A lo largo de todas estas semanas, hemos visto cómo Backrooms, un creepypasta nacido de una imagen encontrada en 4chan, se convertía en uno de los grandes bombazos del verano. Esto ha provocado que otras productoras hayan dado luz verde a proyectos relacionados con creepypastas, como Siren Head o The Mandela Catalogue.
Sin embargo, hay algo que ha mantenido en vilo a algunos creadores de videojuegos, ya que también hemos visto que, con el aumento de la popularidad de Backrooms, A24 ha sacado el hacha del copyright para borrar proyectos relacionados con esta historia.
Esto provocó que, en mi tiempo libre, comenzara a darle vueltas a una pregunta que me hice después de ver un vídeo de BaityBait sobre el copyright y los Brainrots (criaturas bizarras hechas por IA): ¿Cómo funciona la propiedad intelectual en los creepypastas?
Lo primero de todo, hay que tener claro que el copyright nace automáticamente en el momento en el que una obra se fija en un soporte. Es decir, no hace falta registrarla de ninguna forma, ni siquiera siendo anónimo, ya que publicar algo en 4chan de manera anónima no te evita ser dueño de la misma (aunque esto último depende de dónde vivas, ya lo veremos más adelante).
¿Quién es el dueño de los creepypastas?
Es aquí cuando entra otro concepto: la obra huérfana. Esta, por definición, es una obra que está protegida por derechos de autor pero que, por una razón u otra, no se puede localizar a su creador. Esto marca una gran diferencia con el copyright: si una obra está libre de derechos de autor, puedes adaptarla sin problema, pero si es una obra huérfana, la persona que subió esa obra originalmente tiene la oportunidad de reclamarla.
Pero el problema de los creepypastas tiene, de normal, tres capas distintas de dueños: por un lado, tenemos el texto original; por otro, la persona que hace imágenes sobre la historia; y, por último, el público que alimenta el lore de este creepypasta añadiendo historias o ideas propias a su universo. También hay que mencionar otro factor importante: la marca, que también se registra por separado y tiene reglas completamente distintas. Dicho esto, vamos a hablar de diferentes casos que han tenido distintas resoluciones por las capas mencionadas anteriormente.
Slender Man
Posiblemente, el primer gran creepypasta de internet que fue más allá de una historia escrita. Fue creado por Eric Knudsen en 2009, durante un concurso de Photoshop para un foro, y durante los meses posteriores, más usuarios de dicho foro comenzaron a dar forma a la mitología alrededor de esta foto.
Es así como, en 2010, Sony aparece para comprarle los derechos del personaje a Knudsen. Sin embargo, el propio joven ya había registrado al personaje antes de que llegara Sony. Durante varios años no pasó mucho más, pero fue en 2018 cuando volvieron los problemas: la productora, durante el desarrollo de la película de Slender Man, denunció a Phame Factory por Flay, una película que tenía como villano a un personaje extremadamente parecido a Slender.
Sin embargo, Phame Factory respondió y aseguró que no infringía nada, ya que supuestamente el personaje estaba bajo los derechos del propio Knudsen. Pero aún quedaba una sorpresa más: resulta que en la Wiki oficial de Slender Man se nos revela que, si bien Knudsen era el creador, existía una persona anónima que poseía los derechos de explotación del personaje; por lo que todo lo mencionado anteriormente estaba condicionado por el permiso de esta persona. Este dueño, al estar ausente de todo esto, no ha intervenido en la pugna, por lo que al final todo quedó en un saco roto.
Aun así, hubo alguien que sí que lo hizo bien: Marble Hornets. Esta serie de terror colaboró conjuntamente con Knudsen para realizar Slender: The Arrival, siendo así uno de los pocos productos de este personaje que son 100 % legales a ojos de la justicia.
SCP Foundation
Este caso es diametralmente opuesto al de Slender. Nacida en 2008, SCP Foundation es una especie de enciclopedia de anomalías ficticias escritas por la propia comunidad. Desde prácticamente sus inicios, esta web fue clara con su producto: todo lo que se escriba o haga alrededor de estas obras está libre de derechos de autor.
Es decir, si una productora quiere hacer una película basada en alguna de estas historias, puede plagiarla por completo sin problema. Eso sí, al estar bajo la cláusula Share Alike de la licencia Creative Commons BY-SA 3.0, cualquier persona podrá copiar dicha obra sin ningún tipo de problema siempre y cuando se comparta bajo la misma licencia.
Esto parecía ser una victoria clara para la comunidad, pero alguien apareció en 2019: Andrey Duksin, un ciudadano ruso que había registrado como marca, un año antes, el nombre y el logotipo de SCP Foundation con validez en Rusia, Bielorrusia, Kazajistán, Kirguistán y Armenia.
