Hablar de Final Fantasy es hablar de la historia misma del videojuego. Todo empezó cuando Hironobu Sakaguchi se lo jugó el todo por el todo. Desde entonces, la saga de Square Enix se convirtió en el gran estándar del JRPG. Ha marcado la pauta en narrativa, arte, música y jugabilidad.
Sin embargo, estructurar un ranking justo es complicado. La franquicia está llena de spin-offs, secuelas directas y reimaginaciones modernas. Para este análisis hemos tomado una decisión clara: dejamos fuera cualquier remake o juego derivado.
Nada de Final Fantasy Tactics. Nada de la trilogía Remake/Rebirth. Nos centramos única y exclusivamente en las entregas originales y numeradas. ¿Podrían estar los spin-offs en el top? Por supuesto que sí. Personalmente creo que lo merecen, pero eso será debate para otro día.
Tras pensarlo mucho, en Nintenderos os traemos la clasificación definitiva. Estas son las obras que definieron el rol japonés.
Es imposible entender el videojuego moderno sin dar el lugar que merece al título que lo empezó todo. En 1987, una golpeada Squaresoft al borde de la bancarrota se jugó su última carta comercial con una aventura de rol clásico. Con los cuatro Guerreros de la Luz, el sistema de clases intercambiables y los cristales elementales, Final Fantasy no solo salvó a la compañía de la quiebra, sino que estableció los cimientos narrativos y mecánicos que darían forma a todos los juegos posteriores. Su importancia histórica es sencillamente incalculable.
Ubicado en el vasto y geopolítico mundo de Ivalice, la duodécima entrega numerada supuso uno de los cambios de rumbo más valientes y adelantados a su tiempo de toda la saga. Abandonando los encuentros aleatorios tradicionales, introdujo un sistema de combate en tiempo real supervisado mediante los Gambits, una mecánica que permitía programar la inteligencia artificial de los aliados con una precisión lógica asombrosa. Con una trama alejada de los clichés habituales para centrarse en traiciones, imperios y diplomacia, se mantiene como una joya técnica inolvidable de la era de PlayStation 2. Si es cierto que sus problemas de desarrollo impidieron que viéramos el resultado que nos habría gustado, sobre todo en tema narrativo, pero incluso así , es un juegazo que merece la pena.
A nivel puramente jugable y mecánico, Final Fantasy V es una de las mayores obras maestras del cerebro de Hironobu Sakaguchi. Aunque su tono narrativo era notablemente más ligero y aventurero, su perfeccionamiento del sistema de trabajos ofreció una libertad estratégica sin precedentes. La posibilidad de combinar habilidades de distintas clases para crear builds únicas convirtió a este título en el paraíso definitivo para los amantes de la profundización táctica.
Pocas historias de la industria son tan fascinantes como la transformación de la décimo cuarta entrega numerada. Tras un lanzamiento catastrófico en 2010, Square Enix tomó la decisión radical de reconstruir el juego desde sus cenizas con A Realm Reborn. A día de hoy, no solo es uno de los mejores MMORPG jamás creados, sino una entrega numerada por derecho propio que alberga uno de los arcos argumentales más emotivos, complejos y mejor construidos de toda la franquicia. Un triunfo del diseño y el respeto a la comunidad que ahora puedes disfrutar en Switch 2.
La llegada de los 16 bits trajo consigo una auténtica revolución narrativa de la mano de Cecil Harvey, el Caballero Oscuro en busca de redención. Final Fantasy IV demostró que un videojuego podía albergar dilemas morales profundos, traiciones entre hermanos de armas y sacrificios desgarradores. Además, fue el encargado de debutar el legendario sistema de Batalla en Tiempo Activo (ATB), dinamizando los combates por turnos para siempre e influyendo a toda una década de lanzamientos.
Tomar el relevo del mayor éxito de la historia del género no era tarea fácil, pero Final Fantasy VIII lo hizo desafiando todas las expectativas. Apostando por proporciones humanas reales en los personajes, una dirección cinematográfica deslumbrante y una banda sonora inolvidable encabezada por «Liberi Fatali», la historia de Squall Leonhart y Rinoa Heartilly arriesgó al máximo. Su innovador, y a veces polémico, sistema de enlaces y extracción de magia rompía con los niveles tradicionales para premiar la experimentación profunda. Una obra audaz, romántica y de una factura técnica impresionante.
Rozando el podio absoluto encontramos la que, para muchos, es la experiencia definitiva de la saga. Final Fantasy X supuso el salto a la generación de PlayStation 2, introduciendo por primera vez en la franquicia las expresiones faciales complejas y las voces para los personajes.
