Si por algo conozco a Pearl Abyss es por ofrecer a cada ocasión que tiene Black Desert Online completamente gratis, pero mi alergia hacia los MMORPG me impide aprovechar la oferta. Con todo, los más de 20.000 jugadores que se congregan en Steam demuestran que hay algo, o varias cosas, que están haciendo muy bien desde la desarrolladora afincada en Corea del Sur.
Highguard es el último ejemplo de que reunir a un grupo nutrido de usuarios no es una tarea sencilla y mucho menos en un género con propuestas tan potentes. Desde el 2017 se ha demostrado que hay talento a la hora de conformar experiencias online, con toques de fantasía y buenas dosis de RPG, por lo que Crimson Desert parecía un salto hacia adelante en el género para Pearl Abyss. Una precuela basada en el mismo universo sonaba interesante para la comunidad, pero los planes cambiaron.
El motor gráfico BlackSpace Engine se utilizó para dar forma a una experiencia para un solo jugador y así convertirse en uno de los videojuegos más esperados de los últimos años. El estudio no ha tenido ningún reparo en esconder lo que ha estado creando hasta el momento, ya que son varios los gameplays y vistazos en profundidad hacia un mundo abierto que me asusta demasiado.
La ambición como objetivo
Pearl Abyss ha compartido un vídeo mostrando qué es lo que podemos aguardar de la historia de Kliff, el líder de una agrupación conocida como los Melenas Grises. Los Osos Negros deciden realizar un ataque devastador contra ellos, lo que produce que todos se vean separados y nuestro protagonista tenga que embarcarse en un viaje de venganza y redención. Evidentemente, la premisa personal comenzará a entremezclarse con una catástrofe de proporciones colosales que hay que evitar.
El Abismo es la amenaza que está arrastrando a Pywel hacia el caos más absoluto y es precisamente en el territorio donde se ha puesto el foco. De hecho, hay hasta cinco regiones principales a tener en cuenta:
- Hernand – Naturaleza abundante; punto de inicio.
- Pailune – Hogar de los Melenas Grises.
- Demeniss – Centro político y militar.
- Delesya – Región avanzada en ciencia y tecnología.
- Desierto Carmesí – Yermo hostil gobernado por la ley del más fuerte.
De la estética medieval occidental, pasando por un terreno sacado de las montañas japonesas hasta un enorme desierto, todo intenta rezumar personalidad. Cada una de las poblaciones cuentan con familias, casas nobles, facciones, comercio y una sociedad que vive de forma independiente, todo ello regado con un bestiario y mitología propia de la fantasía.
Lo sorprendente es que Kliff no será el único personaje jugable de la aventura, ya que podremos tomar el control de otros dos más con estilos de combate distintos y habilidades y armas propias. Misiones secundarias por un tubo, eventos en tiempo real mientras exploramos, recursos para reconstruir el asentamiento de los Melenas Grises y una capacidad de avanzar bajo nuestras propias normas fundamentan los pilares de un título que persigue una ambición sin límites.
Hay suficientes elementos en pantalla reconocibles de otros videojuegos; la escalada e islas flotantes de The Legend of Zelda; la sensación de sandbox de Rockstar Games y la profundidad ambiental de CD Projekt. Son solo tres ejemplos de desarrolladoras que, cada una a su modo, han sabido definir los mundos abiertos desde la década pasada. Se puede ver un grado de interacción con el entorno brutal, ya sea usando enemigos como escudos, aprovechando el agua para conducir la electricidad o resolver puzles utilizando las físicas.
Todo raya un nivel excelso que parece convivir tanto de forma aislada como en conjunto de una forma difícil de creer. Los límites no existen y Crimson Desert se aproxima demasiado a la definición de videojuego perfecto en un mundo abierto inverosímil.
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Algo tiene que fallar... ¿no?
Espadas, lanzas, arcos, habilidades elementales, mechas futuristas, dragones mitológicos... todo ello puede utilizarse en Pywel para desatar nuestra furia. Todo ello regado con una capacidad de improvisación bestial en batalla, ya sea usando combos o subiéndonos incluso a lomos de los contricantes como si estuviéramos en Dragon's Dogma 2. Existe un sistema de búsqueda y la policía te perseguirá si cometes delitos, del mismo modo que esa montaña que ves a lo lejos puede ser escalada sin problemas.
Poder volar, caer desde los cielos, cabalgar sobre un corcel, puedes talar árboles y quemar la madera para calentarte y hasta el día, la hora, la ubicación y la temperatura son visibles en el minimapa como si se tratase de alguna mecánica de supervivencia. Es... demasiado bueno para ser cierto. No puede ser que se den la mano tantísimas mecánicas, sistemas y patrones a la vez, con una maestría tan impresionante como hemos visto hasta ahora y todo funcione como un reloj suizo.
Parece uno de esos videojuegos que rozan lo enfermizo y que están reservados para dos o tres estudios en todo el planeta. Además, a nivel gráfico estamos hablando de un auténtico espectáculo, que no requiere más allá de una RTX 2080 para obtener la mejor experiencia en PC y que posee una distancia de dibujado descomunal. ¿Es Pearl Abyss uno de los tocados por la varita para sorprendernos de esta forma?
Espero que sí, desde luego, y el 20 de marzo saldremos de dudas en PS5, Xbox Series X/S y PC, pero unas gotas de escepticismo van a permanecer en mí. Un pasado enfocado en ser un poderoso MMORPG no puede haber desaparecido por completo, hasta el punto de que no se note de ninguna forma. Quién sabe qué sucederá cuando cientos de miles de personas, pero bebe de tantas partes Crimson Desert que parece que se va a ahogar.
Algo me dice que las misiones serán pochas, que narrativamente no será la gran cosa, que terminará por sumirnos en un bucle repetitivo o que sus rompecabezas no tendrán algún atractivo. Parezco empeñado en que se produzca la gran patinada del 2026, cuando en realidad debería dejarme llevar por las expectativas e ilusionarme sin remedio.
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La noticia Tengo miedo de que el mundo abierto de fantasía que viene desde Corea del Sur sea demasiado bueno para ser cierto fue publicada originalmente en Vida Extra por Juan Sanmartín .
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