Nadie esperaba que Onimusha fuera a volver así. Bueno, quizá nadie esperaba que volviera, pero así ha sido. Tras más de una década de silencio, Capcom ha resucitado su saga de samuráis con Onimusha: Way of the Sword, un título valiente a la par que nostálgico que abandona buena parte de la estructura clásica de la franquicia para abrazar algo más moderno, más ambicioso y con una personalidad arrolladora.
La suya es una apuesta arriesgada que, como suele pasar en estos casos, no siempre sale redonda; pero, haciendo honor a su protagonista, logra salir de todo con gran desparpajo y ganándose tu corazón. Y es que, tras su ambientación feudal se encuentra un sistema de combate que engancha desde el primer tajo. Sin duda, es un juego que no deja indiferente a nadie, pero, ¿tiene lo que hay que tener para abrirse hueco entre los mejores de Switch 2? Nosotros lo tenemos muy claro, y te lo contamos en nuestro análisis de Onimusha: Way of the Sword para Nintendo Switch 2.
Onimusha: Way of the Sword nos pone en la piel de Miyamoto Musashi, un espadachín errante cuya única obsesión es perfeccionar su técnica y ser el mejor. Él no quiere ni salvar el mundo ni liderar a nadie, solo ponerse a prueba y combatir tranquilamente. Por eso, la aventura comienza con él desafiando a un maestro, derrotándolo y acabando muerto por unas criaturas que aparecen de la nada.
Y es que tardas poco en descubrir que el conflicto va a buscarlo a él. Los Genma, estas misteriosas criaturas, se están introduciendo en el mundo humano gracias a una corrupción que se extiende por Kioto y que tiene por detrás al misterioso Yoshitsune. Un villano que, curiosamente, es quien saca a Musashi de entre los muertos, le da su Guantelete Oni y lo lleva de vuelta al mundo de los vivos para ser un Onimusha.
Con esa premisa como base empiezan a aparecer personajes como Sasaki Ganryu (eterno rival de Musashi), Shizuka (que habita en el Guantelete del protagonista) y otros como Takamura y Okuni. El grupo es reducido, y es este último trío el que se vuelve más frecuente. De hecho, su estructura con el tiempo casi recuerda a la de una familia incluyendo al propio Musashi.
No va a pillar a nadie por sorpresa, pero Way of the Sword no reinventa la narrativa en videojuegos, aunque sí cuenta con varios giros interesantes y momentos realmente buenos. De hecho, quien sostiene todo es Musashi, plenamente consciente de lo extraordinario que resulta con la espada, torpe como él solo y chulesco hasta cuando la situación pinta realmente mal. Es un personaje con el que resulta fácil conectar y que se apodera de la pantalla en cuanto aparece. Aunque solo por detrás de Yoshitsune.
Ambos personajes, las dos caras de la moneda de esta trama, son lo mejor que esta ofrece. Si has visto cine japonés, sin duda te vas a sentir como en casa en las más de 30 horas que puede durar esta historia.
Todo en Onimusha: Way of the Sword quiere transmitir la sensación de estar participando en una película clásica japonesa de samuráis. La puesta en escena, el comportamiento de los enemigos (que te rodean y casi esperan su turno para atacar, ya hablaremos de eso), la música, los intercambios durante los combates… todo respira ese espíritu, y se nota desde la primera cinemática.
Por supuesto, Kioto, donde transcurre casi todo, y el Japón feudal son uno de los grandes puntos fuertes del juego. Sus calles y escenarios tienen muchísima personalidad, y simplemente recorrer su pequeño pero cargado mundo puede ser atractivo por su fidelidad y respeto. De hecho, si has estado en la actualidad, es posible que más de una zona te resulte un tanto familiar.
Decía antes que Musashi carga gran parte del encanto de la trama sobre sus hombros, y eso se debe a su enorme expresividad (y su acertadísimo doblaje al castellano). Diseñado en base al legendario actor Toshiro Mifune, sus gestos durante las cinemáticas muestran un nivel de detalle impresionante, con una interpretación que puede llegar a resultar algo histriónica en determinados momentos, pero que encaja genial con el tono del juego.
Por supuesto, detrás de todo esto está el RE Engine, que vuelve a demostrar el dominio que tiene Capcom de todo el hardware que toca. De hecho, en el caso de Onimusha la compañía ha hecho un trabajo excepcional no solo en el apartado gráfico, sino en la calidad de las animaciones y cómo se integran entre ellas durante los combates.
