Nos encantan los shadowdrop, especialmente cuando llegan por parte de franquicias tan históricas como God of War. Desde el DLC gratuito de 2023 no teníamos una ración del espartano en vena y pocos territorios quedaban por explorar alrededor de su propia mitología. PlayStation quiso retrotraerse hasta los mismísimos orígenes de Kratos, pero esta vez no debía hacerlo de la forma habitual.
Un metroidvania en 2D ha sido la apuesta para God of War: Sons of Sparta, lo cual se puede calificar incluso como más rupturista que lo que hizo Santa Monica Studio en 2018 con la aventura nórdica. Mega Cat Studios ha sido el estudio encargado de afrontar titánica tarea de mostrarnos los primeros pasos del Fantasma de Esparta y su hermano Deimos, mucho antes de que Ares y los dioses del Olimpo lo arruinasen todo. La auténtica lástima es que esta vistazo no ha valido la pena.
Una nueva historia, una nueva perspectiva
God of War: Sons of Sparta nos traslada hasta la antigua Laconia, una región de las tierras griegas en la que se criaron los dos muchachos que conocemos. Son personajes que todavía no se han moldeado tal y como los vimos juntos en God of War: Ghost of Sparta, por lo que aquí están dando sus primeros pasos aprendiendo a utilizar la lanza y el escudo. Las normas y dogmas que predominan en Esparta se convierten en ley sagrada para ambos y están muy preocupados por demostrar su valía.
Así pues, los dos protagonistas se embarcan en diferentes viajes por un buen puñado de zonas nevadas, ciénagas, forjas ardientes y montañas repletas de peligros de otro mundo. Hay una variedad realmente grande de entornos que podemos explorar combinando plataformas y combates contra enemigos que los fans más acérrimos de la saga recordarán muy bien. Minotauros, cíclopes, medusas y arpías se dan cita para conformar un bestiario que no deja de ser un repaso a todos los seres a los que una vez Kratos partió en dos.
Y esa es una de las mejores señas de identidad de las que puede sacar pecho God of War: Sons of Sparta, pues se nota en cada rincón que en Mega Cat Studios adoran a Kratos. Hay referencias, detalles y guiños por doquier que te hacen sentir dentro del universo que creó Santa Monica Studio hace ya 21 años, intentando aportar su pequeño toque distintivo para la narrativa de la serie. Con todo, la historia no termina de enganchar por su simpleza y su escasísima trascendencia para el pasado de Kratos, a pesar de los reiterados esfuerzos de la desarrolladora para mantener un hilo del que tirar.
Hay que tener en cuenta que la escala de la aventura a la que se enfrentan Deimos y Kratos no puede igualar a las entregas principales, pero desde Mega Cat Studios hacen esfuerzos por conseguirlo. Tenemos peleas contra jefes gigantes, en los cuales siempre está presente el hermano marcado para echarnos un cable, y la presencia de seres semidivinos que nos otorgan mejoras para las diferentes habilidades. Hay suficientes templos por todo el mapa como para aburrir, ya sea el de Niké, Apolo y Dionisio, los cuales se convierten en lugares de peregrinación para conseguir potenciarnos. El problema es que la exploración se resiente muchísimo por un detalle crucial.
Un metroidvania se caracteriza por bloquearnos el paso en un determinado punto por la ausencia de un poder, así que en el momento en el que lo consigamos podremos volver a ese lugar para descubrir qué hay más allá. En God of War: Sons of Sparta sucede lo mismo, con el defecto de que no hay nada que te recuerde qué necesitas usar en una zona en la que ya hayas estado. Por ejemplo, podemos obtener un poder para destrozar muros de piedra, así que lo suyo sería regresar sobre nuestros pasos para romper esos bloques que nos hemos cruzado con anterioridad.
Lo negativo es que el mapa no te indica exactamente a qué sitios debes ir, lo cual termina por desembocar en una pérdida de tiempo. Es posible realizar viajes instantáneos entre templos, pero el viaje rápido (el cual es infinitamente más cómodo), no se desbloquea hasta los últimos compases de la partida. Así que lo último que querrás es dar vueltas por el mapa como pollo sin cabeza, a pesar de que se ha introducido la estupenda mecánica de Prince of Persia: The Lost Crown de poder fotografiar la pantalla y así recordar hacia dónde debemos volver. La "cámara" está limitada a 25 fotografías y a veces se intercambian las posiciones, lo cual es sintomático de una problemática que abordaré más adelante.
Y es una lástima toda esta situación, ya que God of War: Sons of Sparta tiene contenido secundario para aburrir. Hay tareas ligadas a un estupendo glosario relacionadas con aniquilar X cantidad de monstruos, encontrar reliquias o desbloquear pasajes ocultos. Se han puesto encima de la mesa todos los elementos que conforman un buen metroidvania, pero la conexión entre ellos no deja de ser deficiente y anula las ganas de explorar.
