Noticia Aprovecha el NFC del móvil más allá de pagar con él

Qué es y cómo aprovechar NFC


En las próximas líneas vas a ver qué es exactamente el NFC, cómo funciona y todos los usos prácticos que puedes darle hoy en día en tu móvil, en otros dispositivos y en tu día a día. Verás también las diferencias con otras tecnologías inalámbricas, cómo activarlo en Android y iPhone, qué riesgos de seguridad tiene realmente y cómo blindarte para usarlo con tranquilidad.

¿Qué es el NFC y cómo funciona?​


Las siglas NFC vienen de Near Field Communication o Comunicación de Campo Cercano. El nombre ya da una buena pista: es una tecnología inalámbrica de corto alcance que permite que dos dispositivos intercambien datos simplemente acercándolos unos centímetros, sin cables y sin necesidad de emparejamientos complicados.

El NFC deriva directamente de la tecnología RFID (identificación por radiofrecuencia), la misma que se usa en muchos abonos de transporte, tarjetas de acceso a edificios o sistemas de alarma de tiendas. Sobre esa base se diseñó un estándar pensado para dispositivos inteligentes, sobre todo móviles, aprobado en 2003 y que opera en la banda de los 13,56 MHz.

Cuando acercas dos dispositivos compatibles, se crea un campo electromagnético por inducción entre ambos. A través de ese campo se produce el intercambio de información, con una tasa de transferencia que puede llegar a los 424 Kbps. No es una velocidad alta si la comparas con Wi‑Fi o incluso con Bluetooth, por eso se usa sobre todo para identificación, validación y tareas rápidas más que para enviar grandes archivos.

Una de las ventajas clave es que la conexión se establece prácticamente al instante y sin emparejamiento manual. No tienes que buscar dispositivos ni introducir códigos PIN: acercas móvil y terminal, y en cuestión de uno o dos segundos se completa la operación, por ejemplo un pago contactless.

Alcance limitado de los NFC​


El alcance es muy limitado: hablamos de unos 10 – 15 centímetros como máximo. Esto, que puede parecer una pega para comunicaciones a distancia, es precisamente uno de sus puntos fuertes en seguridad, porque obliga a un gesto deliberado de acercar los dispositivos para que pase algo, y complica mucho la manipulación remota.

La tecnología NFC puede trabajar en dos modos principales de funcionamiento que conviene tener claros:

  • Modo activo: los dos dispositivos generan su propio campo electromagnético. Es el caso típico de dos móviles intercambiando datos o un móvil acercándose a un TPV que también tiene alimentación.
  • Modo pasivo: solo uno de los dispositivos genera el campo, y el otro se alimenta de él para poder comunicarse. Es lo que ocurre con una tarjeta contactless o una etiqueta NFC sin batería cuando la acercas al lector.

Como toda comunicación por radiofrecuencia, existe la posibilidad de que alguien intente leer lo que se transmite. El hecho de que requiera tanta cercanía reduce mucho el riesgo, pero si acercas el móvil o una tarjeta a un lector manipulado es técnicamente posible clonar datos o intentar usos fraudulentos. Más adelante verás cómo minimizar estos riesgos.

Diferencias entre NFC y Bluetooth​


Es habitual confundir NFC con Bluetooth porque ambas son tecnologías inalámbricas, pero se diseñaron con objetivos diferentes y se comportan de forma muy distinta en la práctica.

El NFC está pensado para tareas instantáneas a muy corta distancia y con un consumo mínimo. No necesitas emparejar nada ni mantener la conexión en el tiempo: acercas, haces la operación y te olvidas.

Bluetooth, en cambio, está orientado a conexiones continuas a mayor distancia (varios metros sin problemas) y a un intercambio de datos más sostenido, por ejemplo para enviar música de forma constante a unos auriculares o para conectar mandos inalámbricos. Requiere un emparejamiento previo y consume más batería.

En muchos casos, lo ideal es usar NFC como “disparador” y Bluetooth como canal de datos. Por ejemplo, algunos altavoces y auriculares permiten que, al acercar el móvil (NFC), se complete automáticamente el emparejamiento Bluetooth sin que tengas que buscar el dispositivo manualmente.

