Noticia ¿Cómo funcionan los móviles plegables para que la pantalla no se rompa al doblarse miles de veces?

Cómo funcionan las pantallas de los plegables


Las pantallas plegables han pasado de parecer ciencia ficción a convertirse en una realidad que ya puedes tener en el bolsillo o en la mochila. Estos dispositivos mezclan formatos de móvil, tableta y hasta ordenador portátil en un solo equipo, cambiando la forma en la que trabajamos, jugamos y consumimos contenido.

Detrás de ese efecto “wow” cuando un móvil se abre como un libro o un portátil se despliega hasta ocupar medio escritorio, hay una ingeniería brutal de materiales, bisagras y software. Entender cómo funcionan las pantallas de los plegables ayuda a saber qué estás comprando, qué ventajas reales aportan y también cuáles son sus límites actuales.

Qué es realmente una pantalla plegable y en qué se diferencia de una tradicional​


Una pantalla plegable es un panel electrónico flexible que puede doblarse hacia dentro o hacia fuera sin romperse ni perder calidad de imagen. A diferencia de una pantalla clásica con vidrio rígido, aquí se utilizan materiales plásticos y vidrio ultrafino que permiten curvar el conjunto miles de veces.

La clave está en que estas pantallas se basan en la tecnología OLED flexible en lugar de los paneles LCD de toda la vida. Los OLED no necesitan retroiluminación porque cada píxel emite su propia luz, lo que permite construir estructuras mucho más delgadas, ligeras y doblables.

Gracias a esta arquitectura, un móvil o un portátil plegable puede ofrecerte una pantalla grande en un formato muy compacto: cerrado se lleva como un smartphone o un cuaderno, y abierto se acerca a una tableta o incluso a un monitor pequeño.

Esto abre la puerta a formatos de producto nuevos, como móviles tipo concha, teléfonos-libro, portátiles que se convierten en todo pantalla o tablets que se pliegan por la mitad para caber mejor en una mochila.

Estructura interna: capas y materiales que hacen posible el plegado​


El “truco” de una pantalla plegable no está solo en que se doble, sino en cómo se organizan sus capas internas para soportar la tensión mecánica. Una pantalla de este tipo está hecha de varias láminas ultrafinas que trabajan juntas.

En la parte superior se sitúa una capa de cubrimiento flexible, que actúa como sustituta del cristal tradicional. Puede ser un polímero especial o una combinación de polímero y vidrio ultrafino (UTG, Ultra Thin Glass). Esta capa es la que toca tu dedo, resiste arañazos y protege el interior.

Debajo está la capa de sensor táctil, que detecta tus pulsaciones, gestos y deslizamientos incluso cuando la pantalla está parcialmente doblada. Esta lámina incorpora circuitos extremadamente finos capaces de flexionarse miles de veces sin partirse.

Más abajo se encuentra el sustrato flexible, normalmente una lámina de plástico especial o poliimida, que es el “esqueleto” de la pantalla. Este sustrato es el que permite que todo el conjunto se curve sin que las capas superiores e inferiores se rompan o se separen.

En el corazón del sistema está el panel OLED, formado por diodos orgánicos emisores de luz. Estos materiales orgánicos reaccionan a la corriente eléctrica generando luz directamente, por lo que no hace falta una capa de retroiluminación como en los LCD, reduciendo grosor y rigidez.

Finalmente, hay capas protectoras adicionales, adhesivos flexibles y finas láminas metálicas que ayudan a sellar el conjunto frente a la humedad y a distribuir las tensiones de doblado. Todo el “sandwich” tiene un grosor ridículo: ya en los primeros prototipos de Sony se logró un panel más fino que un pelo humano, capaz de enrollarse en algo del tamaño de un lápiz.

La física de la flexibilidad: por qué no se rompen al doblarse​


Para que una pantalla plegable sobreviva a decenas de miles de ciclos de apertura y cierre, sus materiales tienen que encontrar un equilibrio entre resistencia mecánica y capacidad de deformación. Si son demasiado rígidos, se agrietan; si son demasiado blandos, se deforman o pierden transparencia.

