Aunque la tendencia de estos últimos años de los juegos cozy pueda hacernos creer lo contrario, es imposible no ver cómo los videojuegos han alcanzado un punto de optimización del bucle jugable, las recompensas y las dosis medidas de endorfinas que otorgan sus tareas, hasta el punto de convertir algo que a priori debería de ser muy orgánico y personal como es la diversión, en algo mecánico. Por eso es tan refrescante encontrarse con algo diametralmente opuesto como es Tomodachi Life: Una vida de ensueño.
El nuevo título de Nintendo, tercera entrega en la saga, siempre ha sido un rara avis dentro del mundo del videojuego, incluso para una Gran N que acostumbra a experimentar con cierta asiduidad. La idea es reunir a un grupo de avatares Mii en una isla, darles unas características iniciales y ser testigo de su convivencia. Seremos un actor más, uno con ciertos poderes a la hora de dirigir la obra, pero siempre reactivo a lo que vaya poniendo Tomodachi Life sobre la mesa.
La anterior entrega fue un éxito total, con 6.72 millones de copias vendidas según cifras oficiales liberadas hace justo un año, siendo cientos de miles de ellas procedentes de suelo español. Aunque han pasado más de diez años desde la anterior entrega, Nintendo confía en este título para alquitranar la espera hacia ese esperadísimo Direct de verano donde podríamos ver el nuevo Fire Emblem, esperar noticias de franquicias como Mario o Zelda, o incluso el ya anunciado Splatoon Riders.
Una oda al slow-gaming
En VidaExtra ya hemos estado jugando durante los últimos días a Tomodachi Life: Una vida de ensueño, y os puedo confirmar que el último life-sim de Nintendo es justo la respuesta a esa hiperoptimización de la diversión del videojuego, una experiencia relajante que crece con el tiempo y que es tan interesante como creciente sea tu compromiso con tu isla.
Es muy posible que tengas ciertos prejuicios, especialmente en un momento en el que venimos de comprobar cómo se medía al peso tanto la duración de Resident Evil Requiem, como la enorme cantidad de mecánicas de Crimson Desert. Aunque potencialmente el tiempo de juego de Tomodachi Life es infinito, este no se mide por kilómetros cuadrados de mapa, ni por el enfermizo detalle de las texturas de un hospital; a decir verdad eres tú como jugador quien vectoriza las posibilidades del título.
Un ejemplo muy claro de esto es la enorme personalización que podemos llevar a cabo de los Mii, pero no sólo a nivel visual (que también, ojo). Me refiero a las posibilidades que tenemos en términos de añadirles muletillas, animaciones o preferencias. Ahí, y en el compromiso que tiene Tomodachi Life con la comedia, evidenciado con cosas publicitadas en el Direct propio que tuvo el juego como son los sueños de los Mii, está la verdadera salsa de esta propuesta.
Las cartas sobre la mesa, yo mismo me considero tremendamente nulo a la hora de diseñar, crear y ordenar. Eso sí, aunque no vaya a sacarle todo el rendimiento a ese edificio vital para en transcurso de la partida que no es otro es el que te permite crear tus propios diseños, es evidente que quienes tengan una especial querencia creativa le sacarán mucho más jugo Una vida de ensueño.
A decir verdad, jugando a Tomodachi Life: Una vida de ensueño no podía dejar de pensar en Dwarf Fortress, en cómo la narrativa emergente que va surgiendo retroalimenta las ganas de jugar, y en especial el lore que se va creando a lo largo de las horas. Tal es la importancia de eso en el life-sim de los hermanos Adams que incluso llegaron a lanzar el modo Leyendas para simplemente leer qué está pasando en el mundo mientras es simulador.
Vale, aquí no estamos hablando de dragones con espadas mágicas que gobiernan un pueblo de enanos, pero sí de cómo tu vecino es fan de los huevos fritos y acaba de empezar a cogerte tirria de la noche a la mañana. Y cuando esas cosas pasan, convierten el título en uno de los mayores engendradores de running-gags y comedia que nunca he visto en el mundo del videojuego.
En Vida Extra
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Ya habrá tiempo de discutir en el texto final sobre el juego cómo afectan los cambios añadidos a esta entrega de la saga, o cuestiones como lo bien que le viene jugar a diario durante 15-20 minutos frente a las sesiones de largas horas. Sin embargo, esta preview me gustaría que sirviera para que quienes entornaban los ojos durante su presentación hace un par de semanas, entiendan el objetivo de Tomodachi Life: Una vida de ensueño y cómo te recompensa si sabes qué y como buscar.
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La noticia Deja atrás tus prejuicios porque con pocos juegos de Nintendo Switch te vas a reír tanto como con Tomodachi Life: Una vida de ensueño fue publicada originalmente en Vida Extra por José Ángel Mateo .
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