Usos del NFC en el móvil y en el día a día​


como aprovechar mejor la tecnología NFC de tu móvil


Una vez entendido lo básico, vamos a lo que realmente interesa: para qué sirve el NFC en pleno 2026 y qué puedes hacer con él tanto en el móvil como en otros dispositivos de casa o del trabajo.

Pagos móviles y tarjetas contactless​


El uso estrella, el que ha popularizado el NFC entre el gran público, es el pago sin contacto con el móvil, el reloj o la tarjeta. Prácticamente cualquier TPV moderno admite ya pagos contactless con tarjetas con chip EMV, smartphones y wearables.

En este escenario, el terminal de pago actúa como lector NFC y tú acercas el dispositivo que hace de tarjeta: puede ser el móvil con Google Pay, Apple Pay o la app de tu banco, un smartwatch compatible o la propia tarjeta física. En unos cinco centímetros o menos se establece la comunicación y se envían los datos necesarios para autorizar la transacción.

También puedes usar NFC para sacar dinero del cajero sin introducir la tarjeta. Solo tienes que seleccionar en tu móvil la tarjeta asociada a ese banco (desde Google Pay, Apple Pay u otra app), acercarlo al lector contactless del cajero y, a partir de ahí, seguir los pasos de siempre (PIN, importe, etc.). Es como si hubieras metido la tarjeta, pero usando el teléfono.

En un entorno profesional, la tecnología NFC de pagos móviles es especialmente útil para negocios físicos, tiendas pop-up, restauración, taxis o servicios a domicilio. Con un simple lector NFC o incluso con un iPhone o Android que soporte pagos, se pueden aceptar tarjetas y e‑wallets sin TPV tradicional, reduciendo costes y agilizando el cobro.

Abonos de transporte e identificación​


Otro ámbito en el que el NFC está totalmente integrado es el del transporte público y el control de accesos. Muchos abonos y tarjetas de transporte llevan un chip NFC que se valida acercándolo al torno o a la máquina lectora, y cada vez más ciudades permiten usar directamente el móvil como abono.

En estos casos, tu smartphone se convierte en una tarjeta de transporte virtual. Basta con abrir la app correspondiente (si el sistema lo exige), acercar el móvil al lector del metro, bus o tren y esperar al pitido de validación. Es un ejemplo claro de cómo el NFC sustituye plásticos físicos y simplifica la experiencia.

Lo mismo ocurre con tarjetas de acceso a edificios, oficinas o parkings. Si el sistema de control está basado en NFC, es perfectamente posible que, en lugar de una tarjeta dedicada, llegues a usar el móvil como credencial, o que combines ambos sistemas según te convenga.

Intercambio de datos y sincronización de dispositivos​


Aunque no es su uso más extendido, el NFC también permite compartir pequeños datos entre dispositivos cercanos: contactos, enlaces, información de eventos o incluso archivos, si la implementación del fabricante lo soporta.

En algunos Android, era posible usar funciones de tipo Android Beam para enviar archivos acercando simplemente los móviles. El proceso consistía en abrir el archivo, juntar los dos teléfonos por la parte trasera, esperar a la vibración o sonido de confirmación y autorizar la transferencia. Hoy esa función clásica ha dado paso a sistemas como Nearby Share (o su evolución), pero la filosofía de usar el acercamiento como gesto de inicio sigue vigente.

En el ecosistema Apple, el NFC está mucho más restringido, de modo que para compartir archivos entre iPhone, iPad y Mac lo habitual es usar AirDrop, que internamente combina Bluetooth y Wi‑Fi Direct pero no depende del NFC del dispositivo.

Donde sí brilla el NFC es en la sincronización instantánea de accesorios. Muchos altavoces, barras de sonido, auriculares o cámaras permiten emparejarse con el móvil con solo acercarlo, ahorrándote la búsqueda manual del dispositivo por Bluetooth y eliminando bastante fricción en la configuración inicial.

Automatización con etiquetas NFC​


Una faceta menos conocida, pero muy potente, es la posibilidad de automatizar tareas usando etiquetas NFC programables. Estas etiquetas son pequeños chips, a menudo en forma de pegatina o llavero, que puedes configurar con determinadas acciones.

