Cada vez que descargas una app nueva, hay bastantes posibilidades de que a los pocos segundos aparezca ese aviso: "¿Permites que esta app rastree tu actividad en apps y webs de otras empresas?" Le das a "Pedir a la app que no rastree", cierras el mensaje y sigues con tu vida.
Hasta que cinco minutos después llega otra app con la misma pregunta. Y luego otra. Con el tiempo, rechazar peticiones de rastreo se convierte en un acto reflejo tan automático como deslizar notificaciones.
Lo que pasa desapercibido es que el iPhone tiene un ajuste que se adelanta a todo ese proceso: en lugar de mostrarte el aviso para que lo rechaces tú, le dice directamente a la app que no antes de que llegue a preguntarte. Una sola decisión, que se aplica a todas las apps para siempre.
Qué hay detrás de cada petición de rastreo
Cuando una app te pide permiso para rastrearte, lo que quiere acceder es a algo llamado IDFA: un identificador publicitario único que lleva tu iPhone, como una matrícula digital. Con ese identificador, la app puede seguirte la pista por otras apps y webs, saber qué compras, qué anuncios clickas, cuánto tiempo pasas en cada sitio y construir un perfil tuyo que luego vende a redes publicitarias. Antes de iOS 14.5, en 2021, las apps podían acceder a ese identificador sin pedirte permiso. Tenían vía libre.
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Apple introdujo entonces el llamado ATT, App Tracking Transparency, que obligó a las apps a preguntar antes de rastrear. Y para hacernos una idea del impacto, Meta perdió unos 12.800 millones de dólares solo en 2022 como consecuencia de este cambio. Llegaron incluso a pedirles a sus usuarios que activaran el rastreo para que Instagram y Facebook pudieran seguir siendo "gratuitas".
Cómo funciona el rastreo hoy, aunque hayas dicho que no
El ATT fue una victoria para la privacidad, pero las empresas no se quedaron de brazos cruzados. Hoy el método más extendido es el fingerprinting: en lugar de usar el identificador único que Apple protege, las apps recogen una combinación de datos aparentemente inocentes, como el tamaño de tu pantalla, la versión del sistema operativo, el idioma, la zona horaria o la configuración del dispositivo. Por separado no dicen nada, pero juntos forman una huella para identificarte de manera básica.
También ha crecido la publicidad contextual, que rastrea lo que haces dentro de la propia app en lugar de seguirte por fuera. Es menos precisa que tener tu IDFA, pero sigue siendo un negocio. Dicho esto, ninguno de estos métodos alternativos vale tanto para los anunciantes como el identificador original, así que denegar el acceso a él sigue siendo la medida más eficaz que puedes tomar.
El ajuste que cierra el grifo de una vez
Aquí está la parte práctica. En Ajustes, entra en Privacidad y seguridad y busca el apartado Rastreo. Ahí verás un interruptor llamado "Permitir que las apps soliciten rastrear". Desactívalo.
Lo importante es entender qué hace exactamente ese toggle, porque no es simplemente ocultar el aviso. Lo que hace es decirle al sistema operativo que deniegue automáticamente cualquier petición de rastreo antes de que llegue a ti. Para la app, técnicamente recibe una respuesta de permiso denegado en el momento en que lo pide.
Nunca se genera el aviso, nunca tienes que tomar la decisión, y el rastreo queda bloqueado desde el principio. Es la diferencia entre cerrar la puerta cuando llaman y directamente no tener timbre.
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La noticia Las aplicaciones son muy pesadas pidiendo rastrear nuestro datos. El iPhone tiene un botón para mandarlas a paseo de golpe fue publicada originalmente en Applesfera por Guille Lomener .
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