que se encarga de la mensajería de los pedidos y hasta una niña a la que no se nos ocurriría cobrar jamás por arreglarle el Tamagotchi. Casi siempre podemos escoger una opción de diálogo u otra, por lo que existe una gran libertad a la hora de definir las relaciones que conformamos.

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No hablo de un simulador social, pero desde luego que el arte utilizado para dar forma a los personajes y sus personalidades son lo suficientemente amables a la vista como para que quieras verlos de vez en cuando. Además, detalles tan chulos como poder decorar a gusto tu estancia para que aumenten los puntos de comodidad, siempre son bienvenidos.


Ha sido apenas una hora de partida en la que me habría gustado profundizar más y haberle sacado más jugo a una experiencia que llegará en 2026 para PC. Si las líneas maestras se mantienen (amén de una traducción al español maravillosa), auguro grandes alegrías para el equipo de Mandragora.

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La noticia Ahora resulta que me quiero ir a vivir a Japón para reparar Nokia 3100 y PSP averiadas sin ninguna otra preocupación fue publicada originalmente en Vida Extra por Juan Sanmartín .

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