Desviar un espadazo y hacer que el propio ataque acabe golpeando a otro rival es perfectamente posible. Incluso hay interacciones con los escenarios, respuestas totalmente naturales al esquivar, defenderse o hacer un parry a un enemigo que te ataca desde cualqjuier flanco. Hay mil y un detalles en este sentido, y todos se enlazan con una naturalidad extraordinaria que hace el combate muchísimo más creíble, a pesar de estar combatiendo con poderes demoníacos contra seres de ultratumba.
Respecto a los Onimusha clásicos, esta entrega cambia considerablemente su estructura. Kioto funciona como un hub central que puede recorrerse con bastante libertad, con zonas que van abriéndose a medida que avanzas y cierto backtracking gracias a las habilidades desbloqueadas.
Algunas misiones transcurren en la propia Kioto, con una serie de “eventos emergentes” que, aunque dan algo de variedad, acaban siendo un tanto repetitivos, aunque el sistema de combate lo compensa. Aun así, son los escenarios lineales los que mejor diseño ofrecen. De hecho, ahí es donde el juego se siente más afinado y donde las ideas funcionan con más claridad.
Fuera del combate lo que solemos encontrar es situaciones en las que hay que rescatar a inocentes, cerrar grietas que traen Genma al mundo o, simplemente, oleadas de enemigos que están sembrando el caos por las calles y los campos. Bastantes actividades que terminan resultando repetitivas en su planteamiento, reduciéndose a desplazarte a un punto y derrotar enemigos. De hecho, se echan en falta los puzles que sí tenían las entregas anteriores (herederos del Resident Evil cuyo motor compartían), y algo más de variedad no le habría venido nada mal.
Pero donde Onimusha: Way of the Sword brilla con una fuerza arrolladora es precisamente en su combate. La katana es el corazón del sistema, pero ojo, esto es un juego de acción en el que no se premia lo ofensivo, sino lo bien que seas capaz de defenderte. A primera vista puede parecer un hack and slash. Y nada más lejos de la realidad.
Porque aquí no hay combos, de hecho, Musashi tiene pocas formas de golpear (a una o a dos manos, con su arco o con las armas Oni), porque lo verdaderamente importante al luchar es romper la defensa del enemigo para castigarlo después. Observar, esperar, defender, romper postura y castigar. Es un sistema que no premia tanto la rapidez al encadenar botones, sino tener sangre fría para responder de la forma adecuada en el momento adecuado. Como en un duelo de samuráis.
También existe un pequeño árbol de habilidades, mejoras de equipo y las armas Oni como armamento secundario. No es que sea precisamente un RPG de acción profundo en cuanto a progresión, pero esta sí que genera una sensación de crecimiento y, poco a poco, va haciendo que jugar con Musashi sea más divertido y satisfactorio, elevando un sistema de combate que ya es adictivo desde la base.
¿Y cómo se desbloquean esas habilidades o mejoras? Recolectando recursos, encontrando coleccionables o alimentando a tu guantelete con orbes. Al derrotar enemigos o golpearlos, aparecen orbes azules, rojos y/o dorados y cada uno tiene un cometido. Los rojos recargan tu defensa y pueden usarse como moneda de pago, los dorados curan tu vida y los azules cargan tus armas Oni (de las que, por cierto, hemos echado en falta algo más de variedad de movimientos). Pero ojo, esos orbes pueden jugar en tu contra y ya explicaremos por qué.
Decimos que la defensa lo es todo, y solo hay que ver el abanico de opciones que hay en este sentido. Musashi puede defenderse con normalidad y esquivar, pero el timing cambia las cosas. Si te defiendes justo cuando un enemigo ataca, lo desvías; si esquivas en el momento adecuado, puedes responder rápidamente a su ataque. Luego, combinando L + B, haces un parry que resta defensa al rival. Ah, y también puede haber un choque de aceros al coincidir tu ataque con el del rival, activando una secuencia que solo puedes ganar pulsando un botón de ataque distinto al que usaste (o haciendo un parry).
Y tras todo esto está el Issen, que es el verdadero jugo de Onimusha.
Si atacamos justo cuando el enemigo va a golpearnos, Musashi ejecuta una rapidísima evasión seguida de un contraataque devastador. Eso es el Issen, una técnica muy difícil de ejecutar, pero que es capaz de eliminar enemigos de un solo golpe, incluso a distancia, que resta mucha vida a los jefazos y que es tremendamente satisfactoria cuando sale bien. De hecho, puede cambiar las tornas de un combate en décimas de segundo.
