Noticia La polémica prohibida: El juego de Mario Party que costó millones a Nintendo en medidas de seguridad

Hace muchos años, en una época no tan lejana, cuando las tardes de juego se resolvían compartiendo cuatro mandos analógicos en el suelo del salón, ocurrió un suceso del que ya nadie se acuerda. Las experiencias grupales siempre han sido el pilar de la compañía de Kioto. Hoy en día, mientras la comunidad debate sobre el catálogo de los mejores juegos multijugador para Nintendo Switch 2 y busca opciones para disfrutar de los mejores juegos con crossplay en Nintendo Switch 2, conviene echar la vista atrás. Es vital recordar cómo una de sus franquicias más fiesteras supuso un desembolso millonario por un problema de ergonomía en su diseño físico. Hablamos del primer e histórico Mario Party.

Corría el año 1999 cuando la primera entrega de la saga llegó a las consolas occidentales. El título se convirtió en un éxito instantáneo gracias a su propuesta de tablero dinámico, pero ocultaba un inconveniente de fricción en sus minijuegos más competitivos, como Tug o’ War (el juego de la cuerda) o Paddle Battle. En estas pruebas, la forma más rápida de vencer requería hacer girar el stick analógico central del mando a gran velocidad. Los niños de la época descubrieron que, en lugar de usar el pulgar, eran mucho más rápidos apoyando la palma de la mano abierta sobre el stick y rotándola con fuerza.

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La intervención de la Fiscalía y el reparto de guantes protectores​


Las consecuencias físicas de esta práctica no se hicieron esperar. El stick de la Nintendo 64 estaba fabricado con un plástico rígido y estriado que, al ser frotado a toda velocidad contra la piel, generaba quemaduras por fricción y ampollas en las manos de los jugadores. La situación escaló en Estados Unidos hasta el punto de que la Fiscalía General del Estado de Nueva York intervino de oficio tras recibir centenares de quejas de los padres.

Al contrario de lo que suele creerse, el acuerdo legal alcanzado en el año 2000 no contempló indemnizaciones económicas directas en efectivo para los usuarios afectados. En su lugar, Nintendo of America asumió una solución puramente correctora: se comprometió legalmente a ofrecer y enviar de forma totalmente gratuita unos guantes protectores acolchados a cualquier usuario que acreditara tener el juego. Este despliegue logístico, destinado a cubrir hasta 1,2 millones de unidades, junto con el pago de las costas de la investigación estatal, obligó a la compañía a reservar un fondo estimado en casi 80 millones de dólares de la época.

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Una lección de diseño que cambió la saga para siempre​


Este incidente marcó un antes y un después en los departamentos de control de calidad de Kioto. A partir de ese momento, la directiva interna fue inquebrantable: ningún juego posterior de la franquicia volvió a exigir la rotación violenta del stick analógico, sustituyendo estas mecánicas por la pulsación rápida de botones tradicionales. Si echamos un vistazo a la cronología, podemos repasar todos los juegos de Mario Party hasta la fecha para ver cómo evolucionó esta estricta normativa de seguridad.

Es de valorar cómo la obsesión actual de la marca por cuidar la usabilidad y la salud en sus experiencias colectivas nació precisamente de corregir los errores del pasado. Una lección histórica que ha permitido que la saga evolucione con una ergonomía impecable, tal y como vimos recientemente en nuestro análisis de Super Mario Party Jamboree para Nintendo Switch 2, donde la diversión está completamente libre de riesgos para los mandos y las manos de los jugadores.

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¿Conocías este curioso trasfondo de la era de los 64 bits? ¡Déjanos tus comentarios!

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