Si tienes un móvil moderno con pantalla de alta tasa de refresco y no has tocado apenas los ajustes, es muy probable que no estés aprovechando al máximo los 90 o 120 Hz que permite el panel. Muchos fabricantes activan por defecto modos automáticos o directamente capan la frecuencia a 60 Hz en gran parte de las apps para ahorrar batería.
Esto provoca que, aunque tu móvil anuncie a bombo y platillo los 120 Hz, en la práctica solo los veas en momentos puntuales y en ciertas aplicaciones. De ahí que cada vez más usuarios busquen cómo forzar los 120 Hz en todas las apps, tanto con ajustes oficiales (Samsung, Xiaomi, POCO, Redmi…) como con métodos avanzados tipo Shizuku o soluciones pensadas para juegos y Android 15.
Qué es la tasa de refresco y por qué los 120 Hz marcan tanta diferencia
La tasa o frecuencia de refresco es, básicamente, el número de veces por segundo que la pantalla actualiza la imagen. Se mide en hercios (Hz): 60 Hz significa 60 actualizaciones por segundo, 90 Hz son 90 refrescos y 120 Hz, el doble que el estándar clásico de 60.
Cuanto mayor es esta cifra, más suaves se perciben las animaciones, las transiciones y el desplazamiento por menús, webs o redes sociales. Al mover rápidamente una lista larga o al jugar, el texto se lee mejor en movimiento y la sensación de “borrosidad” o de arrastre se reduce de forma muy evidente.
En la gama media y alta actual, lo habitual es partir de 60 Hz, pero cada vez más móviles incluyen paneles de 90 Hz, 120 Hz o incluso más, entre ellos el OnePlus 8T. El salto de 60 a 120 Hz es especialmente notable cuando ves vídeos con muchos cambios de plano, películas de acción o títulos competitivos donde la cámara se mueve constantemente.
Eso sí, esta mejora tiene una cara B: al pasar de 60 a 120 Hz, la pantalla se actualiza el doble de veces y la GPU trabaja más. En la práctica, forzar 120 Hz de forma constante incrementa el consumo de batería y la temperatura, por lo que muchos fabricantes apuestan por modos adaptativos que ajustan los hercios según lo que estés haciendo.
Cómo activar 120 Hz en móviles Samsung Galaxy S20 y similares
Samsung fue de las primeras marcas en generalizar los 120 Hz en la gama alta con modelos como los Galaxy S20 y el Galaxy Z Flip 3, combinando esta tasa con paneles Dynamic AMOLED de gran calidad de color, brillo y contraste. Aun así, es habitual que el dispositivo venga de fábrica a 60 Hz o en modo dinámico y que tengas que tocar los ajustes para exprimirlo.
En los Galaxy S20 (y en muchos Samsung posteriores), el ajuste se encuentra en los menús de pantalla. Dentro de Configuración, entra en el apartado Pantalla y busca algo llamado “Fluidez del movimiento” o “Frecuencia de actualización”, según la versión de One UI instalada en tu terminal.
Cuando accedes a esa sección, el sistema te deja elegir entre un modo estándar de 60 Hz y una opción de frecuencia de refresco alta que activa los 120 Hz. Al seleccionar la opción de mayor fluidez, todo el entorno del sistema (animaciones, scroll, transiciones) pasa a moverse a 120 Hz, y la diferencia se percibe al instante.
Una manera rápida de notar el cambio es abrir una web muy larga o una app con mucho scroll vertical, como un feed de noticias o una red social, y desplazarte con rapidez hacia arriba y hacia abajo. A 120 Hz, los tirones se reducen y la lectura es más cómoda en movimiento.
Hay dos matices importantes en estos Samsung. Por un lado, la resolución máxima WQHD+ no se puede combinar con 120 Hz en los Galaxy S20, así que si seleccionas esa resolución, el móvil baja automáticamente a 60 Hz. Por otro, mantener siempre el modo de alta frecuencia incrementa el gasto energético, por lo que si un día vas justo de batería quizá te interese volver temporalmente a 60 Hz o activar modos adaptativos.
MIUI 14 y MIUI 15: la apuesta de Xiaomi para exprimir los 120 Hz
Mientras Samsung pulía sus paneles Dynamic AMOLED, Xiaomi ha ido afinando MIUI —su capa basada en Android— para sacar más partido a las pantallas de alta tasa de refresco de sus Xiaomi, Redmi y POCO, incluidos modelos con pantalla de 120 Hz. Con Android 14 como base y las versiones avanzadas de MIUI 14, la marca ha incorporado ajustes muy interesantes centrados justo en esto.