Todo este cóctel es lo que da forma a un sistema de combate que exige precisión y reflejos, que puede ser sorprendentemente exigente en las batallas contra los jefes y también extremadamente complaciente contra enemigos normales; pero que siempre destaca por su brillantez, su naturalidad y su espectacularidad.
Los hemos mencionado de pasada, pero los combates contra jefes son probablemente la mejor parte de todo el juego. Aquí resulta fundamental estudiar las animaciones, controlar tiempos, analizar al enemigo y el entorno y aprender sobre todo cuándo hay bloquear, esquivar o intentar un Issen. Además, son precisamente lo que puede hacer que los orbes jueguen en tu contra, ya que pueden absorberlos también para curarse, rellenar su defensa o incluso potenciar sus ataques.
Muchos jefes poseen varias fases que cambian sus patrones y tienen debilidades que recompensan al jugador más observador, y de hecho eso hace que sean extremadamente rejugables (puedes volver a desafiarlos). De hecho, en la recta final del juego hay algunos jefes que pueden ser, fácilmente, de los más memorables que hayamos jugado jamás.
Eso sí, los enemigos básicos podrían haber sido más agresivos. Cuando te encuentras con ellos, se quedan ahí, esperando ordenadamente para atacarte y acabar convertidos en carne cortada por tu katana. Esa facilidad hace que, con el tiempo, acabes sintiéndote prácticamente intocable. Entendemos la decisión, primero por ese aire de película de samuráis que consigue y segundo porque es ideal para pulir tus habilidades defensivas, pero que opusieran algo más de resistencia habría mantenido mejor la tensión.
La versión de Nintendo Switch 2 sorprende, y mucho. Onimusha: Way of the Sword puede ser perfectamente una de las mejores adaptaciones de Capcom para la consola, luciendo incluso más convincente que Resident Evil Requiem en varios aspectos.
Es el primero de la compañía que, en Switch 2, te permite escoger entre bloquear los fotogramas por sgundo a 30 FPS o usar una tasa desbloqueada. En un título donde los parries y los Issen exigen tanta precisión, la mayor fluidez resulta más apropiada, y por lo que hemos podido comprobar, se mueve en torno a los 40 – 45 FPS con esta opción (ideal para aprovechar el VRR).
Al alternar entre ambos modos, no hemos apreciado diferencias gráficas. Donde sí lo hemos notado es al pasar de TV a Portátil y viceversa. Fuera de la tele, se notan ciertos sacrificios en resolución y texturas, sobre todo con la resolución dinámica que trabaja, pero el resultado sigue siendo convincente.
Capcom aseguraba que la diferencia con PS5 sería mínima, y tras probarlo personalmente en ambas plataformas, no andaban nada desencaminados. Si no tenéis un ojo especialmente entrenado para las comparativas, las diferencias resultan bastante menores de lo esperado, aunque el pelo lo delata todo.
Por otra parte, la versión de Switch 2 incluye control por movimiento al estilo Wii, con gestos para los tajos y giroscopio para apuntar con el arco. El problema es que solo funciona activando todo el esquema de movimiento: si jugáis con controles tradicionales, no podéis usar el giroscopio solo para el arco. Y la verdad es que no le vendría mal un parche para cambiar eso.
Como un Sekiro más accesible y cinematográfico, Onimusha: Way of the Sword es un derroche de personalidad y buen hacer en lo que de verdad importa. Tiene un sistema de combate exquisito, jefes memorables, un protagonista que engancha y una ambientación que rezuma amor por el cine de samuráis. Además, la adaptación a Switch 2 es sobresaliente.
Sin embargo, aunque las piezas son buenas, no todas encajan del todo bien. Las misiones secundarias piden más variedad y se echan en falta más puzles y contenido fuera del combate. Pero, cuando Musashi deja que hable la katana, todo lo demás calla.
Sobresaliente, irregular y adictivo. Si os gustan los juegos de acción con profundidad y no os importa aprender a base de acero y paciencia, podéis estar ante una de las sorpresas más gratas del catálogo de Switch 2. Algunos puede que lo vivan como una película, otros, como un duelo. En ambos casos, merece la pena.
La entrada Análisis de Onimusha: Way of the Sword para Nintendo Switch 2 se publicó primero en Nintendúo.
