Que los videojuegos son un arte es una lección que hemos aprendido con el paso de los años y que hemos mostrado a todo el mundo, pero Osamu Sato se propuso dejarlo bien claro en una época en la que el debate estaba muy candente. A veces, para conseguir llamar la atención y destacar sobre los demás, hace falta revolucionar por completo el medio en el que te encuentras y crear algo tan distinto que permanezca en el recuerdo. Unos cuantos vistazos a LSD: Dream Emulator son los que te dejan claro que no estamos hablando de un título normal y corriente.
Lanzado en 1998, estamos hablando de un proyecto de exploración y aventura que apareció en la primera PlayStation y que tenía la firma de Asmik Ace Entertainment. A contracorriente de lo que se ponía encima de la mesa en el resto de producciones, LSD: Dream Emulator no tiene ninguna clase de objetivo a cumplir. Todo consiste en explorar entornos surrealistas en primera persona sin ninguna meta, misión ni historia y la interacción con cualquier elemento del escenario (paredes, objetos o criaturas) conllevará ser transportado instantáneamente a otra ubicación.
Las imágenes no dejan lugar a la duda: cualquiera diría que nos han metido en el sueño más bizarro posible, lo han combinado con un buen viaje de opiáceos y hubiesen sacudido la coctelera. Y no nos faltaría razón, ya que el juego se divide en sueños que duran un máximo de 10 minutos y tan solo terminan cuando el contador llega a cero, morimos o interactuamos con algún objeto específico. Si bien LSD: Dream Emulator carece de meta alguna, no desprecia una suerte de clasificación.
Un gráfico al final de cada experiencia presenta lo Upper (Estimulante), Downer (Deprimente), Static (Estático) o Dynamic (Dinámico) que ha sido todo el proceso y esas sensaciones se incrementan con el paso del tiempo. Y es que conforme pasan los días, las texturas cambian, haciendo que los mundos se vuelvan cada vez más psicodélicos. Como si de una suerte de G-Man se tratase, el Hombre Gris se alza como un misterioso personaje humanoide que aparece aleatoriamente y es capaz de borrar el progreso del sueño actual.
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Es perfectamente normal cruzar una aldea japonesa, encontrarnos con entornos que parecen sacados de la mente de Salvador Dalí, que nos sorprenda un pavo real o ver bebés flotando. El componente de lo inesperado, con sus icónicas formas poligonales, le otorgan un aspecto al videojuego realmente particular. Eso sí, hay que tener en cuenta que las siglas LSD invitan a pensar en la droga del mismo nombre, pero se referencia de formas diferentes en el juego como "in Life, the Sensuous Dream".
Con el fin de aportar frescura, las texturas de los escenarios cambian (como fachadas cubiertas por rostros), pero la acumulación de días internos en el juego comienzan a romper el tono. Todo pasa a ser transparente y es prácticamente imposible pasear por el entorno, aunque siempre estarán presentes vídeos surrealistas de imagen real o digital (como un pez en un ascensor), o por pantallas negras con texto en japonés que aportan profundidad. Ahora bien, ¿en qué estaba pensando Sato cuando dio luz verde a semejante chaladura?
Lo más curioso de todo es que ni siquiera él fue el responsable de ninguna idea, sino de Hiroko Nishikawa, empleada de Asmik Ace Entertainment, la cual llevó durante una década (1987-1997) un diario de sueños. En aquel cuaderno anotó todo lo que recordaba de la noche anterior y el resultado es uno de los juegos más curiosos de todos los tiempos. Además, hay que tener en cuenta que Sato no era especialmente brillante jugando a los juegos de carreras, así que creyó que sería más divertido y accesible que estrellarse contra una pared te llevara a otra dimensión en lugar de penalizarte.
Son más de 500 canciones (en este caso denominadas patrones) que cambian dinámicamente según el entorno, emulando la naturaleza cambiante de los sueños. LSD: Dream Emulator jamás salió de Japón y cualquier copia física del título vale oro, aunque por suerte se pudo obtener acceso a la PlayStation Network del país asiático en agosto de 2010. Lo que es realmente interesante es El libro, LSD - Lovely Sweet Dream, el cual contiene extractos directos del diario de sueños de Nishikawa y vienen acompañados de una ilustración, cada una de un artista diferente.
Sin ninguna duda, LSD: Dream Emulator se ha convertido en un punto de peregrinación para los fans de las vivencias experimentales, impredecibles y perturbadoras. No es que sea imposible de repetir un proyecto de este calibre en la actualidad, pero desde luego que estamos ante una pieza histórica a conservar.
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La noticia Una mujer japonesa anotó durante 10 años sus sueños y un artista los convirtió en un videojuego para PlayStation fue publicada originalmente en Vida Extra por Juan Sanmartín .
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