Que una app veterana de tu móvil Android se cierre sola una y otra vez es de las cosas más frustrantes que te pueden pasar: vas a abrir Gmail, tu juego favorito o una app de banca y, de repente, aparece el mensaje de «la aplicación se ha detenido» o simplemente desaparece de la pantalla. A veces ocurre solo con una aplicación concreta y otras parece que el teléfono entero se ha vuelto loco.
La buena noticia es que, en la mayoría de casos, estos cierres inesperados tienen solución sin pasar por el servicio técnico. En este artículo vas a encontrar un recopilatorio muy completo de causas habituales y de todas las alternativas que puedes probar, ordenadas de las más sencillas a las más drásticas. Está pensado especialmente para apps antiguas o que llevan tiempo sin actualizarse, pero casi todo sirve también para aplicaciones recientes.
Por qué se cierran solas las apps antiguas de Android
Antes de empezar a toquetear ajustes como loco, conviene entender qué puede estar provocando los cierres. Que una aplicación se detenga de forma repentina no suele deberse a un único motivo, sino a una combinación de varios factores relacionados con el móvil, el sistema y la propia app.
Uno de los desencadenantes más habituales es la falta de memoria RAM o de almacenamiento libre. Si tienes muchas aplicaciones abiertas a la vez, procesos en segundo plano y poco espacio interno disponible, Android intenta liberar recursos cerrando apps, sobre todo las que llevan más tiempo sin usarse o las que considera menos prioritarias.
Otra causa muy común es que los datos internos de la aplicación se hayan corrompido: archivos temporales mal guardados, configuraciones que chocan con nuevas versiones o bases de datos dañadas. Esto puede pasar después de una actualización fallida, un corte de red a mitad de descarga o tras meses y meses de uso acumulando basura en la caché.
No hay que olvidar los errores de programación o las incompatibilidades con la versión de Android. Muchas apps antiguas dejan de recibir soporte, no se adaptan a nuevas políticas de permisos o a cambios internos del sistema, y acaban dando cierres constantes. También influyen las capas de personalización agresivas de algunos fabricantes, que gestionan la memoria de forma muy restrictiva y matan procesos sin contemplaciones.
Incluso factores como una conexión a Internet inestable, una tarjeta microSD defectuosa o un sobrecalentamiento del teléfono pueden disparar estos fallos. Si a esto le sumas permisos mal concedidos, configuraciones de ahorro de batería extremas o errores en componentes clave como Android System WebView, tienes el cóctel perfecto para que las apps antiguas se cierren cuando menos te lo esperas.
Localiza exactamente qué aplicación está dando problemas
Puede parecer una obviedad, pero el primer paso es identificar bien qué apps se están cerrando. A veces es evidente porque siempre falla la misma aplicación, pero en otras ocasiones los cierres son esporádicos o afectan a varias a la vez.
Anota los nombres de las apps que muestran el mensaje de «se ha detenido» o se cierran solas. Fíjate también si son aplicaciones que has instalado tú desde Google Play (o desde un APK externo) o si son apps del sistema, como Gmail, Google Play Store, Chrome, Google Maps u otras que venían de fábrica en el teléfono.
Cuando el problema afecta a una app de usuario, siempre tienes la carta de desinstalarla y cambiarla por una alternativa similar. En cambio, si el fallo lo da una aplicación del sistema, borrarla por completo suele ser imposible sin root, así que habrá que tirar de otros recursos como desinstalar actualizaciones, borrar datos o inhabilitarla en casos extremos.
Comprueba actualizaciones de la app y del sistema
Uno de los motivos estrella de los cierres en apps antiguas es que lleves demasiado tiempo sin actualizar nada, ni el sistema ni las propias aplicaciones. Eso provoca incompatibilidades, fallos de seguridad y errores que ya estaban corregidos en versiones más nuevas.
Empieza revisando si la aplicación problemática tiene una actualización disponible en Google Play. Abre la tienda, entra en el menú de Mis aplicaciones y juegos (o sección similar) y mira el listado de apps con actualización pendiente. Si la app que falla aparece ahí, actualízala y prueba de nuevo.
Del mismo modo, conviene asegurarse de que tu móvil tiene instaladas las últimas actualizaciones de Android. En los ajustes del teléfono, entra en el apartado de Actualización de software, Sistema o Actualizaciones del sistema (varía según marca) y busca nuevas versiones. Instala cualquier OTA que esté pendiente y deja que el móvil se reinicie.