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La suya es una apuesta arriesgada que, como suele pasar en estos casos, no siempre sale redonda; pero, haciendo honor a su protagonista, logra salir de todo con gran desparpajo y ganándose tu corazón. Y es que, tras su ambientación feudal se encuentra un sistema de combate que engancha desde el primer tajo. Sin duda, es un juego que no deja indiferente a nadie, pero, ¿tiene lo que hay que tener para abrirse hueco entre los mejores de Switch 2? Nosotros lo tenemos muy claro, y te lo contamos en nuestro análisis de Onimusha: Way of the Sword para Nintendo Switch 2.
Un samurái con mucho morro
Onimusha: Way of the Sword nos pone en la piel de Miyamoto Musashi, un espadachín errante cuya única obsesión es perfeccionar su técnica y ser el mejor. Él no quiere ni salvar el mundo ni liderar a nadie, solo ponerse a prueba y combatir tranquilamente. Por eso, la aventura comienza con él desafiando a un maestro, derrotándolo y acabando muerto por unas criaturas que aparecen de la nada.
Y es que tardas poco en descubrir que el conflicto va a buscarlo a él. Los Genma, estas misteriosas criaturas, se están introduciendo en el mundo humano gracias a una corrupción que se extiende por Kioto y que tiene por detrás al misterioso Yoshitsune. Un villano que, curiosamente, es quien saca a Musashi de entre los muertos, le da su Guantelete Oni y lo lleva de vuelta al mundo de los vivos para ser un Onimusha.
Con esa premisa como base empiezan a aparecer personajes como Sasaki Ganryu (eterno rival de Musashi), Shizuka (que habita en el Guantelete del protagonista) y otros como Takamura y Okuni. El grupo es reducido, y es este último trío el que se vuelve más frecuente. De hecho, su estructura con el tiempo casi recuerda a la de una familia incluyendo al propio Musashi.
No va a pillar a nadie por sorpresa, pero Way of the Sword no reinventa la narrativa en videojuegos, aunque sí cuenta con varios giros interesantes y momentos realmente buenos. De hecho, quien sostiene todo es Musashi, plenamente consciente de lo extraordinario que resulta con la espada, torpe como él solo y chulesco hasta cuando la situación pinta realmente mal. Es un personaje con el que resulta fácil conectar y que se apodera de la pantalla en cuanto aparece. Aunque solo por detrás de Yoshitsune.
Ambos personajes, las dos caras de la moneda de esta trama, son lo mejor que esta ofrece. Si has visto cine japonés, sin duda te vas a sentir como en casa en las más de 30 horas que puede durar esta historia.
El Japón feudal como nunca lo habías pisado
Todo en Onimusha: Way of the Sword quiere transmitir la sensación de estar participando en una película clásica japonesa de samuráis. La puesta en escena, el comportamiento de los enemigos (que te rodean y casi esperan su turno para atacar, ya hablaremos de eso), la música, los intercambios durante los combates… todo respira ese espíritu, y se nota desde la primera cinemática.
Por supuesto, Kioto, donde transcurre casi todo, y el Japón feudal son uno de los grandes puntos fuertes del juego. Sus calles y escenarios tienen muchísima personalidad, y simplemente recorrer su pequeño pero cargado mundo puede ser atractivo por su fidelidad y respeto. De hecho, si has estado en la actualidad, es posible que más de una zona te resulte un tanto familiar.
Decía antes que Musashi carga gran parte del encanto de la trama sobre sus hombros, y eso se debe a su enorme expresividad (y su acertadísimo doblaje al castellano). Diseñado en base al legendario actor Toshiro Mifune, sus gestos durante las cinemáticas muestran un nivel de detalle impresionante, con una interpretación que puede llegar a resultar algo histriónica en determinados momentos, pero que encaja genial con el tono del juego.
Por supuesto, detrás de todo esto está el RE Engine, que vuelve a demostrar el dominio que tiene Capcom de todo el hardware que toca. De hecho, en el caso de Onimusha la compañía ha hecho un trabajo excepcional no solo en el apartado gráfico, sino en la calidad de las animaciones y cómo se integran entre ellas durante los combates.
Desviar un espadazo y hacer que el propio ataque acabe golpeando a otro rival es perfectamente posible. Incluso hay interacciones con los escenarios, respuestas totalmente naturales al esquivar, defenderse o hacer un parry a un enemigo que te ataca desde cualqjuier flanco. Hay mil y un detalles en este sentido, y todos se enlazan con una naturalidad extraordinaria que hace el combate muchísimo más creíble, a pesar de estar combatiendo con poderes demoníacos contra seres de ultratumba.
