Que la propagación de vídeos de Quarantine Zone: The Last Check haya sido total en las redes no debería sorprender. La producción de Brigada Games tiene el formato perfecto para que el formato vertical lo impulse en TikTok, Instagram o YouTube sin complicaciones y desde luego que en la desarrolladora lo han sabido desde el principio. Esa integración con Twitch es un síntoma más de que la viralidad se cocinaba en su interior, lo cual le puede funcionar al Baity Bait de turno, pero no a mí.
No disponer de cientos de miles de seguidores, o al menos de un buen puñado disfrutando de un hipotético directo mío, complica enormemente la experiencia en Quarantine Zone: The Last Check. La dinámica en el puesto fronterizo durante un brote de zombis es muy sencilla: aparece un superviviente por la puerta, le revisas hasta el colon si hace falta para comprobar si está infectado y decides si acogerlo, mandarlo a la picadora de carne o recluirlo durante una buena cuarentena. Básicamente, un simulador del 2020, salvo por la ración de munición.
Más herramientas que una ferretería
Ya sea en el modo Campaña o en el modo Infinito, el método de trabajo nos obligará a dominar una serie de instrumentos, tales como un martillo, un termopulsómetro, un escáner o un fonendoscopio. Todos ellos nos permitirán confirmar o descartar síntomas para discriminar a la población, con la jugosa recompensa de recibir puntos extra de investigación y dinero si acertamos en el diagnóstico.
Ambos son necesarios tanto para mejorar el campamento que debemos gestionar de arriba a abajo, pero también para acelerar los procesos a la hora de revelar síntomas. Así pues, es imprescindible que al principio de los 26 días que dura la historia nos tomemos bastante en serio apuntar en una lista todo lo que encontremos en los cuerpos de los NPC. Sin embargo, mientras que hacer más eficientes las herramientas y realizar una mejora general siempre es bienvenido, la desidia termina por sobresalir.
¿Recordáis cuando Astérix y Obélix terminaban completamente chalados en el edificio repleto de funcionarios? Todos empatizamos con los héroes, pero nadie reparó en por qué los trabajadores romanos tenían una actitud tan repleta de desidia. La burocracia les atrapó hasta el punto de que pasar la pelota de la responsabilidad de tejado en tejado se convirtió en toda una comodidad a la que no iban a renunciar tan fácilmente.
Ese mismo síndrome es el que empezó a afectar a las dos semanas de seguir viviendo en semejante caos apocalíptico, con la única tarea de revisar órganos, inspeccionar globos oculares, mandar a gente a recibir una bala en la cabeza, activar rayos UV y preocuparme por averiguar si los que están en cuarentena son un peligro o no. Es insostenible jugar Quarantine Zone: The Last Check sin el apoyo de una comunidad, completamente en solitario, pues la experiencia de Brigada Games no te alimenta tanto por sí solo.
Más allá de cruzarte algún que otro streamer infiltrado y misiones secundarias que te hacen estar un poco más alerta, hay poco que rascar en cuanto ya has desbloqueado todos los patrones de síntomas. La rutina se instala durante las partidas y reconozco que me he subido a lo alto de una torre antes de comenzar la jornada para resoplar al comprobar que tenía que ver a 15 supervivientes. El tiempo que hay que invertir en cada uno de ellos termina por ser pesado, sin un estímulo a mayores, a diferencia de lo que sucedería con la integración de Twitch.
Que los espectadores puedan crear sus propios infectados me parece fantástico y es una forma genial de que la comunidad se implique con el streamer. Había ocasiones en las que sentía que necesitaba comentar con alguien y no era posible, pero es que tampoco recibía ninguna novedad a la hora de gestionar la base.
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¿Dónde está el reto?
No solo de infectados vive un inspector como yo, sino que toca hacerse cargo de un campamento con zonas claramente diferenciadas. Las carpas donde están los supervivientes esperando a ser entregados al ejército, el puesto de vigilancia, el de control, el comedor, la enfermería o el laboratorio son enclaves a tener en cuenta. Cada uno de ellos consume una cantidad de electricidad, la cual es limitada, por lo cual es imperativo comprar mejoras con el dinero que recibimos.
A pesar de que imaginaba que iba a tener algún tipo de complicación, es imposible meter la pata organizando la base. Nunca te verás en los suficientes aprietos como para tener que decidir a dónde destinar los recursos, ya que siempre te sobrarán. De este modo, la relevancia de la gestión disminuye hasta ser nula y sin un beneficio absolutamente vital para el resto de la partida. Eso sí, lo que realmente agradezco es el cable que me echaron los soldados que coloqué en la parte de atrás del refugio.
De vez en cuando, como si de Guerra Mundial Z se tratase, una buena oleada de muertos vivientes intentarán atacar la posición del campamento y tocará defenderlo. A través de un dron armado podemos rematarlos a todos utilizando varias armas y ataques aéreos, pero no deja de ser una forma de variar un gameplay que, como digo, se estanca a mitad de la partida.
¿Es posible cometer un error? Realmente sí, pero el coste a pagar tan solo duele si eres un reincidente constante, lo cual es dificilísimo si te comportas como un revisor competente. En el día 26 de Quarantine Zone: The Last Check decidí que me lo tomaba prácticamente libre y no anoté ninguno de los síntomas que iba detectando. En cuanto notaba uno solo que apuntase a infección, ese pobre diablo iba al matadero, lo cual resultó en que mi jornada laboral se acortó enormemente.
No es que esté implorando porque sea un infierno Quarantine Zone: The Last Check, pero subir un poco la vara de la dificultad no le vendría mal. De lo contrario, me veré abocado a intentar hacer carrera en Twitch y el aburrimiento que produzca será peor que cualquier virus mutante.
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La noticia En un vídeo de TikTok Quarantine Zone: The Last Check es increíble, pero si lo juegas de verdad te entra el síndrome del funcionario fue publicada originalmente en Vida Extra por Juan Sanmartín .
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