Las actualizaciones del sistema no solo traen funciones nuevas, también corrigen bugs, mejoran la gestión de memoria, afinan el rendimiento y ajustan servicios internos como WebView que están íntimamente relacionados con los cierres de aplicaciones.
Android System WebView: el gran culpable oculto
Si tus cierres inesperados afectan sobre todo a apps como Gmail, Google, Outlook, Chrome o aplicaciones que muestran contenido web dentro de sí mismas, hay un sospechoso principal: Android System WebView. Este componente permite que las apps abran páginas web sin lanzar un navegador aparte.
Cuando WebView se actualiza con un bug, medio ecosistema de apps puede empezar a cerrarse sin explicación aparente. Es lo que ha pasado varias veces con actualizaciones defectuosas, hasta el punto de que Google ha tenido que lanzar parches de emergencia para Chrome y WebView para frenar una cascada de cierres.
Tienes dos maniobras básicas con WebView: por un lado, revisar en Google Play si hay una actualización nueva que corrija el error y aplicarla cuanto antes; por otro, si el problema empezó justo después de una actualización reciente, puedes desinstalar las últimas actualizaciones de WebView desde Ajustes > Aplicaciones > Android System WebView.
Al desinstalar actualizaciones, el sistema vuelve a la versión de WebView que venía con el firmware de tu móvil, que en muchos casos es más estable que la que acabas de instalar. Si tras hacer esto las apps dejan de cerrarse, ya has encontrado al culpable. Más adelante puedes volver a actualizar cuando Google publique una versión corregida.
Reinicia el móvil y fuerza el cierre de la app
Antes de empezar a borrar datos como si no hubiera un mañana, prueba las soluciones rápidas de toda la vida. Un simple reinicio puede arreglar montones de fallos temporales del sistema y dejar atrás procesos atascados.
Mantén pulsado el botón de encendido hasta que aparezcan las opciones de Apagar o Reiniciar. En muchos móviles basta con elegir Apagar, esperar unos segundos (o un par de minutos si quieres que se limpie bien la memoria) y volver a encenderlo. El arranque desde cero resetea el sistema y corta posibles bucles que estuvieran haciendo que las apps se colgasen.
Si el problema se concentra en una app concreta, fuerza su detención desde los ajustes. Entra en Ajustes > Aplicaciones, localiza la aplicación que se cierra y pulsa en Forzar detención. Esto se asegura de que el proceso se cierre por completo, aunque estuviera enganchado en segundo plano.
Después de forzar la detención, vuelve a abrir la app normalmente. Si el cierre se debía a un cuelgue puntual del proceso, con este paso debería bastar. Si vuelve a caerse, toca pasar a medidas algo más profundas.
Borrar caché y datos de las aplicaciones que fallan
Las apps de Android van acumulando datos y archivos temporales con el tiempo para acelerar su funcionamiento, pero tanta información puede acabar jugando en su contra. Cuando esos datos se corrompen, aparecen cierres, mensajes de error y comportamientos raros.
Lo menos agresivo es empezar borrando la caché de la app problemática. Desde Ajustes > Aplicaciones, entra en la aplicación en cuestión, ve a la parte de Almacenamiento y pulsa en Borrar caché. No perderás tu sesión ni tu configuración, solo se eliminan archivos temporales.
Si tras borrar la caché el error «se ha detenido la aplicación» sigue saliendo, el siguiente paso es borrar los datos. En esa misma pantalla, utiliza la opción Borrar datos o Borrar almacenamiento. Esto deja la app como recién instalada: perderás ajustes, cuentas guardadas, descargas internas y cualquier personalización.
Antes de borrar datos, asegúrate de guardar todo lo importante. Si es una app de mensajería, revisa que tienes copia de seguridad en la nube; si es un juego, comprueba si sincroniza con tu cuenta de Google o con el servidor del desarrollador para no perder el progreso.
En el caso de aplicaciones del sistema que no se pueden desinstalar, borrar datos cumple una función parecida a reinstalarlas desde cero. Es muy útil con Play Store, Gmail o Maps cuando presentan errores persistentes o se caen nada más abrirlas.
Desinstalar y reinstalar la aplicación
Cuando una app de usuario sigue fallando incluso después de borrar caché y datos, lo más práctico es desinstalarla y volver a instalarla. Puede que la instalación inicial estuviera dañada o que una actualización se quedase a medio camino.