La katana como filosofía de vida
Respecto a los Onimusha clásicos, esta entrega cambia considerablemente su estructura. Kioto funciona como un hub central que puede recorrerse con bastante libertad, con zonas que van abriéndose a medida que avanzas y cierto backtracking gracias a las habilidades desbloqueadas.
Algunas misiones transcurren en la propia Kioto, con una serie de “eventos emergentes” que, aunque dan algo de variedad, acaban siendo un tanto repetitivos, aunque el sistema de combate lo compensa. Aun así, son los escenarios lineales los que mejor diseño ofrecen. De hecho, ahí es donde el juego se siente más afinado y donde las ideas funcionan con más claridad.
Fuera del combate lo que solemos encontrar es situaciones en las que hay que rescatar a inocentes, cerrar grietas que traen Genma al mundo o, simplemente, oleadas de enemigos que están sembrando el caos por las calles y los campos. Bastantes actividades que terminan resultando repetitivas en su planteamiento, reduciéndose a desplazarte a un punto y derrotar enemigos. De hecho, se echan en falta los puzles que sí tenían las entregas anteriores (herederos del Resident Evil cuyo motor compartían), y algo más de variedad no le habría venido nada mal.
Luchar para defenderte
Pero donde Onimusha: Way of the Sword brilla con una fuerza arrolladora es precisamente en su combate. La katana es el corazón del sistema, pero ojo, esto es un juego de acción en el que no se premia lo ofensivo, sino lo bien que seas capaz de defenderte. A primera vista puede parecer un hack and slash. Y nada más lejos de la realidad.
Porque aquí no hay combos, de hecho, Musashi tiene pocas formas de golpear (a una o a dos manos, con su arco o con las armas Oni), porque lo verdaderamente importante al luchar es romper la defensa del enemigo para castigarlo después. Observar, esperar, defender, romper postura y castigar. Es un sistema que no premia tanto la rapidez al encadenar botones, sino tener sangre fría para responder de la forma adecuada en el momento adecuado. Como en un duelo de samuráis.
También existe un pequeño árbol de habilidades, mejoras de equipo y las armas Oni como armamento secundario. No es que sea precisamente un RPG de acción profundo en cuanto a progresión, pero esta sí que genera una sensación de crecimiento y, poco a poco, va haciendo que jugar con Musashi sea más divertido y satisfactorio, elevando un sistema de combate que ya es adictivo desde la base.
¿Y cómo se desbloquean esas habilidades o mejoras? Recolectando recursos, encontrando coleccionables o alimentando a tu guantelete con orbes. Al derrotar enemigos o golpearlos, aparecen orbes azules, rojos y/o dorados y cada uno tiene un cometido. Los rojos recargan tu defensa y pueden usarse como moneda de pago, los dorados curan tu vida y los azules cargan tus armas Oni (de las que, por cierto, hemos echado en falta algo más de variedad de movimientos). Pero ojo, esos orbes pueden jugar en tu contra y ya explicaremos por qué.
“Kal-Issen” para todos (perdón)
Decimos que la defensa lo es todo, y solo hay que ver el abanico de opciones que hay en este sentido. Musashi puede defenderse con normalidad y esquivar, pero el timing cambia las cosas. Si te defiendes justo cuando un enemigo ataca, lo desvías; si esquivas en el momento adecuado, puedes responder rápidamente a su ataque. Luego, combinando L + B, haces un parry que resta defensa al rival. Ah, y también puede haber un choque de aceros al coincidir tu ataque con el del rival, activando una secuencia que solo puedes ganar pulsando un botón de ataque distinto al que usaste (o haciendo un parry).
Y tras todo esto está el Issen, que es el verdadero jugo de Onimusha.
Si atacamos justo cuando el enemigo va a golpearnos, Musashi ejecuta una rapidísima evasión seguida de un contraataque devastador. Eso es el Issen, una técnica muy difícil de ejecutar, pero que es capaz de eliminar enemigos de un solo golpe, incluso a distancia, que resta mucha vida a los jefazos y que es tremendamente satisfactoria cuando sale bien. De hecho, puede cambiar las tornas de un combate en décimas de segundo.
