Noticia Balatro estuvo bien, pero no tener honor alguno y estafar a todo francés con el que me cruzaba en Card Shark ha sido una delicia

Balatro estuvo bien, pero no tener honor alguno y estafar a todo francés con el que me cruzaba en Card Shark ha sido una delicia


Recuerdo jugar a las cartas desde que tengo memoria. Sujetar la baraja, mover cada una de las cartas y planear el siguiente movimiento ha formado parte de mi vida a lo largo de los años. Ya sea en la infancia con mi abuela, con mis amigos en la playa o matando el tiempo en el colegio mayor de la universidad, me han proporcionado algunos de los momentos más divertidos que recuerdo.


El Culo, el Cuadrado, el Cinquillo, la Escoba... podría enumerar infinidad de formatos que he probado con la clásica Fournier entre manos, pero también he disfrutado con la francesa. El póker ha estado menos presente entre mis vivencias, aunque le debo a Red Dead Redemption enseñarme los conceptos básicos para ganar fichas. De hecho, gracias a ello he podido meterme entre pecho y espalda la maravilla que es Balatro.


Más allá de cualquier carta que pasase por mis manos, siempre me he regido por el principio de que las trampas no me gustan. Puedo aceptarlas y ser pícaro con ellas en alguna ocasión, pero por lo general prescindo de cualquier ayuda. La derrota se asume con honor, una característica que no posee prácticamente ningún personaje de Card Shark. En VidaExtra pudimos analizarlo en 2021, gracias al bueno de Rubén Márquez, y lo coloqué entre mi lista de prioridades debido a los elogios que le regaló.

Aquí hemos venido a jugar​


Dado que pasar por caja innecesariamente no está entre mis aficiones, la Epic Games Store dispuso el tablero al regalar la obra apadrinada por Devolver Digital. Y, una vez más, la editora no se ha equivocado al poner el ojo en un proyecto fabuloso que le da la vuelta por completo a los videojuegos de cartas. Eso sí, aunque no hubiese ni un solo naipe en toda la partida, me podría quedar embobado con el espectacular apartado artístico.


Retratar a la cima de la sociedad francesa del siglo XVIII es jugar en modo fácil, pues la estética de la época ya era un gran placer visual, pero transformarlo todo a una suerte de óleo sobre lienzo lo eleva todavía más. Es una delicia disfrutar de los movimientos de los personajes, casi en stop-motion, junto a fondos y detalles trabajados con una exquisitez fantástica.


Sin embargo, en Card Shark llegué para jugar y, aunque sabía que era un juego de cartas atípico, no esperaba encontrarme con semejante vuelta de tuerca. Son 28 trucos a aprender de la mano del poco fiable Comte de Saint-Germain, el mentor de cada una de las barrabasadas que he perpetrado en los antros y palacios más variopintos del imperio francés.


Y dado que todo consiste en ser lo más pícaros posibles, es fabuloso que se desprenda un sentido del humor bañado en un engaño constante. Podría prescindir de ella, pero lo cierto es que la trama del título realmente engancha porque involucra a la corona de Luis XV y su descendencia. El argumento tiene las suficientes ramificaciones como para poder descubrir personajes particulares como Theodore von Neuhoff o el Mago. Este último resulta el más misterioso, pues el líder de una población gitana que no pide dinero, aunque sabe en qué parte tocarte la moral para que aflojes la pasta ganada.

Card Shark


Todo sea por la contribución para la causa revolucionaria, o al menos eso es lo que deja caer sin que me haya podido fiar demasiado a lo largo de toda la aventura. En cualquier caso, la brillantez de Card Shark reside en trucos de manos y puestas en escena que son perfectamente creíbles. Por supuesto que hay que rendirse a cierto grado de credulidad, pero ello no significa que las tretas no se pudiesen aplicar en contextos reales.


Es más, seguro que hay inspiración directa en auténticos genios del engaño, pues las trampas bailan entre una simpleza inusitada y las rebuscadas con artificio. Disimular que sirvo una copa de vino para intercambiar barajas trucadas o recurrir a un objeto brillante para ver las cartas repartidas son genialidades, las cuales hay que memorizar al dedillo. Lejos de ser sencillo, el proyecto de Nerial se complica con cada avance.

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En Vida Extra
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¿Truco o trato?​


El Comte se las sabe todas, así que comenzando por lo más básico va enrevesando cada sistema hasta convertirlo en un pequeño rompecabezas. Para añadir tensión, hay que hacerlo todo el proceso en un santiamén para no alertar al oponente, lo cual me ha puesto en más de un aprieto. Y es que llevo mal, pero que muy mal los trucos que requieren barajar cartas y colocarlas en un orden específico, pues termino fallando casi siempre.


En estos casos he actuado por pura repetición y confiando en cierta suerte que no siempre ha estado a mi lado, lo cual ha terminado conmigo en la cárcel o en el infierno. De hecho, perder el dinero o la vida muestran dos instantes más de fantasía que le sientan genial a Card Shark. Es divertidísimo enfrentarse en una partida contra la mismísima muerte o luchar a base de estocadas contra los guardias de la prisión para huir.


Y es que no se centra constantemente en las cartas el videojuego, pues también hay espacio para ciertos ingenios con las manos, como lanzar cartas o acertar qué lado de la moneda queremos que salga. El torrente de creatividad para hacer trampas es incluso superior a la habilidad que demuestra cualquier maestro del póker, ya que requiere dominar disciplinas sociales, manuales y embaucadoras. Viajar por toda Francia desplumando a lo más selecto de la élite de la época es un placer bajo estas circunstancias.

Card Shark


Los pueblecitos, las mansiones remotas, y los lujosos salones diseñados se han convertido en mi oficina de trabajo, todo rematado en un cierre muy poderoso. Aún cuando Card Shark puso en mi mano la posibilidad de decidir el futuro de los personajes, fallé estrepitosamente porque el truco final me resultaba extremadamente complicado. Lejos de aparecer una pantalla de Game Over, el estudio contempló la opción y obtuve un final que no fue del todo satisfactorio.


Con todo, puede ser el mejor resumen de lo que sucede si juegas con trampas. Alguna vez puede ser una opción, pero a la larga consiste en jugar con fuego y te terminarás quemando. Eso sí, a cualquier incauto le colaré una recomendación inesperada de uno de los mejores indies que he probado en mucho tiempo.


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La noticia Balatro estuvo bien, pero no tener honor alguno y estafar a todo francés con el que me cruzaba en Card Shark ha sido una delicia fue publicada originalmente en Vida Extra por Juan Sanmartín .

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