Nokia, el gigante finlandés de telecomunicaciones, ha anunciado un drástico recorte de sus operaciones en China. La compañía planea despedir a la mayoría de sus empleados en el país y cerrar la mayoría de sus instalaciones antes de que termine el año, según informaciones de South China Morning Post y Light Reading. Esta decisión supone el fin de una presencia de cuatro décadas en el mercado asiático, que en su día fue el más importante para la firma.
La medida se comunicó durante una videoconferencia interna desde la sede de Helsinki. Según fuentes cercanas, solo se mantendrán los servicios de posventa, lo que constituye una ‘salida gradual del mercado’. Nokia contaba con unos 7.200 empleados en la región de Gran China (continente, Hong Kong y Taiwán) al cierre de 2025, aunque la reestructuración afecta principalmente a China continental.
Un plan de salida que afecta a miles de empleados
El plan incluye el cierre del centro de investigación y desarrollo (I+D) en Hangzhou, que supondrá la pérdida de 1.600 puestos de trabajo. Además, se prevé el cierre de instalaciones en Pekín, Chengdu, Qingdao y Shanghái. Las divisiones de redes móviles y de infraestructura de redes serán las más afectadas. Nokia ha confirmado que está dando pasos para alinear mejor sus operaciones en China con su modo global de operación.
La compañía ha reconocido que su negocio en China ‘se ha reducido de forma sostenida’ en los últimos años, por lo que se ve obligada a ajustar su huella operativa. Un empleado de un centro en Shanghái explicó que las agencias gubernamentales y las empresas estatales prefieren cada vez más la tecnología nacional, dejando de lado a fabricantes extranjeros como Nokia.
Causas: caída de ventas y competencia local
Los números reflejan esta tendencia. Entre 2019 y 2025, la facturación de Nokia en China cayó desde 1.840 millones de euros a 913 millones, y su peso sobre los ingresos totales pasó del 7,9% al 4,6%. En 2025, las ventas en China cayeron un 19%, tras un descenso del 13% en 2024. La compañía perdió terreno frente a rivales locales como Huawei y ZTE, especialmente en el despliegue de la red 5G.
Nokia entró en China en 1985 y fue clave en la construcción de la red nacional en los años 90. Llegó a ser una de las marcas de telefonía móvil más populares, y en 2010 alcanzó su pico de facturación con 7.620 millones de euros. Sin embargo, la situación cambió drásticamente en la última década.
Reestructuración y costes
La compañía ha elevado sus previsiones de costes de reestructuración para el año fiscal actual de 250 millones a 800 millones de euros, de los cuales 350 millones están relacionados específicamente con la reorganización en China. Nokia espera lograr ahorros de aproximadamente 200 millones de euros mediante la integración del negocio chino en sus operaciones globales. Esta decisión llega tras la adquisición completa de Nokia Shanghai Bell (NSB), su empresa conjunta con China Huaxin, a finales de 2025.
La plantilla en la región de Gran China ha caído drásticamente, pasando de 13.700 empleados en 2020 a 7.200 en 2025, según el último informe anual. La salida de Nokia se enmarca en un contexto de tensión geopolítica entre Estados Unidos y China, que ha llevado a Pekín a impulsar un ecosistema tecnológico propio y reducir la dependencia de proveedores externos.
Contexto europeo y reacciones
En Europa, la Unión Europea ha recomendado a sus Estados miembros evitar el uso de equipos de proveedores chinos como Huawei y ZTE. Suecia y el Reino Unido han implementado regulaciones específicas. El director financiero de Nokia, Marco Hotard, ha cuestionado la presencia de competidores chinos en Europa, señalando la asimetría en el acceso al mercado: ‘¿Por qué permitimos proveedores de alto riesgo en Europa en nuestras redes, particularmente cuando no nos permiten competir en sus mercados?’
En definitiva, la retirada de Nokia de China supone un cambio de era para la compañía finlandesa, que ha visto cómo su otrora principal mercado se ha vuelto hostil debido a la preferencia por la tecnología local y las tensiones geopolíticas. Con despidos masivos, cierre de instalaciones y un aumento de los costes de reestructuración, Nokia busca adaptarse a una nueva realidad global, mientras Europa debate sobre la seguridad de sus redes de telecomunicaciones.
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