
En 1972, el astronauta del Apolo 17 Harrison Schmitt respiró por accidente algo de polvo lunar que sus compañeros habían traído a la nave pegado a su equipación. Bastó solo un momento para que sus ojos empezasen a llorar a la vez que la garganta le ardía y una repentina sucesión de estornudos se apoderaba […]
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