Aquí aparece la cuarta capa: la licencia de Creative Commons permitía a cualquiera lucrarse con estas historias, pero el problema es que Duksin se aprovechaba de la marca y el logo que sí tenía registrados, que funcionan de manera muy distinta al contenido de CC.
Así se iniciaría una guerra en 2020 en la que el joven ruso se enfrentaba a una comunidad en busca de justicia. Más de 50.000 dólares fueron recaudados por la comunidad, pero su gran inversor fue el youtuber Markiplier, que amplió el capital a 140.000 dólares con un objetivo claro: que SCP Foundation fuera libre. Tras varios años de guerras judiciales, llegamos al 4 de julio de 2022, momento en el que Duksin perdió por completo los derechos y SCP volvió a ser libre en todo el mundo.
Jeff the Killer
Posiblemente, el caso que más encaja con la mayoría de Creepypastas. La imagen original se subió en 2005 en un sitio web de imágenes en japonés, pero un bulo en 2008 la catapultó a la fama y la convirtió en la imagen tan turbia que todos conocemos. Es aquí cuando aparece el término mencionado anteriormente: obra huérfana.
Al ser una imagen que sigue teniendo un autor desconocido, existe el peligro de que la persona que subió la imagen pueda reclamar varios años después todo el contenido relacionado con su imagen. Es por ello que no hay grandes proyectos relacionados con este creepypasta tan particular, ya que muchas productoras tienen miedo de que todos los millones invertidos en una producción puedan irse al garete de la noche a la mañana.
¿Quién cobra estos derechos de autor?
Otra de las grandes preguntas que nos viene a la mente sobre este tema es el tema económico, y en esto existen cuatro respuestas distintas con cuatro casos claros:
- Un autor identificable que cobra por su historia. Aquí nos encontramos con el caso de Candle Cove, escrito en 2009 y reeditado en 2015 por Kris Straub. Esta obra tiene un dueño claro y ayudó a que Syfy pudiera comprar los derechos para hacer una serie. De hecho, el creepypasta original ya no se encuentra disponible en la Wiki, ya que eso infringiría los derechos de autor de su obra.
- Un autor anónimo que no cobra. Como es el caso mencionado de Jeff the Killer anteriormente, o el famoso Experimento Ruso del Sueño, una historia bastante conocida que fue creada en 2010 por un usuario llamado OrangeSoda, y del que han salido libros y películas, pero ninguno de ellos ha recibido ninguna reclamación aparente por parte del creador original.
- Un autor que cuenta con los derechos desde el principio. En este apartado se añade, por ejemplo, Siren Head. En 2018, Trevor Henderson creó y registró el personaje de Siren Head y este año ha conseguido llegar a un acuerdo con Warner para realizar una película. Igualmente, Henderson permite que el público pueda hacer videojuegos y contenido relacionado con su criatura, eso sí, siempre de manera gratuita y sin ningún beneficio económico de por medio.
- Autor que es dueño total de su producto. Aquí podemos añadir a Alex Kister, creador de The Mandela Catalogue, pero también director de la adaptación al cine. Kane Parsons también entraría en este apartado, aunque, tras lo ocurrido con A24, podría tener diferentes capas de copyright.
USA vs. España
En este texto hay que tener en cuenta algo muy importante: los derechos de autor funcionan de manera muy distinta en diferentes regiones, sobre todo entre Norteamérica y Europa. Y es que existen tres artículos en el Texto Refundido de la Ley de Propiedad Intelectual española que hay que tener en cuenta en nuestro país:
- Artículo 6.2.: Cuando la obra se divulga de forma anónima o bajo seudónimo, el ejercicio de los derechos corresponde a quien la saque a la luz con el consentimiento del autor, mientras este no revele su identidad. Es decir, que puedes sacar un beneficio económico sin tener que saltar a la fama.
- Art. 27.1.: Los derechos de explotación de obras anónimas o huérfanas duran 70 años desde su divulgación lícita. Es decir, que en el caso de Jeff the Killer, tendríamos que esperar a 2075 para poder hacer una adaptación sin miedo a sufrir la ira del copyright.
- Art. 14.: El autor, aunque deje claro que libera los derechos de una obra, siempre tendrá la potestad de retirar cualquier contenido relacionado con su creación siempre y cuando dañe su reputación.
Ahora, conociendo todo esto, toca responder a la pregunta que nos hemos formulado al inicio del reportaje: ¿Cómo funciona la propiedad intelectual en los creepypastas? Pues depende de donde la escribe, de cómo lo cuenta y de quien lo crea; existen cuatro vías para el 99% de estas historias, y todo dependerá de esas tres cuestiones que hemos planteado. Así que cuando quieras saber quien es el dueño de un creepypasta, sigue uno de los cuatro caminos de baldosas amarillas que hemos pintado en este texto.
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La noticia ¿Qué ocurre con el copyright en los creepypastas? fue publicada originalmente en Vida Extra por Iván González .
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