En Vida Extra
Lo llaman el Soulslike de cartas, pero con Death Howl me encontré algo más y es lo mismo que atrapa de Mewgenics
Así no, PlayStation
No sé si haber sido un shadowdrop le ha pasado factura, en lo referente a salir al mercado de forma obligatoria a la retransmisión del State of Play, pero God of War: Sons of Sparta está repleto de errores. Ante todo hay que mencionar los fallos garrafales relacionados con todo lo que tiene que ver con el sonido y los subtítulos, pues hay demasiadas ocasiones en las que fallan. El volumen a veces está bajísimo y cuesta escuchar lo que se dice, en otras un diálogo directamente no se reproduce, el subtítulo se muestra con mucha frecuencia en inglés y sucede demasiado que lo que dicen no se corresponde con lo que está escrito.
Una pesadilla absoluta que impide disfrutar de una experiencia agradable durante la historia, pero a nivel técnico hay muchos asuntos que pulir. Los tiempos de carga, considerando que hablamos de un videojuego exclusivo de PS5, son demasiado largos; los enemigos tienden a atascarse al final de su recorrido y su IA es realmente pobre; las caídas de FPS, en los escenarios finales, son el pan de cada día y hasta me he visto obligado a tener que reiniciar el juego al recibir un pantallazo negro. Son situaciones que he experimentado, por no hablar de las que circulan por redes en la misma línea, llegando a bloquear el trofeo Platino o dificultando el avance.
Una serie de piedras en el camino que empaña las buenas intenciones de un sistema de combate que se nutre por un gran abanico de artilugios. Podemos recurrir a diferentes magias, las cuales tienen aplicaciones prácticas a la hora de resolver rompecabezas y atacar a los rivales, así como defendernos con el escudo y asestar golpes con la lanza. Todo ello puede potenciarse con los clásicos orbes rojos y coleccionables, pudiendo incluso intercambiar, forjar y mejorar piezas del equipamiento para obtener diferentes resultados como envenenamiento, congelación o aturdimiento.
A pesar de ello, la curva de dificultad escala de tal forma que se queda por debajo del poder que se puede obtener, resultando en que las batallas sean un paseo. He llegado al punto en el que no me he parado a bloquear, hacer parry o intentar esquivar rodando, pues arrasaba con mucha facilidad a los contrincantes más duros. Un desequilibrio más, el cual se suma a una lista constante de goteras que Mega Cat Studios no supo solucionar antes del lanzamiento, aunque a estas alturas no creo que los parches solucionen los mayores defectos de God of War: Sons of Sparta.
Y es que, más allá de recurrir a una banda sonora espectacular (la de toda la vida en la saga griega) y a un cariño enorme hacia God of War, pocos argumentos tiene a favor el proyecto. El criticadísimo apartado artístico es una elección valiente y que, sin ser de mi agrado, creo que funciona mucho mejor con los fondos que con los personajes en movimiento. Mientras que los escenarios sí que parecen cuadros que pueden gustar más o menos, Kratos, Deimos y compañía dan la impresión de estar por debajo del resto de lo que vemos en la imagen.
El estudio ha apostado por un tono clásico, similar al de la Game Boy, ofreciendo píxeles y un efecto de movimiento a los personajes (aún cuando están estáticos) para dotarles de vida. El resultado no es muy convicente y hay diseños realmente pobres, olvidables y sin demasiada chicha que sean llamativos. Está claro que trasladar la épica, la trascendencia mitológica y los brutales combates de God of War a un espectro totalmente diferente era arriesgado, pero el tiro ha salido por la culata.
God of War: Sons of Sparta es, con total justicia, el peor de la franquicia. Ni siquiera llega a ser un metroidvania que destaque por alguna virtud, ya que sin el sello griego, hubiese pasado totalmente desapercibido. Eso precisamente es lo que muestra la cartera de videojuegos que ha creado Mega Cat Studios, la cual está conformada por producciones de perfil bajísimo que no han capturado la atención del público. Encomendarles semejante tarea está claro que les ha venido demasiado grande como para dar el Do de pecho.
God of War: Sons of Sparta quedará como un pie de página que todos olvidaremos con el paso del tiempo. No llega a ser un suspenso flagrante, pero su mediocridad lo lastra demasiado como para poder remontar el vuelo dentro de unos años.
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La noticia God of War: Sons of Sparta es el peor de la saga, pero no es su gran pecado. Ser mediocre de narices es lo que hará que lo vayamos a olvidar de inmediato fue publicada originalmente en Vida Extra por Juan Sanmartín .
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