Los próximos iPhone no van a tener tapa trasera. No vas a poder abrirlos con un destornillador de ferretería ni sacarles la batería como si fueran un Nokia 3310. Y, aun así, Apple podría cumplir con la nueva normativa europea sobre baterías. Para entender cómo, hay que volver a 2023, cuando Europa aprobó una ley.. Y después, volver a este abril de 2026, cuando por fin se ha concretado qué significa exactamente "fácilmente extraíble".
Una ley para que cambiar la batería sea más fácil
En junio de 2023, la Unión Europea aprobó el Reglamento 2023/1542, y dentro había una frase que resume bien la idea: a partir del 18 de febrero de 2027, las baterías de los smartphones tendrán que ser "fácilmente extraíbles y sustituibles por el usuario final". Sin tornillos propietarios, sin pegamento, sin software que bloquee el componente nuevo.
En junio de 2023, la Unión Europea aprobó el Reglamento 2023/1542. A partir del 18 de febrero de 2027, las baterías de los smartphones tendrán que ser "fácilmente extraíbles y sustituibles por el usuario final". Sin herramientas propietarias, ni procesos que impliquen dañar el dispositivo. Esto son tornillos especiales, pegamento difícil de disolver o software que bloquee el componente nuevo.
El texto de la ley ya consolidada se ha publicado este abril de 2026, con toda su letra pequeña para saber cómo afectará al iPhone. Conocido por todos como un dispositivo difícil de reparar, o al menos por nosotros mismos en casa. Y aunque hay programas de autorreparación oficial, por costes y riesgos sigue siendo mucho más lógico acudir a una Apple Store a cambiar la batería. Pero ahora que se sabe más sobre esta exigencia de la Unión Europea, ¿en qué afectaría al iPhone y al resto de smartphones?
- La ley ha prohibido el adhesivo que requiere pistola de calor para despegarlo.
- También ha prohibido el software que detecta una batería no oficial y desactiva funciones.
- Se exigen instrucciones de sustitución obligatorias, en web, accesibles siempre.
- Y la batería deberá poder comprarse como repuesto durante un mínimo de cinco años tras la última unidad vendida del modelo, y a un precio que no fuerce al usuario a comprarse un terminal nuevo en lugar de reparar el suyo.
Sobre el papel, un golpe directo al diseño unibody del iPhone y, en general, a cualquier smartphone de hoy en día. Sin embargo, en la práctica, Apple ya había movido ficha dos años antes de que llegara el golpe de esta ley a mediados de abril.
Apple ha hecho los deberes dos años antes y se salva
Con el iPhone 15, en 2023, Apple anunció casi de pasada que sus baterías ahora aguantaban 1.000 ciclos de carga antes de bajar del 80% de salud de batería. Un salto bastante grande respecto a los 500 ciclos del iPhone 14. En su momento, pareció una simple mejora de una generación a otra. Pero viendo ahora la ley con más detalle, va un poco más allá que ofrecernos una mejor batería.
El reglamento de ecodiseño para smartphones permite una excepción: si la batería mantiene el 80% tras 1.000 ciclos y el dispositivo tiene resistencia al agua IP67, no es obligatoria la extracción por usuario.
Por lo que, salvo sorpresa o revés de la Unión Europea, nada cambiará en el diseño del iPhone. Primero, porque cumple los mil ciclos y la resistencia al agua. Después, porque ya ofrecen opciones de reemplazo para cambiar una batería desde casa.
Lo que esto le cuesta a la gama baja
Aquí es donde la historia se complica para el resto del mercado. Alcanzar los 1.000 ciclos con certificación IP no es gratis. Para un fabricante de teléfonos de 150 euros, implica celdas de batería de mayor calidad, mejor gestión térmica y un proceso de sellado más caro. El incremento en coste de materiales se estima entre 20 y 40 euros por dispositivo. En un móvil de 150 euros, eso es prácticamente el margen entero. Pero Apple no juega en esta gama.
El resultado es una bifurcación del mercado. Los fabricantes de gama alta, con margen para asumir ese coste de ingeniería, seguirán con diseños sellados y certificación IP. De hecho, raro es el fabricante que ya no lo tiene.
Los de gama baja tendrán que elegir: o rediseñan el teléfono con tapa trasera extraíble, perdiendo resistencia al agua y grosor contenido, o asumen un encarecimiento.
Una ley pensada para durar más, no para abrirse
Y aquí está el fondo del asunto. La normativa europea no nació para que pudieras abrir el teléfono en casa como si fuera un móvil de los 2000. Nació para reducir la basura electrónica, alargar la vida útil de los dispositivos y garantizar que las baterías no acaben en un vertedero antes de tiempo. Apple, en ese sentido, cumple el espíritu de la ley: una batería que dura el doble de ciclos es una batería que tarda más en necesitar cambio, y un teléfono que tarda más en necesitar cambio es exactamente lo que la UE quería fomentar.
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Lo que la regulación no consiguió es que el usuario recuperara el control físico sobre su dispositivo. Esa parte, la del derecho a reparar con tus propias manos, se quedó en el camino, o al menos de forma más sencilla. Pero Apple encontró la salida técnica antes de que cerraran la puerta, y los fabricantes que no pudieron hacer lo mismo van a tener que rediseñar sus productos desde cero o asumir que su modelo de negocio ya no encaja en el mercado europeo. El iPhone seguirá siendo un sándwich de cristal sellado. Y será completamente legal.
Imagen portada | JerryRigEverything
Fuente | UE y BOE
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La noticia Europa quiere que en 2027 podamos cambiar la batería fácilmente: así es como afectará a un iPhone cerrado a cal y canto fue publicada originalmente en Applesfera por Guille Lomener .
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