Los ingenieros juegan con la distribución de tensiones: cada vez que doblas la pantalla, unas capas quedan en compresión y otras en tracción. Combinando plásticos elásticos, polímeros avanzados y metales ultrafinos, se reparte esa tensión para que ninguna capa soporte una carga excesiva.

La tecnología OLED es crucial aquí. Al ser una capa activa muy fina que emite luz por sí misma, el panel puede ser extremadamente delgado y apoyarse en sustratos plásticos maleables, a diferencia del vidrio grueso y rígido de los LCD. Esto hace posible curvarlo sin crear fisuras visibles.

Además, se usan adhesivos ópticos especialmente diseñados que no solo pegan las diferentes capas, sino que acompañan el movimiento durante el plegado sin despegarse ni crear burbujas. Esta parte química es tan importante como la parte electrónica.

Tecnología OLED flexible: el motor de los plegables modernos​


Cómo funcionan las pantallas de los plegables


Los diodos OLED (organic light-emitting diode) son el componente que ha permitido dejar atrás las pantallas totalmente rígidas. Un OLED se basa en una película de compuestos orgánicos electroluminiscentes colocada entre dos terminales eléctricos muy finos.

Cuando se aplica una tensión eléctrica, esas moléculas orgánicas emiten luz directamente, píxel a píxel. Eso elimina la necesidad de un sistema de retroiluminación, que en las pantallas LED o LCD ocupa espacio, añade grosor y requiere capas rígidas.

En un panel OLED flexible se combinan varias capas: sellos protectores plásticos o de vidrio ultrafino por arriba y por abajo, terminal positivo y negativo, y dos capas orgánicas emisoras de luz. Al ser más delgadas que los semiconductores de un LED tradicional, se puede jugar con geometrías curvas sin comprometer en exceso la integridad.

Este tipo de pantalla ofrece negros profundos, colores muy vivos, alto brillo y menor consumo energético en comparación con paneles LCD del mismo tamaño. Todo esto es especialmente atractivo en plegables, porque se busca maximizar autonomía aun moviendo muchos más píxeles en modo “pantalla grande”.

Eso sí, los OLED también tienen sus pegas: la vida útil de los diodos orgánicos es menor que la de los LED inorgánicos, y son mucho más sensibles a la humedad. De ahí que los sistemas de sellado y encapsulado sean tan importantes en cualquier dispositivo plegable.

Vidrio ultrafino, polímeros y adhesivos: cómo se protege la superficie​


Uno de los grandes retos de los primeros móviles plegables fue cómo ofrecer una sensación táctil parecida al cristal sin usar vidrio convencional, que se rompería al doblarse. Aquí entra en juego el UTG (Ultra Thin Glass) combinado con polímeros avanzados.

El UTG es un vidrio procesado para ser extremadamente delgado y tener cierta flexibilidad. En muchos modelos se coloca encima de una película de poliimida o de otros polímeros, creando una superficie que se siente más “de cristal” al tacto, pero que sigue pudiendo doblarse.

Adicionalmente, se añaden recubrimientos resistentes a arañazos, aunque, a día de hoy, la protección frente a golpes y rayones sigue siendo inferior a la de un cristal rígido clásico. De ahí que en muchos plegables sea más fácil marcar la pantalla con las uñas o con granos de arena.

Los adhesivos ópticos flexibles son otra pieza clave: permiten unir el panel táctil, el OLED y las capas protectoras sin pérdidas de transparencia y con capacidad de acompañar la torsión y el doblado. Si el adhesivo falla, aparecen burbujas, zonas muertas o roturas internas.

Bisel y bisagra: el papel de la mecánica en los plegables​


Por muy buena que sea la pantalla, un dispositivo plegable no funciona sin una bisagra de precisión que controle cuándo y cómo se dobla el conjunto. Es la pieza mecánica central, especialmente visible en formatos tipo libro o concha.

En modelos como los Samsung Galaxy Z Fold o Z Flip, la bisagra está diseñada a medida para permitir un plegado fluido, controlado y estable en distintos ángulos. Esto hace posible que el dispositivo quede medio abierto, por ejemplo, para usarlo como trípode en selfies o para apoyar el móvil al grabar un vlog.

