La posición del Team Ninja dentro de la industria del videojuego no deja de fascinarme. Mientras todos los estudios de cierto nombre buscan dar un golpe en la mesa con cada nuevo desarrollo, los responsables de Rise of the Ronin parecen anclados en una o dos generaciones anteriores. A pesar de no ser una de las compañías más grandes de Japón, lanzan al mercado juegos sólidos, con un armazón de mecánicas más que funcional y a una velocidad realmente envidiable.
Nioh 3 completa un trío de títulos potentísimos lanzados desde 2023 junto a Wo Long y Rise of the Ronin. Acción desenfrenada, contenido a raudales y un compromiso palpable de seguir mejorando la fórmula encontrada con la aventura de William Adams. Nosotros nos hemos pasado ya este nuevo videojuego y os podemos decir que estamos frente a uno de los mejores pasatiempos que vas a tener este 2026.
Esta saga, nacida de los orígenes en la acción del estudio y la corriente Soulslike abanderada por FromSoftware, es una que ha conseguido superar el paso del tiempo; especialmente por cómo se diferencia de la visión de Miyazaki haciendo reconocible su gusto por la acción frenética, la constante mejora a través del loot de equipamiento y la enorme cantidad de herramientas puestas a disposición del jugador.
Samurái, Ninja... O Ronin
Nioh 2, la última entrega hasta esta tercera parte, creó cierta fricción entre los jugadores por lo gargantuesco de su propuesta al redoblar su más es mejor. La cantidad de jefes, armas con las que terminabas en el inventario y niveles disponibles acabó por echar más de un usuario que no terminaba de ver claro hasta dónde quería llegar el Team Ninja. Hasta yo mismo acabé algo exhausto tras enfrentarme a sus legiones de enemigos y decenas de horas.
No sería razonable esperar algo distinto con Nioh 3, pero creo que el Team Ninja ha sido muy inteligente con esta nueva entrega. Más allá de las elevadas expectativas que alguno se hizo al ver que PlayStation editaba el juego y le daba el tratamiento premium a nivel de márketing, Rise of the Ronin ha sido uno de los juegos más disfrutables a los que he tenido el gusto de jugar en toda la generación; e hilando con el inicio del texto, tuve unas sensaciones propias de una o dos generaciones anteriores donde un mundo abierto me incitaba a completarlo al 100%.
Nioh 3 ha adoptado el mundo abierto de Rise of the Ronin y es una decisión que le sienta genial al título. De esta forma se da rienda suelta a la enorme cantidad de contenido del videojuego, para ahora dar forma al mapa y no saturar tanto como antes. De igual manera, y como pasó con Elden Ring en su momento, el tener más cosas que hacer si nos enfrentamos a un jefe muy duro, nos permite tanto mejorar al protagonista como darnos un respiro mental.
Una evolución de la fórmula
No reinventan la rueda, de hecho tampoco es que tengamos muchos cambios desde Rise of the Ronin: mapa abierto dividido en pequeñas zonas, las cuales tienen diversas tareas a realizar y que su consecución contribuye a desbloquear ventajas permanentes. Despejar campamentos enemigos, derrotar a enemigos poderosos o conseguir algún coleccionable, todo ello colabora y te puede dar un +1 en defensa que convierte las tareas triviales en algo muy agradecido.
Incluso Nioh 3 se permite mejorar en cierta manera la fórmula de Rise of the Ronin, ya que considero que es más hábil a la hora de insertar las "mazmorras" dentro de un mapa abierto. En Rise of the Ronin esto en ocasiones ahora se hacía mediante menús, mientras ahora incluso se justifican narrativamente en el caso de los purgatorios, las misiones en entornos cerrados más obvias.
La suma de mapa inundado de cosas por hacer, objetivos que requieren poco tiempo para ser completados y nuevo contenido lanzado a la cara tras casi cada esquina me ha hecho pensar en cómo mi experiencia con Nioh 3 en concreto, y con los últimos juegos del Team Ninja en general, tiene mucho más que ver con un Donkey Kong Bananza que con un soulslike canónico.
Cambia las bananas por gatos espirituales
Y es que Nioh 3, además de encuadrarse de forma obvia dentro de las aventuras de acción, creo que responde muy bien al subgénero bautizado como collectathon. Ese en el que el jugador se desplaza por el mundo acumulando coleccionables y completando tareas relativamente cortas, enganchándose a esa progresión constante y niveles cargados de desafíos.
Es cierto que no me ha convencido cómo trata el juego a su historia, contada de una forma muy poco imaginativa y rápida, especialmente cuando venimos de un Rise of the Ronin que dibujaba de forma perfecta (aún con su dosis de fantasía) los distintos actores que tuvieron un papel protagonista durante el periodo Bakumatsu nipón de mediados del siglo XIX.
Y si nos vamos al combate, no hay mucha innovación por parte del Team Ninja. Tenemos unas armas reconocibles ya no sólo para la saga, sino también para los jugadores de todos sus títulos recientes, y una progresión en forma de árboles de habilidades que ya habíamos visto. Quizás lo interesante es cómo algunas de esas técnicas se consiguen mediante la lucha con maestros o la exploración, algo que le confiere aún más atractivo a repasar cada palmo del mapa.
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El resumen es que Nioh 3 es un juego tan disfrutable como lo era Rise of the Ronin, una evolución lógica de lo que supuso la segunda parte, y una demostración más de que el Team Ninja es a las aventuras de acción lo que el Ryu Ga Gotoku a los Yakuza: un valor seguro que lanza al mercado títulos de gran calidad de forma rápida. Pero, por encima de todo, Nioh 3 es un juego que me ha tenido estas últimas semanas obsesionado completando todas sus zonas como si encontrara bananas en cada esquina.
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La noticia Nioh 3 es mi juego favorito de la saga porque se siente como un Donkey Kong Bananza y no como un soulslike fue publicada originalmente en Vida Extra por José Ángel Mateo .
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