Para desinstalar, basta con mantener pulsado el icono de la app en la pantalla de inicio o en el cajón de aplicaciones y elegir Desinstalar. También puedes hacerlo desde Ajustes > Aplicaciones, entrando en la app y pulsando el botón correspondiente.
Una vez eliminada, vuelve a Google Play y descarga de nuevo la aplicación. Así te aseguras de tener la versión más reciente y una instalación limpia. Comprueba si los cierres se han acabado antes de seguir probando cosas más avanzadas.
Si se trata de una aplicación de sistema que no permite ser desinstalada, suele existir la opción de Desinstalar actualizaciones. Eso la devuelve a la versión que traía el móvil de fábrica, lo que a menudo soluciona cierres introducidos por una actualización defectuosa.
Volver a una versión anterior de la app (APK)
En ocasiones, la última actualización de una app introduce bugs que la vuelven prácticamente inutilizable, sobre todo en dispositivos antiguos. Si sabes que funcionaba bien en la versión previa, puedes volver atrás instalando un APK antiguo.
Este método está pensado para usuarios algo más avanzados y tiene sus riesgos. Al usar una versión desactualizada puedes quedarte expuesto a fallos de seguridad y vulnerabilidades ya corregidas en ediciones posteriores. No deberías hacerlo a la ligera, y mucho menos en aplicaciones sensibles como banca, pagos o gestión de contraseñas.
El proceso consiste, básicamente, en desinstalar la app, localizar su número de versión en Google Play y descargar el APK de la versión inmediatamente anterior desde repositorios de confianza como APKMirror o UpToDown. Después, habilitas la instalación de apps de orígenes desconocidos y ejecutas el APK en tu móvil.
En apps imprescindibles que han dejado de funcionar por completo tras una actualización, puede ser un salvavidas temporal mientras el desarrollador corrige el fallo y lanza una versión estable. Eso sí, acuérdate de volver a la rama oficial en cuanto haya solución.
Problemas de memoria, batería y rendimiento
Muchos cierres inesperados en móviles algo antiguos no se deben tanto a errores de las apps como a limitaciones del propio hardware. Si tu teléfono va justo de RAM o de almacenamiento, es normal que le cueste mantener varias aplicaciones pesadas abiertas.
Revisa qué tienes ejecutándose en segundo plano y, si dudas, usa apps para diagnosticar el hardware y cierra lo que no necesitas. Evita tener abiertos a la vez juegos, redes sociales, apps de vídeo y navegadores si tu RAM es limitada. Algunas marcas incorporan funciones de RAM virtual que usan parte del almacenamiento como memoria, pero no es tan rápida como la RAM real y requiere espacio libre.
Las opciones de ahorro de energía también pueden dar mucha guerra. Algunos móviles, especialmente de fabricantes chinos, aplican políticas de batería muy agresivas que matan apps en segundo plano o restringen su actividad. En ciertos casos, si la app antigua está marcada como optimizada, el sistema la cierra cuando cree que gasta demasiado.
Un truco que ha ayudado a muchos usuarios es quitar la optimización de batería para la app que se cierra. Desde Ajustes > Aplicaciones > > Batería, cambia el modo de Optimizada a Sin restricciones (o equivalente). Así el sistema no será tan agresivo cortando su funcionamiento en segundo plano.
No olvides el estado general del rendimiento del móvil: si la batería está muy degradada, el teléfono se calienta rápido, todo va a tirones y apenas queda espacio interno, es normal que las apps empiecen a comportarse mal. Borrar fotos y archivos, desinstalar bloatware y, en último extremo, plantearte un cambio de batería o incluso de dispositivo puede marcar la diferencia.
Comprueba la conexión a Internet y la microSD
Muchas aplicaciones dependen continuamente de la red para funcionar bien. Una conexión Wi-Fi floja, cortes constantes o una mala cobertura de datos pueden hacer que algunas apps se queden colgadas, lancen errores o se cierren.
Si detectas que los cierres coinciden con problemas de Internet, prueba a desactivar el Wi-Fi y forzar el uso de datos móviles, o al revés. También puedes reiniciar el router y olvidar la red desde Ajustes > Wi-Fi para volver a conectarte desde cero.
Otro elemento a revisar es la tarjeta microSD. Aunque la app no esté instalada en ella, muchas aplicaciones escriben datos o caché en la tarjeta si está configurada como almacenamiento predeterminado. Si la microSD está defectuosa, cualquier intento de acceso puede provocar fallos y cierres.