Por ejemplo, puedes escribir en una etiqueta la configuración de tu Wi‑Fi para que cualquier invitado se conecte acercando el móvil, sin tener que dictarle una contraseña interminable. En Android se puede hacer fácilmente con apps como NFC Tools, donde introduces el SSID y la clave, grabas la etiqueta y la pegas cerca del router.

También puedes usar etiquetas NFC para cambiar ajustes del móvil de forma automática: una en la mesilla de noche que ponga el teléfono en modo silencio y active el modo noche, otra en el coche para activar el Bluetooth y la navegación, o una en la oficina que active el modo vibración y conecte a la Wi‑Fi del trabajo. Solo hay que acercar el dispositivo y la acción se ejecuta sin que tengas que tocar nada más.

Abrir puertas, coches y garajes​


La idea de usar el móvil como llave ya es una realidad en muchos entornos. Gracias al NFC, es posible abrir la puerta de casa, el portal, el garaje o incluso el coche si cuentas con el hardware adecuado.

En el caso del automóvil, fabricantes como BMW, Audi, Mercedes-Benz o Hyundai ya permiten, en determinados modelos, usar el smartphone como llave digital, tanto en Android (desde versiones recientes como Android 12) como en iPhone. El concesionario configura tu vehículo y asocia tu móvil para que puedas abrir y arrancar acercándolo a las zonas habilitadas.

Algo similar ocurre con las cerraduras inteligentes y motores de garaje compatibles con NFC. Puedes instalar un dispositivo que actúa de lector en la puerta o en el cuadro de mandos del garaje, programarlo con un código de acceso, y luego usar el smartphone (o una tarjeta NFC) para abrir solo con acercarlo. Además, muchos de estos sistemas permiten gestionar permisos temporales o permanentes para familiares, amigos o empleados.

Acceso rápido a información y marketing​


Al igual que los códigos QR, el NFC se utiliza cada vez más para mostrar información adicional al acercar el móvil. En museos, ferias, carteles publicitarios, etiquetas de productos o stands, se pueden colocar etiquetas NFC que contienen enlaces, descripciones, vídeos o formularios.

En un comercio, por ejemplo, puedes tener un cartel con una etiqueta NFC que lleve directamente al usuario a una página de producto, a una promoción o a la ficha de un servicio. El usuario solo tiene que acercar el teléfono, sin abrir la cámara ni escanear nada, lo que hace el proceso muy cómodo y casi “mágico”.

Otros usos curiosos a nivel doméstico​


Aunque todavía no es algo masivo, el NFC se está empezando a usar también para cargar pequeños dispositivos de muy bajo consumo, como algunas pulseras inteligentes. La carga es muy lenta, por lo que no es viable para móviles o tablets, pero deja la puerta abierta a accesorios diminutos que se alimenten directamente del campo NFC.

En la industria, esta misma tecnología se aprovecha para gestionar inventarios, seguimiento de activos y logística, ya que cada etiqueta NFC puede almacenar información relevante sobre un producto o lote, y actualizarse a medida que va avanzando en la cadena.

NFC en relojes y otros dispositivos​


aprovechar las bondades del NFC que no sabías


Más allá del móvil, el NFC se ha colado en todo tipo de gadgets. Un buen ejemplo son los smartwatches con NFC, que funcionan como cartera en la muñeca. Modelos como Apple Watch, Samsung Galaxy Watch o Fitbit Versa permiten pagar acercando el reloj al terminal de cobro usando Apple Pay, Samsung Pay o Fitbit Pay.

La experiencia es muy cómoda: no necesitas sacar el móvil ni la cartera, basta con desbloquear el reloj si hace falta, acercarlo al TPV y esperar el pitido de confirmación. En situaciones como hacer deporte, llevar bolsas o ir en transporte público, este tipo de pagos son especialmente prácticos.

Además, algunos wearables y accesorios aprovechan el NFC para facilitar el emparejamiento con auriculares, altavoces o incluso otros relojes. El gesto de acercar y que todo se configure solo encaja muy bien con este tipo de dispositivos pequeños, donde navegar por menús complicados resulta pesado.