En algunos modelos, las últimas versiones de MIUI 14 han llegado con más que simples parches de seguridad. Un ejemplo especialmente llamativo es el Xiaomi 12S Pro en China, que con la versión MIUI V14.0.10.0.TLECNXM incorpora una función oculta para gestionar la frecuencia de refresco de forma mucho más granular.
En el registro de cambios oficial de esa actualización solo se mencionan parches de seguridad de agosto de 2023, pero tras instalarla aparece un nuevo ajuste en el menú de pantalla que permite forzar una tasa de refresco de hasta 120 Hz en todas las aplicaciones, incluso en las que antes se quedaban bloqueadas a 60 Hz.
Esta característica se integra en el mismo apartado de frecuencia de refresco donde puedes escoger si quieres que la pantalla funcione a 60, 90 o 120 Hz en función del hardware de tu dispositivo. Xiaomi ha añadido ahí una opción adicional específica para controlar qué apps pueden usar siempre la tasa máxima.
La idea es que esta capacidad se extienda con MIUI 15 y futuras iteraciones basadas en Android 14 a más móviles de la marca, como el Redmi K40. Sin embargo, a día de hoy no está claro si llegará a toda la gama con pantalla de alta frecuencia o solo a ciertos modelos por cuestiones de rendimiento o limitaciones del panel.
“Aplicaciones que utilizan alta frecuencia de actualización” en MIUI
La gran novedad de esa versión de MIUI 14 para el Xiaomi 12S Pro —y previsiblemente para otros modelos compatibles— es una opción denominada algo como “Aplicaciones que utilizan alta frecuencia de actualización”. Se encuentra dentro del menú de configuración de la tasa de refresco y sirve para gestionar app por app qué puede funcionar a 120 Hz.
Al acceder a ese apartado, MIUI muestra una lista con todas las aplicaciones instaladas en el dispositivo, incluyendo tanto las que has descargado como las de sistema. Desde ahí, puedes activar o desactivar el uso de alta frecuencia para cada una de ellas de forma individual.
Este control soluciona un comportamiento típico en MIUI y en otras capas: ciertas apps, incluso de la propia Xiaomi, se atascaban en 60 Hz pese a tener la pantalla configurada a 90 o 120 Hz, incluso en modelos económicos como el Redmi Note 9. Con este nuevo ajuste, se puede obligar a que esas aplicaciones respeten la tasa máxima que soporta el panel.
Además de la fluidez, hay otro beneficio claro: se reducen los cambios bruscos de sensación al saltar entre aplicaciones. Al minimizar la diferencia entre 60 y 120 Hz se evita el típico “flicker” o salto visual que notabas al cambiar de una app rápida a otra que iba más lenta, especialmente entre juegos, redes sociales y herramientas del sistema.
Por ahora, esta función solo se ha visto en versiones muy concretas de MIUI 14 para modelos chinos, y los medios especializados señalan que debería ir llegando a más dispositivos. Aun así, no hay garantía de que todos los móviles y tablets de Xiaomi con pantalla de alta frecuencia la reciban, así que conviene revisar las notas de cada actualización.
Si tu móvil ya incluye esta opción, merece la pena dedicar unos minutos a repasar la lista de apps y activar los 120 Hz solo donde compense: juegos competitivos, navegadores, redes sociales y apps de vídeo suelen ser las candidatas ideales. En cambio, herramientas estáticas o aplicaciones con pocas animaciones pueden quedarse a 60 Hz para rascar algo de autonomía.
Apps del sistema y uso real de los 120 Hz en MIUI
Uno de los detalles curiosos de MIUI (y en general de muchas capas de personalización) es que no siempre sus propias apps internas aprovechan la alta tasa de refresco, incluso en terminales como el Vivo X60 Pro+. Gestionar archivos, revisar ciertos menús de sistema o moverte por utilidades nativas puede sentirse menos suave aunque el panel admita 120 Hz.
Esto provoca una experiencia algo incoherente: entras en un juego compatible o en una app muy optimizada y notas una fluidez espectacular, pero vuelves a una herramienta nativa y percibes micro tirones o un scroll menos fino. Gracias a la lista de “Aplicaciones que utilizan alta frecuencia de actualización”, puedes ajustar ese comportamiento caso por caso.
En MIUI 14 con esta función, al revisar la lista verás también aplicaciones del sistema que antes no podías controlar. Al permitirles usar la tasa de refresco alta, desaparecen parte de esas discrepancias de sensación cuando saltas entre diferentes entornos dentro del propio sistema.
De hecho, esta lista puede servir también como una herramienta sencilla de gestión de batería. Puedes dejar a 60 Hz las apps que ves esporádicamente o que apenas tienen movimiento, y reservar la máxima fluidez para aquello que usas constantemente y donde realmente se aprecia el cambio.
