Noticia Llevamos años temiendo al ladrón que acerca un TPV a nuestro bolsillo para robarnos. La realidad es que es un mito (y con Apple Pay, una utopía)

Llevamos años temiendo al ladrón que acerca un TPV a nuestro bolsillo para robarnos. La realidad es que es un mito (y con Apple Pay, una utopía)


Es curioso cómo calan ciertas ideas. Cuando llegaron las primeras tarjetas contactless hace ya unos cuantos años, también llegó la leyenda urbana: el miedo a que alguien con un datáfono inalámbrico pudiera acercarse a nuestro bolsillo y cobrarnos sin que nos diéramos cuenta.


Se hizo tan popular que las tiendas se llenaron de carteras y fundas con "bloqueo RFID" para evitar estos supuestos robos. Pero lo cierto es que deberíamos preocuparnos más de que nos quiten el iPhone de la mano o del bolsillo que de un escaneo mágico a distancia.

La física contra el ladrón: la barrera de los 4 centímetros​


Para que ese miedo tuviera sentido, tendríamos que ignorar las leyes de la física. ¿Cuántas veces has tenido que recolocar el iPhone o la tarjeta sobre el datáfono del súper porque "no lo pillaba" a la primera?


Si a nosotros nos da error de lectura intentando pagar voluntariamente y viendo dónde ponemos la tarjeta, imagínate la dificultad para alguien que intenta hacerlo a escondidas. La tecnología NFC está diseñada para operar a distancias cortas. Según la norma internacional ISO 14443 que la regula el funcionamiento es de apenas unos pocos centímetros (alrededor de 4 en la práctica), y sin obstáculos. Y además, en un punto en concreto, justo donde está el chip NFC.


Por lo que en ese posible momento en el que vas en el metro, la señal tendría que atravesar la mochila o chaqueta donde el ladrón esconda el TPV, porque no va a ir con él en la mano, cruzar el aire, atravesar la tela de tus vaqueros y, finalmente, superar el cuero y el grosor de tu propia cartera.

Datafono


Además, si llevas la tarjeta en tu cartera no solo aumentas la distancia física, sino que generas el "choque de tarjetas". Si el datáfono intenta leer tu VISA a la vez que el abono transporte, se produce una interferencia y da error. Así que no, si a ti a veces te cuesta que te cobren el café acercando el reloj a la máquina, es casi inviable que te roben rozándote el bolsillo en el metro.


Supongamos por un momento que la física lo consigue. Que el ladrón es un ninja, consigue pegar el TPV a tu bolsillo, no hay interferencias y logra cobrarte 20 euros. Pero ni siquiera la Policía Nacional ni la Guardia Civil tienen constancia de casos reales en España con esta técnica.


A diferencia del carterista de toda la vida que te roba el efectivo y desaparece en el anonimato, un datáfono deja un rastro digital. Para tener un TPV operativo, hay que contratarlo con un banco, vincularlo a una cuenta corriente.


Si te hacen un cargo fraudulento, te llega una notificación al móvil al instante. En cuanto llamas al banco para denunciarlo, ellos saben exactamente a qué cuenta ha ido el dinero y quién es el titular de ese datáfono.

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Apple Pay juega en otra liga: sistema activo vs pasivo​


Hasta aquí la teoría para las tarjetas de plástico. Pero los que usamos el ecosistema Apple jugamos con ventaja. Una tarjeta física es un elemento pasivo: siempre está lista para responder si un chip NFC le pregunta. Por eso nació el mito. Tu iPhone o tu Apple Watch, en cambio, son sistemas activos. El chip NFC de tu iPhone está dormido hasta que tú decides usarlo.


Para que Apple Pay funcione, hace falta una intención del usuario:

  • La acción física: doble clic en el botón lateral.
  • El desbloqueo: Face ID tiene que ver tu cara o Touch ID tu huella.

En el Apple Watch pasa lo mismo: el reloj debe estar desbloqueado y en contacto con tu piel. Si te lo quitan, se bloquea.

Apple Pay

Conclusión: es mejor preocuparse por lo importante​


Esas carteras con protección RFID que se pusieron de moda no son un timo, cumplen su función de bloquear la señal. Pero solucionan un problema que en la práctica no existe. Son un accesorio que da tranquilidad, pero poco más. Si usas Apple Pay y dejas las tarjetas físicas en casa, ya tienes la mejor seguridad posible: tu propia biometría. Un ladrón podría pasarte un datáfono por todo el cuerpo. Sin tu cara validando la operación, tu dinero no se mueve.


Así que puedes estar tranquilo con el mito del TPV. Tu verdadera preocupación debería ser sujetar bien el teléfono o la cartera, porque el carterista de toda la vida sigue siendo más peligroso que el digital.

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La noticia Llevamos años temiendo al ladrón que acerca un TPV a nuestro bolsillo para robarnos. La realidad es que es un mito (y con Apple Pay, una utopía) fue publicada originalmente en Applesfera por Guille Lomener .

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