Todo este cóctel es lo que da forma a un sistema de combate que exige precisión y reflejos, que puede ser sorprendentemente exigente en las batallas contra los jefes y también extremadamente complaciente contra enemigos normales; pero que siempre destaca por su brillantez, su naturalidad y su espectacularidad.
Jefes que merecen cada intento
Los hemos mencionado de pasada, pero los combates contra jefes son probablemente la mejor parte de todo el juego. Aquí resulta fundamental estudiar las animaciones, controlar tiempos, analizar al enemigo y el entorno y aprender sobre todo cuándo hay bloquear, esquivar o intentar un Issen. Además, son precisamente lo que puede hacer que los orbes jueguen en tu contra, ya que pueden absorberlos también para curarse, rellenar su defensa o incluso potenciar sus ataques.
Muchos jefes poseen varias fases que cambian sus patrones y tienen debilidades que recompensan al jugador más observador, y de hecho eso hace que sean extremadamente rejugables (puedes volver a desafiarlos). De hecho, en la recta final del juego hay algunos jefes que pueden ser, fácilmente, de los más memorables que hayamos jugado jamás.
Eso sí, los enemigos básicos podrían haber sido más agresivos. Cuando te encuentras con ellos, se quedan ahí, esperando ordenadamente para atacarte y acabar convertidos en carne cortada por tu katana. Esa facilidad hace que, con el tiempo, acabes sintiéndote prácticamente intocable. Entendemos la decisión, primero por ese aire de película de samuráis que consigue y segundo porque es ideal para pulir tus habilidades defensivas, pero que opusieran algo más de resistencia habría mantenido mejor la tensión.
Capcom sigue afilando Switch 2
La versión de Nintendo Switch 2 sorprende, y mucho. Onimusha: Way of the Sword puede ser perfectamente una de las mejores adaptaciones de Capcom para la consola, luciendo incluso más convincente que Resident Evil Requiem en varios aspectos.
Es el primero de la compañía que, en Switch 2, te permite escoger entre bloquear los fotogramas por sgundo a 30 FPS o usar una tasa desbloqueada. En un título donde los parries y los Issen exigen tanta precisión, la mayor fluidez resulta más apropiada, y por lo que hemos podido comprobar, se mueve en torno a los 40 – 45 FPS con esta opción (ideal para aprovechar el VRR).
Al alternar entre ambos modos, no hemos apreciado diferencias gráficas. Donde sí lo hemos notado es al pasar de TV a Portátil y viceversa. Fuera de la tele, se notan ciertos sacrificios en resolución y texturas, sobre todo con la resolución dinámica que trabaja, pero el resultado sigue siendo convincente.
Capcom aseguraba que la diferencia con PS5 sería mínima, y tras probarlo personalmente en ambas plataformas, no andaban nada desencaminados. Si no tenéis un ojo especialmente entrenado para las comparativas, las diferencias resultan bastante menores de lo esperado, aunque el pelo lo delata todo.
Por otra parte, la versión de Switch 2 incluye control por movimiento al estilo Wii, con gestos para los tajos y giroscopio para apuntar con el arco. El problema es que solo funciona activando todo el esquema de movimiento: si jugáis con controles tradicionales, no podéis usar el giroscopio solo para el arco. Y la verdad es que no le vendría mal un parche para cambiar eso.
El mejor acero de Capcom
Como un Sekiro más accesible y cinematográfico, Onimusha: Way of the Sword es un derroche de personalidad y buen hacer en lo que de verdad importa. Tiene un sistema de combate exquisito, jefes memorables, un protagonista que engancha y una ambientación que rezuma amor por el cine de samuráis. Además, la adaptación a Switch 2 es sobresaliente.
Sin embargo, aunque las piezas son buenas, no todas encajan del todo bien. Las misiones secundarias piden más variedad y se echan en falta más puzles y contenido fuera del combate. Pero, cuando Musashi deja que hable la katana, todo lo demás calla.
Sobresaliente, irregular y adictivo. Si os gustan los juegos de acción con profundidad y no os importa aprender a base de acero y paciencia, podéis estar ante una de las sorpresas más gratas del catálogo de Switch 2. Algunos puede que lo vivan como una película, otros, como un duelo. En ambos casos, merece la pena.
Resumen del análisis de Onimusha: Way of the Sword para Nintendo Switch 2
La entrada Análisis de Onimusha: Way of the Sword para Nintendo Switch 2 se publicó primero en Nintendúo.
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