En regla general, me considero un defensor de la privacidad de los usuarios de Internet. Sin embargo, cada vez más pienso que es uno de esos temas en los que no es bueno tomar una posición radical, absolutamente a favor o en contra. Evidentemente, el anonimato en Internet tiene más caras de las que uno puede suponer en un primer momento, y no todas son buenas.
Precisamente, hace unos días me crucé con un artículo bien interesante de David Davenport, quien se opone al anonimato de Internet. A continuación, un resumen de sus argumentos y mis comentarios en la sección final.

Los peligros del anonimato en Internet
La comunicación anónima es considerada como la piedra angular de una cultura de Internet que promueve el intercambio y la libertad de expresión, y es abiertamente anti-establishment. El anonimato, según dicen sus defensores, asegura de que los gobiernos no puedan espiar a los ciudadanos y, por lo tanto, garantiza la privacidad y la libertad de expresión.
Según Davenport, este punto de vista es fundamentalmente erróneo. Al permitir la comunicación anónima en realidad se cae en el riesgo de un colapso gradual de los valores que sustentan a las sociedades democráticas. El precio de nuestra libertad no es el anonimato, sino la rendición de cuentas.
Todas las sociedades modernas requieren algún tipo de mecanismo de toma de decisiones para guiarlas, y un sistema de controles (policiales y judiciales) para garantizar la equidad y el cumplimiento de las leyes. Específicamente en las sociedades democráticas, los ciudadanos dan su “consentimiento” para que esos órganos resuelvan los problemas o conflictos que puedan surgir, en lugar de tomar medidas por sí mismos. Al castigar la mala conducta, la sociedad tiene como objeto disuadir la repetición de tales delitos y enviar una clara advertencia a aquellos que puedan sentirse tentados de manera similar a violar los derechos de otros. El sistema democrático también incorpora controles (elecciones y leyes) que garanticen que los órganos de gobierno no puedan abusar de su posición. Obviamente, la resolución de cualquier injusticia, ya sea que involucre a individuos, grupos de personas, o al propio Estado, requiere que los responsables puedan rendir cuentas.
En conclusión, las sociedades democráticas deben educar a las personas para que sean buenos ciudadanos y tomar precauciones a fin de desincentivar el mal comportamiento; sin duda sería una tontería no mantener la rendición de cuentas como una «red de seguridad» en caso de que todo eso falle.
Las consecuencias del anonimato
La rendición de cuentas requiere que los responsables de cualquier mala conducta puedan ser identificados y llevados ante la justicia. Sin embargo, si las personas permanecen en el anonimato, por definición, no pueden ser identificados, por lo que es imposible hacerlos responsables. Los defensores de las comunicaciones anónimas en Internet, por lo tanto, abren la puerta a muchas formas de conducta delictiva y antisocial, mientras que deja a las víctimas y a la sociedad en su conjunto completamente indefensas.
Los delitos basados en Internet, como la piratería, la creación de virus, ataques de denegación de servicio, el fraude con tarjetas de crédito, el acoso y el robo de identidad están aumentando. Actualmente, las estimaciones de los daños causados por estos delitos se miden en miles de millones de dólares por año, pero el costo humano, en términos de la pérdida de la reputación y la confianza de mucha gente, así como el deterioro general de la moral, es inconmensurable.
Si bien estos delitos causan estragos en la sociedad, hay un aspecto mucho más peligroso del anonimato. En caso de que la comunicación anónima se generalice, entonces estaría disponible no sólo para los ciudadanos de a pie, sino para el Estado y las autoridades gobernantes. Esto permitiría la fuga indiscriminada de material altamente sensible, el pago de sobornos a fin de asegurar acuerdos lucrativos, las elecciones podrían ser manipuladas, y se podrían adoptar medidas contra los opositores políticos, todo con total impunidad.
Algunos pueden argumentar que los gobiernos ya emplean el anonimato para encubrir operaciones clandestinas, por lo que no habría ninguna diferencia. Sin embargo, aquellos gobiernos que en la actualidad cometen estos actos, lo hacen ilegalmente. Los involucrados saben que es un error y saben de las penas en caso de ser capturados, disuadiendo así a todos, excepto a los más desesperados o ingenuos. En una sociedad en la que impera el anonimato ese poder disuatorio se desvanece.
Libertad de expresión
El derecho a la libertad de expresión es un aspecto fundamental de la tradición democrática. La razón para ello es simple: las ideas ayudan a transformar la sociedad, y cualquier idea, por muy extraña que pueda parecer en un principio, en última instancia, podría ser beneficiosa. Los ciudadanos no deben, por lo tanto, ser indebidamente restringidos o castigados por expresar sus puntos de vista, sin importar lo que piensen.