Eso sí, hay que tener presente que, aunque fuerces la frecuencia de refresco, no puedes superar los límites físicos del panel ni eliminar restricciones internas de algunas apps. Si tu móvil solo llega a 120 Hz, no habrá milagros por encima de esa cifra, y ciertas aplicaciones seguirán auto limitándose a 60 Hz para ahorrar recursos o evitar problemas de rendimiento.
Forzar 120 Hz con herramientas avanzadas: Shizuku y 小黑屋
Cuando el sistema no ofrece controles suficientemente finos o cuando el fabricante ha bloqueado opciones, algunos usuarios avanzados recurren a métodos externos. Uno de los más comentados consiste en usar Shizuku junto a una app llamada 小黑屋 (a menudo mencionada como “BlackBox” o similar) para modificar el comportamiento de determinados componentes del sistema.
El primer paso es instalar Shizuku desde Google Play. Esta utilidad actúa como un puente que permite a otras apps acceder a funciones avanzadas del sistema sin necesidad de root, aprovechando la depuración inalámbrica de Android. De esta forma, apps como 小黑屋 pueden recibir permisos potentes sin desbloquear el bootloader.
A continuación, hay que descargar e instalar 小黑屋 desde un repositorio fiable. Esta aplicación se centra en gestionar y congelar apps del sistema, así como en alterar el comportamiento de ciertos procesos internos que normalmente no están al alcance del usuario. Es una herramienta pensada claramente para usuarios con cierta experiencia.
Para poder usar Shizuku, antes necesitas habilitar las opciones de desarrollador. Esto se hace entrando en Ajustes, yendo a Información del teléfono y tocando varias veces sobre el número de compilación hasta que aparezca el mensaje de que ya eres desarrollador. A partir de ahí, en el nuevo menú de desarrollador podrás activar la depuración inalámbrica.
Con la depuración inalámbrica activa, inicia Shizuku y sigue los pasos para ponerlo en marcha. Luego entra en la propia app de Shizuku, ve a la sección de aplicaciones autorizadas y asegúrate de que 小黑屋 aparece marcada con permiso, de forma que pueda acceder a las funciones avanzadas que Shizuku expone.
Después, abre 小黑屋, toca el icono de “+” para añadir aplicaciones y entra en la sección 系统应用, que se corresponde con las apps y componentes del sistema preinstalados en el dispositivo. Ahí verás procesos que no suelen aparecer en el cajón de apps tradicional.
Entre esos componentes deberías localizar uno llamado “iaware” o similar. Al encontrarlo, pulsa sobre el icono con forma de cristal de hielo o equivalente para que esa app de sistema quede marcada en gris, indicando que su comportamiento ha quedado modificado. Este paso es el que, según los usuarios que lo han probado, afecta a la forma en que el sistema decide cuándo bajar a 60 Hz.
Una vez hecho el cambio, reinicia tu móvil. Al encender de nuevo, entra en los ajustes de pantalla, establece la frecuencia de refresco en alta (normalmente 120 Hz) y revisa en el apartado de gestión de aplicaciones que ahora puedes forzar la tasa máxima en todas las apps, incluidas aquellas que antes se quedaban clavadas a 60 Hz sin explicación aparente.
Conviene subrayar que este procedimiento no es recomendable para todo el mundo. Estás tocando componentes de sistema y, si no tienes claro lo que haces, puedes provocar comportamientos extraños, aumento de consumo o incluso inestabilidad. Es un método pensado para usuarios avanzados que asumen ese riesgo a cambio de exprimir al máximo la pantalla.
Android 15, juegos y la API setFrameRate() para llegar a 120 FPS
En el terreno de los juegos, Google también está moviendo ficha. Con Android 15, el sistema establece por defecto una frecuencia de actualización de 60 Hz para los juegos, con la idea de optimizar el consumo energético y el control de temperatura, y solo sube a tasas superiores si la app lo solicita de forma explícita.
Si un desarrollador quiere que su juego se ejecute, por ejemplo, a 90 o 120 FPS, debe usar la API de tasa de fotogramas (Frame Rate API) o la biblioteca Swappy para pedirlo, en dispositivos como el Realme X3. Aun así, el sistema puede decidir ignorar esa petición si la batería está muy baja, el dispositivo se calienta demasiado o hay otros factores de ahorro de energía activos.