La bisagra suele incluir un sistema de engranajes, ejes y amortiguadores que distribuyen la fuerza del plegado para que la pantalla no sufra en un único punto. Además, deja un pequeño hueco entre las dos mitades cuando el dispositivo está cerrado, evitando que el panel choque contra sí mismo y se genere fricción directa vidrio contra vidrio.

Este componente mecánico es también uno de los puntos más delicados: acumula polvo, puede desgastarse con el tiempo y es complejo de sellar frente a agua y suciedad. Por eso los fabricantes invierten tanto en test de durabilidad midiendo cientos de miles de ciclos de apertura y cierre.

Optimización de software: adaptar la interfaz a un mundo plegable​


De nada sirve una pantalla espectacular si el software no sabe qué hacer con ella. En un dispositivo plegable, el sistema operativo y las apps tienen que reaccionar cuando el equipo pasa de modo cerrado a abierto o a posiciones intermedias, ofreciendo una transición fluida de la interfaz.

Un buen diseño de software permite que las aplicaciones cambien automáticamente de vista cuando se amplía o reduce el área útil. Por ejemplo, una app puede mostrar una sola columna en la pantalla externa del móvil y pasar a mostrar dos o tres columnas al abrir el formato tipo libro.

Además, los plegables sacan partido de la multitarea avanzada con varias ventanas, algo muy útil en móviles-tableta y en portátiles plegables. Aquí es clave que el sistema permita arrastrar y redimensionar ventanas con facilidad y que las apps sepan ajustarse al nuevo espacio sin romper su diseño.

Cuando el software no está bien optimizado, aparecen problemas: aplicaciones que no escalan bien, barras cortadas, huecos negros o interfaces que no aprovechan la pantalla grande. Por eso las grandes marcas presionan a los desarrolladores para que sus apps reconozcan los modos plegado, semiplegado y desplegado.

Historia y evolución de las pantallas flexibles y plegables​


La idea de una pantalla que se dobla no es nueva. Ya en los años 70 aparecieron los primeros prototipos de pantallas flexibles en laboratorios de investigación, aunque eran proyectos puramente experimentales. Durante décadas, la tecnología no estuvo lista para llegar al gran público.

Uno de los primeros campos donde se exploró la flexibilidad fue el papel electrónico o tinta electrónica. A diferencia de las pantallas retroiluminadas, los paneles de e-paper reflejan la luz, lo que permite leer cómodamente incluso a pleno sol. Algunas versiones experimentales ofrecían cierto grado de flexibilidad, acercándose a la idea de “hoja digital”.

En 2007, Xerox PARC presentó un tipo de pantalla flexible similar al papel electrónico que se podía escribir y borrar alrededor de mil veces. Poco después, diferentes empresas empezaron a mostrar paneles plásticos monocromos flexibles descritos como “irrompibles”, al no incluir vidrio ni cristal.

También en 2007, Sony mostró el primer prototipo funcional de pantalla OLED flexible extremadamente delgada, con unas 4,1 pulgadas y un grosor menor al de un cabello humano. Ese nivel de finura permitía enrollarla hasta casi el diámetro de un lápiz, demostrando que la tecnología era viable.

Poco después, Nokia se atrevió a imaginar cómo serían los dispositivos del futuro con el concepto Nokia Morph, una especie de gadget que podía deformarse y adaptarse a la muñeca o a diferentes formas. Aunque nunca se comercializó, sirvió para abrir la mente del sector.

Durante los años siguientes, compañías como Samsung siguieron trabajando en pantallas curvas y flexibles, con hitos como las versiones Edge del Samsung Galaxy S6 y del Galaxy Note Edge, que introdujeron bordes curvados icónicos. Esa tecnología de curvatura fue el paso previo antes de llegar a los plegables completos.

Marcas como Samsung siguieron invirtiendo en investigación y prototipos relacionados con pantallas plegables, incluyendo proyectos conceptuales que allanaron el camino para los modelos actuales. Project Valley y otras iniciativas del sector ayudaron a consolidar ideas y a medir viabilidades tecnológicas.

De los primeros prototipos a los móviles y portátiles plegables actuales​


A partir de 2019, el mercado empezó a llenarse de anuncios y lanzamientos de dispositivos plegables. 2019 fue el año en que los fabricantes apostaron fuerte por este formato: en ferias como el Mobile World Congress, los plegables acapararon titulares.