La noción misma de la libertad de expresión implica proteger las diferentes opiniones de la persecución y el enjuiciamiento, pero también parte del supuesto de que la identidad de la persona es conocida. Si bien la comunicación anónima no es necesaria para que haya libertad de expresión, asegura que no haya restricciones o sanciones arbitrarias e innecesarias. Entonces, cabe preguntarse, ¿los beneficios del anonimato son mayores que sus «costos», como afirman sus defensores?
La libertad de expresión se ocupa principalmente de la protección del individuo contra los abusos del poder, ya sea político, religioso u otro. La comunicación anónima, sin embargo, es probable que sea particularmente ineficaz en este sentido. En las dictaduras y países no democráticos donde más se necesita la libertad de expresión es poco probable que estos regímenes habiliten este tipo de comunicaciones en primer lugar. Además, los mensajes enviados de forma anónima es poco probable que tengan mucho impacto por su cuenta. Sólo si se conoce al emisor de un mensaje y se confía en su opinión es que lo que dice realmente puede tener un efecto en la sociedad. Si las comunicaciones son verdaderamente anónimas, entonces es difícil establecer una relación de este tipo y, por lo tanto, la confianza en las comunicaciones anónimas para la denuncia de irregularidades, informar al mundo de violaciónes de derechos humanos o promulgar una plataforma política, se diluye.
Conclusión
Los defensores de las comunicaciones anónimas sostienen que el anonimato es esencial para garantizar la libertad de expresión en Internet, y esto supera cualquier perjuicio que pudiera derivarse de ello (el fraude informático, etc.). En definitiva, hay quienes usan un cuchillo de cocina para cometer un crimen, pero eso no convierte al cuchillo en algo malo o condenable en sí mismo.
Según Davenport, esta opinión es errónea. La rendición de cuentas se encuentra en el corazón mismo de la tradición democrática y es crucial para la estabilidad de una sociedad libre y justa. La eliminación de esta «red de seguridad» sólo alentaría al engaño y conduciría a una mayor delincuencia, aumentando el número de víctimas que no serán capaces de obtener justicia. Incluso peor, aquellos en el poder podrían utilizar el anonimato para sus propios fines, eliminando cualquier tipo de rendición de cuentas por parte de los autoridades gobernantes.
Paradójicamente, es la desconfianza en los gobiernos la que alimenta el clamor por las comunicaciones anónimas como un medio para garantizar la libertad de expresión. El resultado final de no ser identificado, sin embargo, incentiva los abusos del gobierno en vez de refrenarlos y tiene poco impacto real en términos de libertad de expresión.
En su opinión, el camino a seguir es claro: aceptar la rendición de cuentas y rechazar las comunicaciones anónimas. Los ciudadanos interesados pueden utilizar las nuevas mejoras en las comunicaciones para participar más plenamente en el gobierno. Nuestra libertad viene bajo el precio de respetar la ley, y para eso hay que poder «hacerse cargo de lo que uno hace o deja de hacer». El cambio hacia una forma más participativa de gobierno es una opción mejor, más segura y más estable que el ofrecido por las arenas movedizas del anonimato.
Mi opinión: crítica al artículo de Davenport
Honestamente, me parece que el paper de Davenport articula y sintetiza maravillosamente bien los mejores argumentos en contra del anonimato en Internet. Precisamente por esa razón decidí compartirlo con Uds. No estoy de acuerdo con muchos de sus puntos, pero reconozco que explica y argumenta bien sus puntos fundamentales. Además, creo que hay algo de verdad en lo que dice y que es sano no creer que el anonimato es siempre lo mejor.
No obstante, también me parece que Davenport olvida que el anonimato es parte constitutiva de la democracia. De hecho, el acto más básico de las sociedades democráticas modernas está basado en el anonimato: el voto. De ese modo, se busca asegurar que los ciudadanos estén libres de cualquier presión o coacción a la hora de votar. Por otra parte, hay situaciones en las que hacerse cargo de lo que uno dice o hace puede acarrear represalias, como la pérdida del empleo. Por esa razón, proteger el anonimato de algunas denuncias puede resultar válido.
Sin embargo, el mayor error del artículo de Davenport es que no todas nuestras acciones necesitan de la rendición de cuentas. Es decir, el hecho de que Google rastree lo que uno hace, a qué hora, desde dónde, etc. no tiene nada que ver con la rendición de cuentas ni con el «hacerse cargo»; no es otra cosa más que una maniobra abusiva por parte de un monopolio que espía a la gente, sin que seamos del todo consciente de ello, que utiliza esa información para fines comerciales y, para colmo, que entrega esa información a determinados gobiernos cuando se lo piden, sin informar a los dueños originales de esa información ni las razones por las que lo hacen.
Finalmente, cabe preguntarse si el anonimato es realmente posible en Internet. Es decir, desde el momento en que nuestros dispositivos son identificados con un número, siempre va a haber alguien lo suficientemente inteligente para poder rastrearnos, no importa los esfuerzos que hagamos para pasar desapercibidos.