Para comprobarlo, apaga el móvil, extrae la tarjeta microSD, vuelve a encender el dispositivo y prueba la aplicación. Si de repente deja de cerrarse, es muy probable que el problema estuviera en la tarjeta. En ese caso, te tocará cambiarla o, como mínimo, formatearla (previa copia de seguridad de su contenido).
Revisa permisos y sincronización de fecha y hora
Las versiones modernas de Android son muy estrictas con los permisos. Si una aplicación no tiene autorización para acceder a la cámara, al almacenamiento, a la ubicación o a otros recursos que necesita, puede no llegar a arrancar correctamente o cerrarse al intentar usar esa función.
Entra en Ajustes > Aplicaciones, selecciona la app problemática y revisa el apartado de Permisos. Asegúrate de que tiene concedido lo imprescindible para su funcionamiento (cámara para apps de foto, micrófono para apps de voz, etc.). No concedas permisos a lo loco, pero tampoco bloquees cosas básicas que la app necesita para no caerse.
Algo que parece una tontería pero da más guerra de la que crees es la fecha y hora del teléfono. Si el reloj del sistema está mal sincronizado con los servidores de Google, algunas apps pueden fallar en la validación de certificados, sesiones o licencias.
Para forzar una nueva sincronización, entra en Ajustes > Sistema > Fecha y hora. Desactiva la hora y la zona horaria automáticas, pon una fecha y hora incorrectas, espera unos segundos y vuelve a activar las opciones automáticas. Con eso obligas al sistema a sincronizar de nuevo con los servidores y, en ocasiones, se arreglan fallos raros en apps que dependen de esa hora.
Cuando nada funciona: restablecer el móvil o reinstalar firmware
Si has probado todas las soluciones anteriores y tus apps antiguas siguen cerrándose sin parar, es posible que el problema esté más profundo, en el propio sistema o en el firmware que lleva tu teléfono.
La opción más radical, pero también de las más efectivas, es restablecer el móvil a valores de fábrica. Esto borra absolutamente todos los datos: apps, fotos, mensajes, ajustes, cuentas… El teléfono queda como recién salido de la caja, con la versión de Android que tenga disponible.
En casos extremos en los que ni siquiera el restablecimiento arregla el problema, algunos usuarios avanzados optan por reinstalar el firmware del dispositivo mediante herramientas específicas de cada marca (Odin en Samsung, Fastboot en dispositivos compatibles, sistemas de flasheo propios en OnePlus y similares). Si no tienes experiencia, lo mejor es no lanzarse a flashear por tu cuenta.
Siempre te queda la alternativa de acudir a un servicio técnico especializado si el móvil se ha vuelto prácticamente inutilizable. Un técnico puede diagnosticar si hay fallos de hardware, de memoria interna o errores de sistema más serios que requieran soluciones profesionales.
Cuándo asumir que la app es el problema
No todas las aplicaciones están bien hechas ni todos los desarrolladores ofrecen un soporte decente. A veces, por mucho que ajustes tu móvil, limpies caché o restaures valores de fábrica, la app seguirá cerrándose porque el fallo está en su propio código.
Si el resto de aplicaciones del teléfono funciona con normalidad y solo una o dos apps concretas dan problemas, empieza a sospechar seriamente de ellas. En ese caso, lo más sensato es desinstalarlas y buscar alternativas que hagan lo mismo pero estén mejor mantenidas.
Puedes también contactar con el desarrollador desde la ficha de la aplicación en Google Play. Ahí suele aparecer un correo de soporte o un formulario para explicar el fallo. Nadie te garantiza respuesta, pero si muchos usuarios reportan el mismo problema, aumentan las posibilidades de que lo corrijan en una actualización.
Mientras tanto, valora si realmente necesitas esa app antigua a toda costa o si puedes sustituirla por otra más reciente, ligera y compatible con tu versión de Android. A veces, lo mejor que puedes hacer por la estabilidad de tu móvil es dejar morir dignamente ciertas aplicaciones que ya no están a la altura.
Siguiendo este recorrido de comprobaciones —desde actualizar y revisar WebView hasta limpiar caché, controlar batería y rendimiento, probar con otras versiones o, en último término, restaurar el móvil— es raro quedarse sin salida ante los cierres inesperados de apps antiguas de Android; con un poco de paciencia y sentido común, tu teléfono puede volver a ejecutar esas aplicaciones clave sin bloquearse cada dos por tres.
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