Noticia Sé un loco, John

Sé un loco, John


Hola John.

Hace quince años escribí un artículo en forma de carta a un hombre que estaba a punto de heredar una de las responsabilidades más extrañas del mundo. Se llamaba Tim Cook y tenía que dirigir Apple después de Steve Jobs. La titulé Buena suerte, Tim, y quienes me conocen personalmente saben que aquel artículo significa bastante más para mí de lo que dicen sus palabras. Hay textos que uno escribe para contar algo y otros que, sin saberlo todavía, terminan contando también quién eras cuando los escribiste.


A Tim empecé hablándole de usted. Me duró exactamente dos párrafos, hasta que sentí que aquello no podía ser una carta si mantenía esa distancia entre los dos. Contigo, John, ni siquiera se me ha pasado por la cabeza intentarlo. Quizás porque ya te conozco personalmente, aunque sólo hayamos compartido unos minutos, o quizás porque después de más de veinte años analizando el mundo Apple uno acaba reconociendo ciertas cosas antes incluso de saber explicarlas.


Hay algo en ti que me resulta extrañamente familiar. Y quiero ser cuidadoso con esto, porque no voy a cometer la estupidez de decir que eres el nuevo Steve Jobs, ni creo que Apple necesite algo semejante. Tú todavía tienes que construir tu propia historia, cometer tus propios errores y, si tienes suerte, ganarte algún día tus propias comparaciones. Pero hay sensaciones que uno reconoce, y contigo he vuelto a sentir una que llevaba mucho tiempo guardada.

Hay cosas que uno reconoce​

Steve Jobs Sonriendo


Yo conocí a Steve como lo conocimos muchos de mi generación: a través de una pantalla, en un vídeo borroso y comprimido hasta lo imposible que alguien había conseguido subir a Internet. En mi caso fue en casa de mis padres, en una habitación que todavía tenía demasiadas cosas de adolescente, una noche cualquiera en la que el futuro parecía un lugar tremendamente lejano. No conocíamos realmente a Steve Jobs, por supuesto, pero de alguna manera conectábamos con él.


No era sólo por lo que decía, sino por cómo lo decía y, sobre todo, por aquella extraña sensación de que lo importante nunca era el ordenador que tenía encima de la mesa. Era lo que alguien iba a hacer con él al día siguiente, la bicicleta para la mente, las mil canciones en el bolsillo, aquel teléfono que parecía imposible. Había detrás de cada producto una intención que trascendía a la propia tecnología, una cierta insolencia y una voluntad casi infantil de empujar las cosas un poco más allá de donde se suponía que tenían que estar.


Eso es muy difícil de fabricar, mucho más que un procesador o una pantalla, porque tiene que ver con la capacidad de conectar con las personas. Por eso recuerdo tan bien lo que ocurrió el pasado 7 de junio, el día antes del último Apple Event de Tim Cook como CEO. Algunos medios estábamos en el hotel cuando apareciste por sorpresa para saludarnos, sin escenario, sin una pantalla detrás, sin una keynote ensayada y sin ningún producto que presentar. Sólo tú.

Aquel domingo antes de la WWDC26​

John Ternus 7 de Junio
John Ternus el pasado 7 de junio visitando el hotel de medios, previo a la WWDC26

Yo no me acerqué a saludarte. Me habría gustado hacerlo - y estoy seguro de que habrá tiempo -, pero aquel día preferí quedarme unos metros atrás observando cómo ibas hablando con la gente y, sobre todo, cómo la gente te miraba a ti. Puede parecer un detalle insignificante, pero quienes llevamos muchos años alrededor de Apple sabemos que algunas cosas importantes empiezan precisamente así, en pequeños gestos que no aparecen después en ninguna nota de prensa.


Durante unos segundos reconocí una sensación que creía guardada en otra época de Apple. Quince años antes había escrito sobre el día en que Steve Jobs apareció inesperadamente en la presentación del iPad 2 (su última keynote) y toda una sala se puso en pie para aplaudirle. Yo estaba allí. Entonces comprendí que aquello que desde fuera tantas veces se confundía con devoción por una marca era en realidad algo bastante más difícil de conseguir: respeto por alguien que había conseguido mantenerse fiel a una determinada manera de entender su trabajo.