La pieza clave del lado del desarrollador es el método
setFrameRate(), que permite indicar a Android la frecuencia de refresco deseada para la ventana del juego. Para usarlo correctamente, primero hay que verificar si el dispositivo y la versión de Android soportan tasas superiores, y después realizar la petición de FPS altos.La comprobación previa se hace con métodos como
Display.getSupportedModes(), que devuelven qué modos de pantalla admite el panel: 60, 90, 120 Hz u otros valores. Si en esa lista solo encuentras 60 Hz, no hay forma de ir más allá por software; la limitación es puramente de hardware.Una vez verificada la compatibilidad, el juego puede invocar
setFrameRate() al iniciar el bucle de renderizado, durante la inicialización de la ventana o cuando cambies el objetivo de FPS (por ejemplo, de 60 a 120 en un modo de rendimiento). Aun pidiendo la tasa más alta, Android puede seguir capando a 60 Hz si detecta que el dispositivo no va a rendir bien o se está calentando demasiado.Si el juego no es capaz de mantener los 120 FPS de forma estable, pedir esa tasa de refresco puede ser contraproducente: el sistema gastará más energía y generará más calor sin que el usuario perciba una fluidez real a la altura. De ahí la importancia de revisar el rendimiento real antes de activar un modo de FPS altos.
Google proporciona ejemplos de código para evitar solicitar una frecuencia excesiva con
setFrameRate() y recomienda revisar la documentación de Framerate para profundizar en estas prácticas. Para quienes desarrollan en C/C++ con motores propios, hay además otra herramienta clave.Swappy (Frame Pacing): optimizar VSync y FPS altos en juegos
La biblioteca de Frame Pacing, conocida como Swappy, es un proyecto de código abierto creado por Google para simplificar la gestión de VSync y la programación de fotogramas en motores de juegos para Android. Es, por así decirlo, una capa de abstracción por encima de funciones como
setFrameRate().Su objetivo es ayudar a que el juego presente los fotogramas de forma sincronizada con la pantalla, evitando tearing, stuttering y otros problemas típicos al trabajar con tasas de refresco altas. Además de esa capa de abstracción, Swappy ofrece funciones adicionales para mejorar la fluidez y el rendimiento global en escenarios exigentes.
La documentación oficial de Swappy detalla cómo integrarla, cómo combinarla con la Frame Rate API y cómo adaptar de forma dinámica la velocidad de fotogramas en función de lo que soporte cada dispositivo. Es una herramienta muy útil si quieres que tu juego responda bien tanto en móviles de 60 Hz como en modelos capaces de llegar a 120 Hz.
Buenas prácticas en juegos: cambio dinámico de FPS y control de rendimiento
Más allá de las APIs concretas, Google recomienda implementar un sistema de cambio dinámico de velocidad de fotogramas (dynamic frame rate switching) para encontrar el equilibrio entre fluidez, consumo y temperatura. No siempre tiene sentido mantener 120 Hz fijos en todo momento.
La idea es aprovechar las frecuencias más altas durante las partes más exigentes del juego —combates intensos, escenas con mucho movimiento de cámara— y bajar a 60 Hz en tramos más tranquilos o en momentos donde se priorice la autonomía. Un juego puede incluso decidir orientarse a menos de 60 FPS en ciertos dispositivos si el hardware no da más de sí.
Si el título se ejecuta a 120 Hz de forma constante, el resultado puede ser un exceso de calor, drenaje rápido de batería y, en situaciones extremas, throttling térmico que provoque caídas bruscas de rendimiento. Ajustar la frecuencia de refresco de forma inteligente ayuda a evitar ese tipo de experiencias negativas para el usuario.
Otra recomendación clave es integrar herramientas de monitorización del rendimiento, como un contador de FPS o una superposición de métricas básica. Estos indicadores permiten comprobar en tiempo real si se está alcanzando de forma consistente el objetivo de 90 o 120 FPS en cada dispositivo concreto.
Si el contador muestra fluctuaciones constantes, tirones o caídas por debajo del objetivo, lo sensato es reducir la velocidad de fotogramas objetivo para ese hardware. Es preferible mantener 60 FPS estables con buena calidad que intentar llegar a 120 sin éxito y penalizar consumo y temperatura.
También es importante que el juego detecte la frecuencia de actualización máxima de la pantalla del dispositivo y adapte las opciones gráficas. Si el panel solo llega a 60 Hz, no tiene sentido mostrar en el menú ajustes de 90 o 120 FPS, ya que solo confundirán al jugador y no aportarán nada en la práctica.
En resumen, para los desarrolladores, ofrecer presets claros (60, 90, 120 FPS) basados en lo que soporte el hardware y comunicar bien el impacto en rendimiento y batería ayuda a que el usuario elija de forma consciente la experiencia que prefiere.
Con todo lo anterior —ajustes nativos de Samsung y Xiaomi, métodos avanzados como Shizuku y 小黑屋, y las nuevas APIs de Android 15 para juegos— cualquier usuario con un móvil compatible tiene margen para decidir cuándo merece la pena forzar los 120 Hz y cuándo es mejor priorizar la autonomía y la estabilidad; entender estas opciones te permite ajustar la pantalla a tu manera y disfrutar de una experiencia fluida sin sorpresas indeseadas en batería o temperatura.
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