Noticia [Análisis] Bubsy 4D para Nintendo Switch 2

Hay sagas que regresan porque existe una demanda real por parte del público. Y luego está Bubsy, una franquicia que parece volver únicamente para desafiar la lógica de la industria. Después del desastre histórico que fue Bubsy 3D en los noventa, pocos imaginaban que Atari volvería a apostar por el personaje… y todavía menos que el resultado pudiera ser, al menos, competente.

Sin embargo, Bubsy 4D consigue algo que parecía imposible: transformar a uno de los mayores memes del videojuego en un plataformas 3D que, sin reinventar nada, resulta sorprendentemente divertido cuando todo encaja.

Desarrollado por Fabraz, el estudio responsable de Demon Turf y Slime-san, el juego abandona la idea de competir con los gigantes del género y apuesta por algo más modesto: ofrecer un plataformas rápido, muy centrado en el movimiento y con una clara obsesión por el “flow” jugable.

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Un Bubsy que, por fin, se siente bien al controlar​


La mayor sorpresa de Bubsy 4D aparece en los primeros minutos. Bubsy responde bien. Muy bien, de hecho.

El personaje dispone de un repertorio de movimientos mucho más amplio de lo esperado: doble salto, planeo, impulsos horizontales, rebotes contra paredes y una transformación en bola que permite ganar velocidad aprovechando la inercia del escenario. La gracia está en cómo todas esas habilidades se pueden encadenar entre sí para atravesar niveles a toda velocidad.

Y aquí es donde el juego encuentra su verdadera identidad. Más que un plataformas de exploración al estilo Super Mario Odyssey, Bubsy 4D funciona como una especie de híbrido entre un collectathon clásico y un juego orientado al speedrunning. Los escenarios están diseñados para repetir rutas, mejorar tiempos y dominar mecánicas, algo que se nota incluso en la estructura de los niveles y en la presencia de cronómetros y clasificaciones online.

Cuando el diseño funciona, recorrer los escenarios tiene muchísimo ritmo. Hay una sensación constante de impulso, de estar enlazando movimientos sin detenerse, y eso provoca que incluso niveles relativamente simples resulten entretenidos únicamente por lo satisfactorio que es desplazarse por ellos.

El problema es que el juego depende demasiado de esa sensación.

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Buen movimiento, niveles irregulares​


Fabraz entiende cómo crear un personaje divertido de controlar, pero no siempre sabe construir escenarios igual de interesantes alrededor de él.

Muchos niveles tienen ideas visuales simpáticas —planetas textiles, estructuras de lana, enemigos robóticos absurdos— pero terminan resultando demasiado vacíos o genéricos conforme avanzan las horas.

La exploración existe, sí, pero rara vez sorprende. Los coleccionables están colocados de forma bastante predecible y los objetivos secundarios se sienten más como una excusa para reutilizar fases que como un incentivo real para investigar el entorno.

Además, los combates son prácticamente anecdóticos. Los enemigos parecen colocados por obligación y muchos pueden ignorarse sin consecuencias. Los jefes, por su parte, son probablemente la parte menos inspirada del juego: repetitivos, sencillos y muy inferiores al resto del diseño mecánico.

Es un título que brilla cuando te deja correr y experimentar con el movimiento, pero pierde fuerza en cuanto intenta introducir variedad tradicional de plataformas 3D.

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La nostalgia como arma de doble filo​


Uno de los aspectos más discutidos de Bubsy 4D es su tono. El juego abraza por completo la estética y el humor noventero, incluyendo chistes constantes, comentarios meta y una actitud deliberadamente exagerada.

A veces funciona porque el propio juego parece consciente de la reputación absurda que arrastra la saga. Hay cierto encanto en ver a Bubsy convertido en una reliquia del pasado que intenta sobrevivir en una industria completamente distinta a la que lo vio nacer.

Pero otras veces el humor se vuelve agotador. Algunos diálogos parecen escritos únicamente para alimentar memes o referencias irónicas, y no todos los jugadores van a conectar con esa personalidad hiperactiva y cargada de chascarrillos.

Curiosamente, esa mezcla entre autoparodia y homenaje sincero es precisamente lo que hace interesante al proyecto. Bubsy 4D nunca intenta convencerte de que Bubsy está al nivel de Mario, Sonic o Crash. Lo que intenta es demostrar que incluso una franquicia históricamente ridiculizada puede encontrar un espacio digno si cae en las manos adecuadas.

Y, en cierta manera, lo consigue.

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Un juego pequeño, pero consciente de ello​


También ayuda que el título no intente ser más grande de lo que realmente es. La campaña es relativamente corta —muchos jugadores la terminan en pocas horas— aunque el juego incentiva bastante la rejugabilidad y el perfeccionismo.

Visualmente tampoco busca competir con las superproducciones actuales. Tiene un acabado claramente indie, con escenarios coloridos y animaciones expresivas, aunque técnicamente modesto. Aun así, su dirección artística encaja bien con el tono caricaturesco y exagerado del universo Bubsy.

Lo importante es que transmite la sensación de haber sido desarrollado con cierta honestidad. Y eso, tratándose de Bubsy, ya es bastante inesperado.

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Conclusión​


Bubsy 4D no es el gran renacimiento de los plataformas 3D ni el nuevo referente del género. Tiene niveles desiguales, poca profundidad en la exploración y un sentido del humor que puede cansar rápidamente. Pero también posee algo que la saga nunca había tenido: una base jugable realmente sólida.

Fabraz ha entendido que la única forma de rescatar a Bubsy era dejar de intentar convertirlo en una mascota “cool” y centrarse en construir un plataformas divertido de jugar. Y aunque el resultado sigue siendo irregular, hay mérito en haber convertido un nombre asociado al fracaso en un juego que, al menos durante varios momentos, logra que quieras seguir jugando.

Eso ya es muchísimo más de lo que cualquiera esperaba de Bubsy y lo tenemos disponible en la eShop por 19,99€.

Creo personalmente que este titulo puede ser el precedente de algo mucho más grande, y a mi me encantaria verlo.

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