También hay tablets y portátiles que integran NFC o lo añaden mediante lectores externos. En estos casos se suele usar para leer tarjetas, etiquetas o para permitir pagos o accesos desde el propio equipo, conectando por USB o Bluetooth un pequeño lector NFC.

Cómo activar y usar NFC en tu móvil​


La forma de activar el NFC depende del sistema operativo y del fabricante, pero en general es un proceso sencillo. Lo importante es saber si tu móvil lo tiene y dónde se enciende o se apaga.

Activar NFC en Android​


En la gran mayoría de móviles Android actuales de gama media y alta, el chip NFC viene integrado. Solo los modelos más antiguos o muy básicos suelen prescindir de él para ahorrar costes.

Para comprobarlo, lo habitual es ir a Ajustes y buscar en el apartado de conexiones. Según la capa de personalización, los pasos suelen ser algo como:

  • Entrar en “Dispositivos conectados” o “Conexiones”.
  • Abrir “Preferencias de conexión”, “Más conexiones” o similar.
  • Buscar el menú de NFC o Pagos NFC / Pagos contactless y activar el interruptor.

También es frecuente encontrar un icono de NFC en la cortina de ajustes rápidos, desde donde puedes activarlo o desactivarlo sin entrar en menús. Algunos fabricantes lo dejan siempre activo por defecto, precisamente porque su consumo es muy bajo.

Dentro de ese menú de NFC suele haber un apartado de “Pagos contactless” para elegir qué app se usará por defecto a la hora de pagar (Google Pay, app del banco, etc.). Ahí puedes cambiar la aplicación principal si trabajas con varias.

Si aún así tienes dudas de si tu teléfono es compatible, existen apps como NFC Check que, al abrirlas, te indican automáticamente si el dispositivo tiene NFC y si está encendido.

Activar NFC en iPhone​


En el caso de Apple, la situación es distinta. Todos los iPhone desde el iPhone 6 incorporan NFC, pero iOS no permite al usuario activarlo o desactivarlo manualmente para casi nada.

Apple gestiona el chip de forma automática y muy restringida: básicamente lo usa para Apple Pay y, en modelos más recientes, para algunas lecturas de etiquetas o funciones específicas, pero no vas a encontrar en Ajustes un botón de “NFC” como en Android.

Eso significa que, mientras tengas configurado Apple Pay y un modelo compatible, el NFC se activará cuando lo requiera el sistema o la app, sin que tengas que preocuparte de encender nada. Para el resto de usos más “frikis” (automatización avanzada, etc.), el control sigue siendo bastante limitado comparado con Android.

Seguridad y ataques relacionados con NFC​


Una de las grandes preguntas que surgen cuando se habla de pagar con el móvil o con el reloj es si NFC es realmente seguro y qué pasa si alguien intenta aprovecharse de esta tecnología para robar datos o dinero.

De base, el NFC tiene dos caras: por un lado, no requiere autenticación en la propia capa de radio (si dos dispositivos están en rango y uno actúa como lector, puede iniciar una comunicación); por otro, su alcance ridículo obliga a que haya un acercamiento físico muy claro.

La ausencia de autenticación a nivel de protocolo podría permitir situaciones en las que un lector malicioso se acerque lo suficiente a tu móvil o tarjeta y lea información o intente iniciar una operación. En teoría, podría usarse para todo tipo de ataques, desde clonación hasta activación de malware, si el dispositivo está comprometido.

En la práctica, los fabricantes y los bancos han puesto varias capas por encima para reducir drásticamente estos riesgos. Para los móviles es necesario que el terminal esté desbloqueado para realizar pagos, y muchas veces hace falta autenticarte con PIN, huella o reconocimiento facial antes de que el NFC se active para cobros.