Marcas como Xiaomi, Samsung o Motorola comenzaron a presentar sus primeros modelos comerciales: móviles tipo libro que se abrían para convertirse en tabletas y móviles tipo concha que recuperaban el formato de los clásicos “clamshell” pero con pantallas OLED continuas en el interior.

El camino no estuvo libre de tropiezos. Uno de los casos más sonados fue el Samsung Galaxy Fold, cuyo lanzamiento se retrasó tras detectarse fallos en las primeras unidades de prueba: capas mal protegidas, entradas de suciedad o usuarios que retiraban por error una lámina protectora esencial.

Al mismo tiempo, otros fabricantes como Huawei experimentaban con plegables orientados a la gama alta, con referencias como el Huawei Mate X y sus sucesores, que mostraban hasta dónde podían llegar las pantallas flexibles en términos de tamaño y diseño.

Mientras tanto, en el terreno del ordenador portátil llegaron propuestas como la HP Spectre Fold, un equipo que puede actuar como sobremesa, tableta gigante o portátil compacto según cómo se pliegue su gran pantalla OLED flexible.

Ventajas prácticas de las pantallas plegables para el usuario​


Más allá del espectáculo, las pantallas plegables tienen ventajas muy claras en el día a día. La primera y más evidente es la portabilidad mejorada sin renunciar a una pantalla grande. Un móvil plegable tipo libro cabe en un bolsillo pero se abre para ofrecer un espacio de trabajo tipo tablet.

En portátiles y tablets, el plegado permite llevar un dispositivo con diagonal equivalente a un monitor pequeño ocupando menos espacio en la mochila. Es especialmente útil para quien viaja mucho y necesita productividad sin ir cargado con varios dispositivos.

Otra ventaja es la flexibilidad para la multitarea. Con una pantalla grande desplegada puedes tener varias apps a la vez: correo, navegador, chat, documentos… En móviles estilo Fold es muy habitual usar dos o tres ventanas en paralelo, mientras que en portátiles plegables puedes combinar teclado físico y pantalla extendida.

La experiencia visual también mejora: al desplegar el panel, tienes más superficie para juegos, vídeos y lectura, con colores intensos, alto contraste y frecuencias de actualización rápidas, propias de las pantallas OLED modernas.

Además, la propia naturaleza plegable ha impulsado nuevas formas de interacción. Hay apps y funciones diseñadas para aprovechar el modo “semiplegado” (por ejemplo, media pantalla para vídeo y la otra media para controles) o para usar la parte inferior como teclado virtual mientras la parte superior actúa de monitor.

Riesgos, debilidades y desafíos técnicos de los plegables​


No todo son ventajas. Las pantallas plegables aún arrastran varios puntos débiles importantes que frenan su adopción masiva. Uno de ellos es el precio: la complejidad de fabricación, los materiales avanzados y la ingeniería de las bisagras encarecen notablemente estos dispositivos frente a modelos tradicionales.

Otro problema visible es la marca o pliegue en la zona de doblado. Aunque los fabricantes lo han reducido con cada generación, en muchos modelos sigue notándose tanto a la vista como al tacto, lo que molesta a algunos usuarios exigentes.

La durabilidad sigue siendo un reto. Las bisagras son puntos de riesgo mecánico, expuestos a polvo, golpes y desgaste. Aunque se diseñan para decenas o cientos de miles de ciclos, el uso real puede variar mucho dependiendo de cómo trate cada persona su dispositivo.

Las pantallas OLED flexibles son también más vulnerables a la humedad y a los golpes, y, al no llevar un cristal rígido grueso encima, el plástico o UTG se raya con más facilidad. Un grano de arena en el bolsillo puede dejar una marca permanente.

Por último, el software aún no está al 100 % alineado. No todas las apps están bien adaptadas, lo que provoca inconsistencias en la experiencia: interfaces que no se recolocan bien, funciones que no aprovechan la pantalla grande o fallos en la detección de modos.