Lo que ocurrió aquel domingo en el hotel no fue aún aquello, no quiero convertirlo en algo que no fue. Pero había algo en la cercanía, en tu forma de moverte entre nosotros, en las conversaciones y en las miradas de quienes se acercaban a saludarte que me resultó tremendamente familiar. Quizás sea ese pequeño sentido arácnido que desarrollamos quienes llevamos demasiado tiempo observando esta compañía, pero recuerdo perfectamente pensar que allí contigo había algo. Y me emocionó reconocerlo.

Tim hizo lo que Apple necesitaba​

Tim Cook Steve Jobs


Cuando escribí Buena suerte, Tim en 2011, Apple estaba viviendo uno de los momentos más difíciles de su historia precisamente cuando parecía estar en uno de los mejores. Steve Jobs había construido una compañía extraordinaria, pero también una compañía tan vinculada a su figura que resultaba legítimo preguntarse qué ocurriría cuando él ya no estuviera. A Tim le pedí entonces que no intentara convertirse en Steve, porque Apple no necesitaba una imitación de su fundador: necesitaba encontrar la forma de seguir adelante sin él.


Quince años después sabemos la respuesta. Tim Cook entendió perfectamente cuál era su trabajo y convirtió aquella Apple en una compañía mucho más grande, más poderosa y más preparada para enfrentarse al mundo de lo que probablemente cualquiera imaginaba entonces. Lo hizo como se hacen las grandes estrategias, con paciencia, colocando cada pieza cuando tocaba, jugando partidas que duraban años y construyendo alrededor de los productos una maquinaria económica, industrial y de servicios formidable.


Tim recibió una Apple que necesitaba demostrar que podía sobrevivir sin Steve Jobs. Tú recibes una Apple que ya ha demostrado prácticamente todo, con recursos, talento, tecnología y una capacidad industrial que aquellos dos locos que empezaron esta historia en 1976 difícilmente habrían podido imaginar. Y quizás por eso tu trabajo sea incluso más extraño: tienes que conseguir que una compañía que ya ha ganado vuelva a comportarse como si todavía tuviera algo que demostrar.

Necesitamos un loco, John​

Apple Infinite Loop 07769


Nadie quiere que seas otro Tim Cook y, desde luego, no vamos a tener otro Steve Jobs. Lo que Apple necesita ahora es algo mucho más difícil de poner en la descripción de un puesto de trabajo: necesitamos un loco, John. Uno de aquellos que aparecen en ese anuncio que todos hemos visto demasiadas veces y que, aun así, sigue explicando una parte esencial de lo que esta compañía debería ser.


Necesitamos a alguien dispuesto a equivocarse, a no caminar siempre por la línea recta sólo porque ya sabemos que conduce a un lugar seguro. Alguien capaz de ensuciarse en el barro, mirar una decisión perfectamente razonable y preguntarse qué ocurriría si Apple hiciera exactamente lo contrario. Alguien que alguna vez consiga que nos llevemos las manos a la cabeza delante de un producto porque no entendemos qué demonios estaban pensando en Cupertino.


Y espero, de verdad, que algunos de esos productos no funcionen. Espero que alguno fracase, que dentro de cinco años podamos señalarlo como uno de los grandes errores de tu etapa y que tú mismo puedas mirarlo sabiendo que, aun así, mereció la pena intentarlo. Conviértete en un explorador, fracasar de vez en cuando es el precio que pagan quienes todavía intentan llegar a lugares donde nadie ha estado, y Apple se encuentra ahora mismo en una posición privilegiada no sólo para poder permitirse ese riesgo, sino para tener la obligación de asumirlo.

Las diez estrías que nadie iba a ver​

Macintosh Firmas
El interior del Macintosh contiene la firma de sus creadores. Algo que sólo podrás ver si abres el dispositivo, cosa que Apple te advierte que no hagas.

Hay una historia sobre ti que me encanta. Al principio de tu carrera estabas trabajando con un proveedor en uno de los monitores de Apple y acabaste discutiendo, a altas horas de la noche, por un tornillo situado en la parte trasera. El tornillo tenía 35 estrías cuando Apple había especificado 25, una diferencia absurda en una pieza que prácticamente nadie iba a mirar jamás.