El viaje de Tidus y la invocadora Yuna a través del mundo espiritual de Spira ofreció una narrativa sobre la fe, el sacrificio y el amor que rompió el corazón de millones de jugadores. A nivel jugable, su sistema de combate por turnos condicionales (CTB) ofreció una planificación táctica pura impecable donde podías prever el orden de cada acción, mientras que el innovador Tablero de Esferas brindó un control absoluto sobre el desarrollo de los atributos del grupo. Una obra maestra rotunda que se queda con una merecidísima cuarta posición y que a día de hoy te seguirá rompiendo el corazón.
Entramos en el terreno sagrado del podio con la que es, sin lugar a dudas, la carta de amor más pura y emotiva jamás escrita a los orígenes de la franquicia. Lanzado en el crepúsculo de la primera PlayStation, Final Fantasy IX fue concebido por Hironobu Sakaguchi como su proyecto más personal; un regreso consciente a las raíces de la fantasía medieval tradicional tras los entornos cibernéticos e industriales de las dos entregas anteriores.
Con el carismático Zidane Tribal, la princesa Garnet y el inolvidable mago negro Vivi Ornitier, el juego aborda temas tan complejos como la identidad, el propósito de la existencia y la aceptación de la muerte. Su dirección artística basada en acuarelas, el diseño de personajes de estilo clásico y una banda sonora colosal firmada por Nobuo Uematsu convierten a Final Fantasy IX en una obra prácticamente perfecta en lo técnico y desbordante en lo emocional. Una medalla de bronce que brilla con la fuerza del oro y que nos hace desear un remake a la altura.
El podio de plata pertenece al juego que transformó para siempre la percepción de los videojuegos en todo el planeta. La entrega original de 1997 en PlayStation supuso un impacto cultural de dimensiones enormes: el salto tridimensional del 2D al 3D, el uso magistral de los renderizados en CD-ROM y una presentación cinematográfica que dejó con la boca abierta a la industria global.
La lucha de Cloud Strife, Aeris Gainsborough y el grupo ecologista contra la despiadada corporación Shinra y la amenaza mesiánica de Sefirot trascendió las pantallas para integrarse en la cultura popular. Con su icónico sistema de Materias, que permitía una personalización de habilidades sumamente flexible, y momentos narrativos trágicos que quedaron grabados a fuego en la memoria colectiva de toda una generación, la aventura original de 1997 sigue siendo el pilar sobre el que se sostiene el fenómeno moderno de los JRPGs. Una medalla de plata indiscutible que podemos recordar gracias a los remake que esta creando Square Enix en la trilogía que finalizara la primavera del 2027.
Llegamos a la cumbre de la franquicia. La medalla de oro recae con total justicia en la obra de Pixel Art y del rol tradicional en dos dimensiones: el legendario Final Fantasy VI.
Lanzada en 1994, esta sexta entrega representó el techo narrativo y técnico de su era. Se ambienta en un fascinante universo steampunk. En él, la tecnología a vapor sustituyó a la magia extinguida.
El juego rompió los moldes al prescindir de un único protagonista. En su lugar, ofreció un reparto coral inolvidable. Personajes como Terra, Celes, Locke o Edgar tienen un desarrollo profundo. Cada uno cuenta con motivación propia y su propio tema musical.
Por si fuera poco, Final Fantasy VI nos regaló a Kefka Palazzo. Para muchos, es el mejor villano de toda la saga. Es un nihilista desquiciado con un rasgo único: logra su objetivo a mitad de la aventura. Destruye el equilibrio del planeta y desata un apocalipsis real. Esto obliga al grupo a reunirse entre las cenizas para buscar una razón por la que seguir luchando.
Su atmósfera oscura y su complejidad argumental deslumbran. Sumado a la inolvidable escena de la Ópera y una banda sonora colosal, esta entrega es la experiencia de rol definitiva. Por eso se queda con el número uno de nuestro ranking.
Evaluar la saga principal de Square Enix prescindiendo de experimentos paralelos y adaptaciones modernas nos permite apreciar con claridad la magnitud de su legado. Desde los píxeles de 8 bits de la NES hasta las superproducciones de la era moderna, los títulos numerados de Final Fantasy han demostrado que el verdadero motor de la franquicia nunca han sido las modas gráficas, sino la capacidad de emocionar al jugador a través de grandes historias, sistemas profundos y personajes inolvidables.
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Sin embargo, estructurar un ranking justo es complicado. La franquicia está llena de spin-offs, secuelas directas y reimaginaciones modernas. Para este análisis hemos tomado una decisión clara: dejamos fuera cualquier remake o juego derivado.