¿Cómo funcionan las Apps de pago?​


Las apps de pago más conocidas (Google Pay, Apple Pay, Samsung Pay, etc.) usan sistemas de tokenización, que consisten en sustituir los datos reales de tu tarjeta por identificadores únicos para cada dispositivo o incluso para cada transacción:

  • En Apple Pay, los datos de tu tarjeta se cifran y envían a los servidores de Apple, que a su vez los reenvían cifrados a la entidad de pago. Esta genera un número de cuenta único (token) asociado a tu tarjeta, que se almacena cifrado en un área segura del iPhone o el Apple Watch. Cuando pagas, lo que viaja es ese token, no tu número real de tarjeta.
  • En Google Pay y sistemas similares se aplica una lógica parecida de números de tarjeta virtuales, a veces apoyada en tecnologías como Host Card Emulation (HCE), donde parte de la gestión se hace en la nube con fuertes algoritmos de cifrado.

Esto implica que ni el comercio ni el TPV ven tu número de tarjeta real, y que un atacante que “escuchase” la comunicación obtendría un dato inútil fuera de contexto.

Aun así, como cualquier tecnología inalámbrica, existen ataques teóricos y prácticos sobre NFC: desde lectores ocultos en lugares concurridos, hasta dispositivos infectados con malware que intentan activar operaciones al acercarse a otros. Su incidencia real es muy baja comparada con otros ataques, pero es bueno tenerlos en mente.

Riesgos al usar NF​


Para minimizar riesgos al usar NFC en tu móvil puedes seguir algunas recomendaciones sencillas:

  • Configura que solo funcione con la pantalla desbloqueada, de manera que un lector no pueda iniciar nada mientras el móvil está en el bolsillo bloqueado.
  • Activa el NFC solo cuando lo necesites, al menos en entornos poco confiables o si eres especialmente cuidadoso. En Android se puede hacer desde los ajustes rápidos.
  • Instala solo apps de pago y de NFC de fuentes oficiales (Google Play, App Store) y evita aplicaciones sospechosas que pidan permisos excesivos.
  • Mantén el sistema operativo y las apps actualizados, ya que muchos parches de seguridad corrigen vulnerabilidades relacionadas con comunicaciones inalámbricas.
  • Pasa un antivirus o herramienta de seguridad de vez en cuando en tu Android para descartar malware que pueda intentar abusar del NFC.

Si quieres rizar el rizo, puedes usar fundas o carteras con protección RFID/NFC para las tarjetas físicas, de modo que no respondan a lectores no deseados, y desactivar la opción de pagos contactless en las tarjetas si tu banco lo permite y no la necesitas.

Ventajas clave de usar NFC​


Vistas todas sus aplicaciones, se entiende por qué el NFC está tan extendido. Sus principales ventajas, tanto para usuarios como para negocios, se pueden resumir en varios puntos:

Comodidad: pagos rápidos, accesos sin sacar tarjetas, conexión inmediata a dispositivos y Wi‑Fi, automatizaciones con un toque… todo esto reduce pasos y ahorra tiempo en gestos que repetimos cada día.

Menos fricción en la experiencia de compra: al pagar con móvil o reloj, los clientes evitan introducir la tarjeta en el TPV y teclear el PIN en muchas operaciones, lo que agiliza colas y mejora la satisfacción en tiendas, restaurantes o servicios.

Seguridad reforzada en pagos digitales: la tokenización, el cifrado, la exigencia de desbloquear el dispositivo y las capas de autenticación biométrica hacen que los pagos con NFC sean, a efectos prácticos, más seguros que la banda magnética y muy competitivos frente al chip EMV tradicional.

Popularidad y adopción creciente: en Europa, los pagos contactless ya son norma en multitud de países, y el efectivo va perdiendo peso. Aceptar NFC supone estar alineado con cómo la mayoría de la gente quiere pagar ahora mismo.

Costes contenidos para los negocios: aceptar pagos NFC no suele encarecer las comisiones respecto a las tarjetas clásicas, y en muchos casos ni siquiera hace falta un TPV físico voluminoso, basta con un móvil con la app adecuada.

Si aprovechas bien el NFC en el móvil, en relojes o en otros dispositivos, puedes convertir un simple chip “olvidado” en un aliado clave para pagar, identificarte, automatizar tareas y conectar tu entorno con un gesto tan simple como acercar el teléfono unos centímetros. Comparte esta información y otros usuarios sabrán del tema.

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