Puede parecer una absoluta estupidez, y espero que siga pareciéndoselo a todo el mundo menos a ti. Apple también se construyó así, preocupándose por cosas que aparentemente no importaban, haciendo precioso el interior de algo que nadie iba a abrir y dedicando tiempo a una curva, un sonido, una animación o la sensación exacta de cerrar una tapa. Son detalles imposibles de colocar en una gráfica de resultados, pero también son los que consiguen que un objeto se convierta en algo más.

Tornillo Estrias Ternus Aps


Años después explicaste aquella historia diciendo algo tremendamente sencillo: si vas a dedicar tanto tiempo a hacer algo, deberías poner en ello tu mejor esfuerzo. No pierdas eso cuando lleguen las reuniones del consejo, los resultados trimestrales, la geopolítica, la inteligencia artificial y todos los problemas que inevitablemente acabarán sobre tu mesa. Quizás una de las cosas más valiosas que puedas llevar al despacho del CEO sean precisamente esas diez estrías de más en un tornillo que nadie iba a ver.

No vendas tecnología, crea herramientas​

Ipad Pro What S A Computer Apple 0 55 Screenshot
"What's a computer?"

Hay otra frase tuya que dice mucho más de ti que cualquier biografía corporativa. Has explicado que en Apple no pensáis en lanzar una tecnología, sino en cómo utilizar una tecnología para crear productos extraordinarios. Parece una diferencia semántica, pero en realidad contiene buena parte de la filosofía que convirtió a Apple en lo que es y explica por qué tu llegada en este momento puede ser tan interesante.


Tendrás inteligencia artificial, nuevos chips, nuevos materiales, nuevas pantallas y tecnologías que hoy probablemente ni siquiera conocemos. También tendrás competidores corriendo en todas direcciones, mercados empeñados en decidir cada seis meses cuál será la siguiente revolución y analistas preguntando por qué Apple todavía no ha hecho aquello que otra compañía presentó la semana anterior. No corras detrás de ellos sólo porque parezca que todo el mundo está corriendo.


Escucha a la gente, pero no demasiado.
Descubre aquello que la gente todavía no sabe que quiere. Haz productos, conviértelos en herramientas. Que nazcan con una razón, con una idea detrás y con la voluntad de que resuelvan algo más importante que la necesidad de poder anunciarlos. Apple nunca fue especialmente interesante cuando intentó llegar la primera a un sitio; lo fue cuando consiguió llegar de una forma tan evidente que, de repente, parecía que aquel sitio siempre había estado esperándola.

El momento de los locos​

John Ternus A Crazy One


Hace quince años imaginé a Tim Cook solo sobre un escenario antes de su primera keynote como CEO, mirando el lugar donde estaba a punto de comenzar una nueva etapa. Pensé entonces en el vértigo que debía sentirse al recibir el timón de Apple después de Steve Jobs y acabé aquella carta pidiéndole algo muy sencillo: que respirara y fuera valiente. Después le deseé buena suerte.


Contigo no quiero hacer lo mismo. No porque no vayas a necesitar suerte, sino porque creo que ahora Apple necesita otra cosa de quien se siente en ese despacho. Tienes una compañía extraordinaria, algunas de las mejores personas del mundo, el legado de dos líderes que transformaron Apple de formas completamente diferentes y recursos con los que aquellos dos locos de 1976 ni siquiera podían soñar.


Quiero que nos sorprendas, que alguna vez nos enfades y que tomes decisiones que no entendamos. Que canceles cosas que nos gustaban, que construyas otras que nadie haya pedido y que alguna vez tengas que subir a un escenario a defender algo mientras medio mundo se pregunta para qué demonios sirve. Quiero volver a sentir esa maravillosa incomodidad de estar delante de algo que todavía no entendemos y descubrir, unos años después, que aquello que parecía absurdo se ha convertido en el puto presente.


Así que no tengas demasiado cuidado. Ensúciate, equivócate, sorpréndenos. A ti te deseo coraje, valentía y las agallas para no limitarte a cuidar la Apple que recibes, sino para atreverte a construir la que todavía no conocemos. Después de veinte años observando esta compañía, algo me dice que tienes dentro esa pequeña dosis de locura que hace falta para mirar el mundo y pensar que puedes cambiarlo. Todos sabemos ya que significa eso.


Sé un loco, John. Estábamos esperándote.

En Applesfera | Sección "conectando los puntos"


-
La noticia Sé un loco, John fue publicada originalmente en Applesfera por Pedro Aznar .

Continúar leyendo...