¿Uds. qué opinan?
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Precisamente, hace unos días me crucé con un artículo bien interesante de David Davenport, quien se opone al anonimato de Internet. A continuación, un resumen de sus argumentos y mis comentarios en la sección final.

Los peligros del anonimato en Internet
La comunicación anónima es considerada como la piedra angular de una cultura de Internet que promueve el intercambio y la libertad de expresión, y es abiertamente anti-establishment. El anonimato, según dicen sus defensores, asegura de que los gobiernos no puedan espiar a los ciudadanos y, por lo tanto, garantiza la privacidad y la libertad de expresión.
Según Davenport, este punto de vista es fundamentalmente erróneo. Al permitir la comunicación anónima en realidad se cae en el riesgo de un colapso gradual de los valores que sustentan a las sociedades democráticas. El precio de nuestra libertad no es el anonimato, sino la rendición de cuentas.
Todas las sociedades modernas requieren algún tipo de mecanismo de toma de decisiones para guiarlas, y un sistema de controles (policiales y judiciales) para garantizar la equidad y el cumplimiento de las leyes. Específicamente en las sociedades democráticas, los ciudadanos dan su “consentimiento” para que esos órganos resuelvan los problemas o conflictos que puedan surgir, en lugar de tomar medidas por sí mismos. Al castigar la mala conducta, la sociedad tiene como objeto disuadir la repetición de tales delitos y enviar una clara advertencia a aquellos que puedan sentirse tentados de manera similar a violar los derechos de otros. El sistema democrático también incorpora controles (elecciones y leyes) que garanticen que los órganos de gobierno no puedan abusar de su posición. Obviamente, la resolución de cualquier injusticia, ya sea que involucre a individuos, grupos de personas, o al propio Estado, requiere que los responsables puedan rendir cuentas.
En conclusión, las sociedades democráticas deben educar a las personas para que sean buenos ciudadanos y tomar precauciones a fin de desincentivar el mal comportamiento; sin duda sería una tontería no mantener la rendición de cuentas como una «red de seguridad» en caso de que todo eso falle.
Las consecuencias del anonimato
La rendición de cuentas requiere que los responsables de cualquier mala conducta puedan ser identificados y llevados ante la justicia. Sin embargo, si las personas permanecen en el anonimato, por definición, no pueden ser identificados, por lo que es imposible hacerlos responsables. Los defensores de las comunicaciones anónimas en Internet, por lo tanto, abren la puerta a muchas formas de conducta delictiva y antisocial, mientras que deja a las víctimas y a la sociedad en su conjunto completamente indefensas.
Los delitos basados en Internet, como la piratería, la creación de virus, ataques de denegación de servicio, el fraude con tarjetas de crédito, el acoso y el robo de identidad están aumentando. Actualmente, las estimaciones de los daños causados por estos delitos se miden en miles de millones de dólares por año, pero el costo humano, en términos de la pérdida de la reputación y la confianza de mucha gente, así como el deterioro general de la moral, es inconmensurable.
Si bien estos delitos causan estragos en la sociedad, hay un aspecto mucho más peligroso del anonimato. En caso de que la comunicación anónima se generalice, entonces estaría disponible no sólo para los ciudadanos de a pie, sino para el Estado y las autoridades gobernantes. Esto permitiría la fuga indiscriminada de material altamente sensible, el pago de sobornos a fin de asegurar acuerdos lucrativos, las elecciones podrían ser manipuladas, y se podrían adoptar medidas contra los opositores políticos, todo con total impunidad.
Algunos pueden argumentar que los gobiernos ya emplean el anonimato para encubrir operaciones clandestinas, por lo que no habría ninguna diferencia. Sin embargo, aquellos gobiernos que en la actualidad cometen estos actos, lo hacen ilegalmente. Los involucrados saben que es un error y saben de las penas en caso de ser capturados, disuadiendo así a todos, excepto a los más desesperados o ingenuos. En una sociedad en la que impera el anonimato ese poder disuatorio se desvanece.
Libertad de expresión
El derecho a la libertad de expresión es un aspecto fundamental de la tradición democrática. La razón para ello es simple: las ideas ayudan a transformar la sociedad, y cualquier idea, por muy extraña que pueda parecer en un principio, en última instancia, podría ser beneficiosa. Los ciudadanos no deben, por lo tanto, ser indebidamente restringidos o castigados por expresar sus puntos de vista, sin importar lo que piensen.
La noción misma de la libertad de expresión implica proteger las diferentes opiniones de la persecución y el enjuiciamiento, pero también parte del supuesto de que la identidad de la persona es conocida. Si bien la comunicación anónima no es necesaria para que haya libertad de expresión, asegura que no haya restricciones o sanciones arbitrarias e innecesarias. Entonces, cabe preguntarse, ¿los beneficios del anonimato son mayores que sus «costos», como afirman sus defensores?