Aplicaciones más allá del smartphone: tablets, portátiles y automóvil​


La tecnología de pantallas plegables no se limita a los teléfonos. Cada vez más fabricantes están explorando su uso en tablets, portátiles, wearables e incluso sistemas de infoentretenimiento para coches. La idea es llevar la flexibilidad allí donde el espacio sea crítico.

En tablets plegables, se buscan diseños que puedan doblarse vertical u horizontalmente. El pliegue vertical suele imitar un libro y es ideal para lectura y navegación, mientras que el horizontal se orienta a la multitarea o a adoptar distintas relaciones de aspecto.

En el campo de los portátiles, ejemplos como la HP Spectre Fold muestran cómo un único dispositivo puede ofrecer modo escritorio, modo tableta y modo portátil. Con la pantalla totalmente desplegada y un pie de apoyo, actúa como un pequeño todo-en-uno con teclado inalámbrico.

Si se pliega a la mitad y se coloca el teclado encima, se convierte en un portátil tradicional de unas 12-14 pulgadas. Y con el teclado retirado, la pantalla completa funciona como tableta de gran formato para dibujo, anotaciones o consumo multimedia.

En automoción, las pantallas curvas y potencialmente plegables permiten tableros envolventes y sistemas de infoentretenimiento adaptativos, que cambian según el modo de conducción o las preferencias de cada ocupante.

Empresas proveedoras y cadena de suministro de pantallas plegables​


Para que todos estos dispositivos existan, hay una cadena de suministro especializada que se encarga de producir paneles OLED flexibles, vidrios ultrafinos y sistemas de control. Empresas dedicadas a la fabricación de pantallas suministran componentes tanto estándar como personalizados.

Algunos proveedores se centran en ofrecer paneles OLED y LCD flexibles para mercados globales, incluyendo variaciones perforadas o recortadas para proyectos específicos. La posibilidad de fabricar bajo modelo OEM (fabricante de equipos originales) permite a startups y pymes lanzar productos innovadores sin tener que crear su propia fábrica.

Estas compañías suelen complementar los paneles con controladores de pantalla, digitalizadores táctiles y soluciones a medida, lo que facilita que un fabricante de dispositivos pueda pasar de la idea al prototipo funcional en menos tiempo.

A medida que crece la demanda de plegables y flexibles, se espera que el aumento de volumen y la madurez del proceso reduzcan costes, mejoren rendimientos y hagan más accesible esta tecnología al gran público.

Perspectivas de futuro: pantallas enrollables, estirables y nuevos materiales​


El desarrollo actual es solo el principio. Investigadores y fabricantes trabajan ya en pantallas que no solo se doblen, sino que puedan enrollarse o incluso estirarse. Los prototipos de paneles enrollables permiten ocultar parte de la pantalla dentro del chasis y “sacarla” cuando se necesita más superficie.

En paralelo, se exploran nuevos materiales como el grafeno y otros compuestos avanzados que podrían aumentar la resistencia mecánica, mejorar la conductividad y permitir radios de curvatura aún más pequeños sin daño visible.

También hay avances en materiales electrocrómicos orgánicos y mejoras en el vidrio ultrafino, que podrían ofrecer mayor durabilidad frente a golpes, rayones y humedad, uno de los grandes talones de Aquiles actuales.

Con el tiempo, estas innovaciones se integrarán en gafas de realidad aumentada, ropa inteligente, paneles arquitectónicos y todo tipo de superficies interactivas, ampliando mucho más allá los usos de las pantallas que conocemos hoy.

El ecosistema de aplicaciones también evolucionará: veremos software y experiencias de usuario pensadas desde cero para formatos plegables, en lugar de simples adaptaciones de interfaces diseñadas originalmente para pantallas planas y rígidas.

Las pantallas plegables han pasado por décadas de investigación, prototipos en laboratorios, primeros móviles problemáticos y una rápida mejora en materiales, bisagras y software hasta convertirse en una opción real para quien busca portabilidad sin renunciar a pantallas grandes. Combinando OLED flexible, vidrio ultrafino, polímeros avanzados y bisagras de precisión, hoy es posible llevar en el bolsillo un dispositivo que se abre como un libro, trabaja como tableta, funciona como miniordenador y promete aún más posibilidades conforme avanzan la durabilidad, la optimización del software y la bajada de costes.

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