Nada de Final Fantasy Tactics. Nada de la trilogía Remake/Rebirth. Nos centramos única y exclusivamente en las entregas originales y numeradas. ¿Podrían estar los spin-offs en el top? Por supuesto que sí. Personalmente creo que lo merecen, pero eso será debate para otro día.
Tras pensarlo mucho, en Nintenderos os traemos la clasificación definitiva. Estas son las obras que definieron el rol japonés.
10.) Final Fantasy I
Es imposible entender el videojuego moderno sin dar el lugar que merece al título que lo empezó todo. En 1987, una golpeada Squaresoft al borde de la bancarrota se jugó su última carta comercial con una aventura de rol clásico. Con los cuatro Guerreros de la Luz, el sistema de clases intercambiables y los cristales elementales, Final Fantasy no solo salvó a la compañía de la quiebra, sino que estableció los cimientos narrativos y mecánicos que darían forma a todos los juegos posteriores. Su importancia histórica es sencillamente incalculable.
9.) Final Fantasy XII
Ubicado en el vasto y geopolítico mundo de Ivalice, la duodécima entrega numerada supuso uno de los cambios de rumbo más valientes y adelantados a su tiempo de toda la saga. Abandonando los encuentros aleatorios tradicionales, introdujo un sistema de combate en tiempo real supervisado mediante los Gambits, una mecánica que permitía programar la inteligencia artificial de los aliados con una precisión lógica asombrosa. Con una trama alejada de los clichés habituales para centrarse en traiciones, imperios y diplomacia, se mantiene como una joya técnica inolvidable de la era de PlayStation 2. Si es cierto que sus problemas de desarrollo impidieron que viéramos el resultado que nos habría gustado, sobre todo en tema narrativo, pero incluso así , es un juegazo que merece la pena.
8.) Final Fantasy V
A nivel puramente jugable y mecánico, Final Fantasy V es una de las mayores obras maestras del cerebro de Hironobu Sakaguchi. Aunque su tono narrativo era notablemente más ligero y aventurero, su perfeccionamiento del sistema de trabajos ofreció una libertad estratégica sin precedentes. La posibilidad de combinar habilidades de distintas clases para crear builds únicas convirtió a este título en el paraíso definitivo para los amantes de la profundización táctica.
7.) Final Fantasy XIV
Pocas historias de la industria son tan fascinantes como la transformación de la décimo cuarta entrega numerada. Tras un lanzamiento catastrófico en 2010, Square Enix tomó la decisión radical de reconstruir el juego desde sus cenizas con A Realm Reborn. A día de hoy, no solo es uno de los mejores MMORPG jamás creados, sino una entrega numerada por derecho propio que alberga uno de los arcos argumentales más emotivos, complejos y mejor construidos de toda la franquicia. Un triunfo del diseño y el respeto a la comunidad que ahora puedes disfrutar en Switch 2.
6.) Final Fantasy IV
La llegada de los 16 bits trajo consigo una auténtica revolución narrativa de la mano de Cecil Harvey, el Caballero Oscuro en busca de redención. Final Fantasy IV demostró que un videojuego podía albergar dilemas morales profundos, traiciones entre hermanos de armas y sacrificios desgarradores. Además, fue el encargado de debutar el legendario sistema de Batalla en Tiempo Activo (ATB), dinamizando los combates por turnos para siempre e influyendo a toda una década de lanzamientos.
5.) Final Fantasy VIII
Tomar el relevo del mayor éxito de la historia del género no era tarea fácil, pero Final Fantasy VIII lo hizo desafiando todas las expectativas. Apostando por proporciones humanas reales en los personajes, una dirección cinematográfica deslumbrante y una banda sonora inolvidable encabezada por «Liberi Fatali», la historia de Squall Leonhart y Rinoa Heartilly arriesgó al máximo. Su innovador, y a veces polémico, sistema de enlaces y extracción de magia rompía con los niveles tradicionales para premiar la experimentación profunda. Una obra audaz, romántica y de una factura técnica impresionante.
4.) Final Fantasy X
Rozando el podio absoluto encontramos la que, para muchos, es la experiencia definitiva de la saga. Final Fantasy X supuso el salto a la generación de PlayStation 2, introduciendo por primera vez en la franquicia las expresiones faciales complejas y las voces para los personajes.