La libertad de expresión se ocupa principalmente de la protección del individuo contra los abusos del poder, ya sea político, religioso u otro. La comunicación anónima, sin embargo, es probable que sea particularmente ineficaz en este sentido. En las dictaduras y países no democráticos donde más se necesita la libertad de expresión es poco probable que estos regímenes habiliten este tipo de comunicaciones en primer lugar. Además, los mensajes enviados de forma anónima es poco probable que tengan mucho impacto por su cuenta. Sólo si se conoce al emisor de un mensaje y se confía en su opinión es que lo que dice realmente puede tener un efecto en la sociedad. Si las comunicaciones son verdaderamente anónimas, entonces es difícil establecer una relación de este tipo y, por lo tanto, la confianza en las comunicaciones anónimas para la denuncia de irregularidades, informar al mundo de violaciónes de derechos humanos o promulgar una plataforma política, se diluye.
Conclusión
Los defensores de las comunicaciones anónimas sostienen que el anonimato es esencial para garantizar la libertad de expresión en Internet, y esto supera cualquier perjuicio que pudiera derivarse de ello (el fraude informático, etc.). En definitiva, hay quienes usan un cuchillo de cocina para cometer un crimen, pero eso no convierte al cuchillo en algo malo o condenable en sí mismo.
Según Davenport, esta opinión es errónea. La rendición de cuentas se encuentra en el corazón mismo de la tradición democrática y es crucial para la estabilidad de una sociedad libre y justa. La eliminación de esta «red de seguridad» sólo alentaría al engaño y conduciría a una mayor delincuencia, aumentando el número de víctimas que no serán capaces de obtener justicia. Incluso peor, aquellos en el poder podrían utilizar el anonimato para sus propios fines, eliminando cualquier tipo de rendición de cuentas por parte de los autoridades gobernantes.
Paradójicamente, es la desconfianza en los gobiernos la que alimenta el clamor por las comunicaciones anónimas como un medio para garantizar la libertad de expresión. El resultado final de no ser identificado, sin embargo, incentiva los abusos del gobierno en vez de refrenarlos y tiene poco impacto real en términos de libertad de expresión.
En su opinión, el camino a seguir es claro: aceptar la rendición de cuentas y rechazar las comunicaciones anónimas. Los ciudadanos interesados pueden utilizar las nuevas mejoras en las comunicaciones para participar más plenamente en el gobierno. Nuestra libertad viene bajo el precio de respetar la ley, y para eso hay que poder «hacerse cargo de lo que uno hace o deja de hacer». El cambio hacia una forma más participativa de gobierno es una opción mejor, más segura y más estable que el ofrecido por las arenas movedizas del anonimato.
Mi opinión: crítica al artículo de Davenport
Honestamente, me parece que el paper de Davenport articula y sintetiza maravillosamente bien los mejores argumentos en contra del anonimato en Internet. Precisamente por esa razón decidí compartirlo con Uds. No estoy de acuerdo con muchos de sus puntos, pero reconozco que explica y argumenta bien sus puntos fundamentales. Además, creo que hay algo de verdad en lo que dice y que es sano no creer que el anonimato es siempre lo mejor.
No obstante, también me parece que Davenport olvida que el anonimato es parte constitutiva de la democracia. De hecho, el acto más básico de las sociedades democráticas modernas está basado en el anonimato: el voto. De ese modo, se busca asegurar que los ciudadanos estén libres de cualquier presión o coacción a la hora de votar. Por otra parte, hay situaciones en las que hacerse cargo de lo que uno dice o hace puede acarrear represalias, como la pérdida del empleo. Por esa razón, proteger el anonimato de algunas denuncias puede resultar válido.
Sin embargo, el mayor error del artículo de Davenport es que no todas nuestras acciones necesitan de la rendición de cuentas. Es decir, el hecho de que Google rastree lo que uno hace, a qué hora, desde dónde, etc. no tiene nada que ver con la rendición de cuentas ni con el «hacerse cargo»; no es otra cosa más que una maniobra abusiva por parte de un monopolio que espía a la gente, sin que seamos del todo consciente de ello, que utiliza esa información para fines comerciales y, para colmo, que entrega esa información a determinados gobiernos cuando se lo piden, sin informar a los dueños originales de esa información ni las razones por las que lo hacen.
Finalmente, cabe preguntarse si el anonimato es realmente posible en Internet. Es decir, desde el momento en que nuestros dispositivos son identificados con un número, siempre va a haber alguien lo suficientemente inteligente para poder rastrearnos, no importa los esfuerzos que hagamos para pasar desapercibidos.
¿Uds. qué opinan?
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