El viaje de Tidus y la invocadora Yuna a través del mundo espiritual de Spira ofreció una narrativa sobre la fe, el sacrificio y el amor que rompió el corazón de millones de jugadores. A nivel jugable, su sistema de combate por turnos condicionales (CTB) ofreció una planificación táctica pura impecable donde podías prever el orden de cada acción, mientras que el innovador Tablero de Esferas brindó un control absoluto sobre el desarrollo de los atributos del grupo. Una obra maestra rotunda que se queda con una merecidísima cuarta posición y que a día de hoy te seguirá rompiendo el corazón.
3.) Final Fantasy IX
Entramos en el terreno sagrado del podio con la que es, sin lugar a dudas, la carta de amor más pura y emotiva jamás escrita a los orígenes de la franquicia. Lanzado en el crepúsculo de la primera PlayStation, Final Fantasy IX fue concebido por Hironobu Sakaguchi como su proyecto más personal; un regreso consciente a las raíces de la fantasía medieval tradicional tras los entornos cibernéticos e industriales de las dos entregas anteriores.
Con el carismático Zidane Tribal, la princesa Garnet y el inolvidable mago negro Vivi Ornitier, el juego aborda temas tan complejos como la identidad, el propósito de la existencia y la aceptación de la muerte. Su dirección artística basada en acuarelas, el diseño de personajes de estilo clásico y una banda sonora colosal firmada por Nobuo Uematsu convierten a Final Fantasy IX en una obra prácticamente perfecta en lo técnico y desbordante en lo emocional. Una medalla de bronce que brilla con la fuerza del oro y que nos hace desear un remake a la altura.
2.) Final Fantasy VII
El podio de plata pertenece al juego que transformó para siempre la percepción de los videojuegos en todo el planeta. La entrega original de 1997 en PlayStation supuso un impacto cultural de dimensiones enormes: el salto tridimensional del 2D al 3D, el uso magistral de los renderizados en CD-ROM y una presentación cinematográfica que dejó con la boca abierta a la industria global.
La lucha de Cloud Strife, Aeris Gainsborough y el grupo ecologista contra la despiadada corporación Shinra y la amenaza mesiánica de Sefirot trascendió las pantallas para integrarse en la cultura popular. Con su icónico sistema de Materias, que permitía una personalización de habilidades sumamente flexible, y momentos narrativos trágicos que quedaron grabados a fuego en la memoria colectiva de toda una generación, la aventura original de 1997 sigue siendo el pilar sobre el que se sostiene el fenómeno moderno de los JRPGs. Una medalla de plata indiscutible que podemos recordar gracias a los remake que esta creando Square Enix en la trilogía que finalizara la primavera del 2027.
1.) Final Fantasy VI
Llegamos a la cumbre de la franquicia. La medalla de oro recae con total justicia en la obra de Pixel Art y del rol tradicional en dos dimensiones: el legendario Final Fantasy VI.
Lanzada en 1994, esta sexta entrega representó el techo narrativo y técnico de su era. Se ambienta en un fascinante universo steampunk. En él, la tecnología a vapor sustituyó a la magia extinguida.
El juego rompió los moldes al prescindir de un único protagonista. En su lugar, ofreció un reparto coral inolvidable. Personajes como Terra, Celes, Locke o Edgar tienen un desarrollo profundo. Cada uno cuenta con motivación propia y su propio tema musical.
Por si fuera poco, Final Fantasy VI nos regaló a Kefka Palazzo. Para muchos, es el mejor villano de toda la saga. Es un nihilista desquiciado con un rasgo único: logra su objetivo a mitad de la aventura. Destruye el equilibrio del planeta y desata un apocalipsis real. Esto obliga al grupo a reunirse entre las cenizas para buscar una razón por la que seguir luchando.
Su atmósfera oscura y su complejidad argumental deslumbran. Sumado a la inolvidable escena de la Ópera y una banda sonora colosal, esta entrega es la experiencia de rol definitiva. Por eso se queda con el número uno de nuestro ranking.
Un legado que perdura en el tiempo
Evaluar la saga principal de Square Enix prescindiendo de experimentos paralelos y adaptaciones modernas nos permite apreciar con claridad la magnitud de su legado. Desde los píxeles de 8 bits de la NES hasta las superproducciones de la era moderna, los títulos numerados de Final Fantasy han demostrado que el verdadero motor de la franquicia nunca han sido las modas gráficas, sino la capacidad de emocionar al jugador a través de grandes historias, sistemas profundos y personajes inolvidables.
Y vosotros, nintenderos, ¿qué opináis de nuestro podio? ¿Guardáis a Final Fantasy VI en lo más alto de vuestra memoria o vuestra medalla de oro personal pertenece a la séptima u novena entrega? ¡Dejadnos vuestro propio ranking de entregas principales en los comentarios!
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