Mi interés por los videojuegos con una ambientación lovecraftiana ha ido en aumento a lo largo de los últimos años. Estas propuestas tan siniestras y con elementos sobrenaturales han logrado generarme un gran interés y por eso había puesto el punto de mira a The Sinking City 2, la secuela desarrollada por Frogwares que llegará dentro de unas cuantas semanas para hacernos pasar un verano de lo más espeluznante.
Estos días he tenido la oportunidad de probar un avance de dos partes de esta nueva entrega para hacerme una idea de qué ha cambiado y en qué ha mejorado (y empeorado) esta continuación. Sobre todo, lo que más me interesaba comprobar era si sus creadores habían aprendido de sus errores y habían mejorado las partes tan criticadas del título original, porque desde luego había bastante margen de mejora.
Sin embargo, con lo que me he encontrado ha sido con un caso realmente extraño. Si bien es cierto que la compañía ha tomado buena nota a la hora de optimizar aquello en lo que fallaba su predecesor, la impresión que me ha dado es que ha sido a costa dejar todo lo demás de lado. Principalmente porque el juego ha pasado de ser una aventura de investigación con alguna dosis de acción a convertirse en un survival horror puro y duro en el que la investigación queda relegada a un segundo plano.
Para empezar, los personajes son otros, al igual que la ciudad en la que tienen lugar los acontecimientos. Lo que sí se mantiene idéntico es el hecho de que una misteriosa inundación ha arrasado con todo, convirtiendo las calles en territorios destartalados que desprenden una atmósfera de soledad realmente abrumadora. Desde luego, he de admitir que se nota que se ha puesto más empeño en crear un juego más siniestro porque la ambientación no para de ponerte los pelos de punta y obligarte a permanecer alerta en todo momento.
Ya no solo por la iluminación al adentrarte en edificios en los que prácticamente no se ve un pimiento si no fuera porque tienes a tu disposición una linterna, haciéndote creer siempre que algo malo va a pasar al doblar una esquina, sino también por el apartado sonoro que logra mantenerte en vilo constantemente. Eso sucede sobre todo con elementos que se escucha cómo se rompen por el escenario y gritos estremecedores que se oyen de fondo.
Teniendo en cuenta que el sistema de combate era totalmente nefasto en el anterior juego, era lo que más me interesaba comprobar en esta secuela. Sin duda, se ha depositado un mayor énfasis en este terreno que deja bastante claro por qué es un survival horror, dado que la munición abunda por su ausencia y he estado en numerosos momentos contra las cuerdas y conservando cualquier bala para no quedarme totalmente vendido contra las terroríficas criaturas que aparecen.
La mayoría de ellas son como una especie de arañas que aparecen de repente y por los sonidos que emiten, así como su forma de desplazarse, he de reconocer que me ponían en bastante tensión. Además, estas eran capaces de aparecer por cualquier parte, por lo que resultaba imposible relajarse, pero lo que me ha sorprendido es que me he cruzado en muchas ocasiones con personajes similares a zombis, como si fuera un Resident Evil.
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A falta de tener un mayor contexto de la trama y qué ha sucedido o por qué se producen ciertos fenómenos sobrenaturales, parecen humanos infectados por unos gusanos que han provocado que su cuerpo acabe mutando, hasta el punto de generar unas protuberancias en sus cuerpos que se convierten en sus puntos débiles. En enfrentamientos de uno contra uno no he tenido mayor problema y me alegra que los tiroteos, así como los golpes cuerpo a cuerpo, se hayan perfeccionado y ya no resulten una auténtica odisea acabar con cualquiera.
El inconveniente con el que me he encontrado es que si se juntan dos o más enemigos sí que supone un grave problema, como en una habitación en la que me aparecieron cuatro de estos personajes infectados y morí en un santiamén. Aun así, esta vez he de reconocer que el sistema de combate me ha parecido de lo mejor de esta segunda parte, así que bien por el equipo de Frogwares por haber hecho los deberes y haber llevado más lejos todavía esa ambientación tan aterradora.
Eso sí, no esperéis encontraros una jugabilidad similar a la del anterior juego, porque aquí ya no consiste en hablar con habitantes de la ciudad, recorrer sus pacíficas calles y resolver casos. Todo ello ha desaparecido por completo, porque prácticamente estás solo frente a los numerosos peligros y amenazas que habitan en la ciudad, cualquier lugar puede transformarse en tu tumba y aquí ya no se ejerce de detective en ningún momento. Eso no quita que se haya mantenido algunos toques de investigación, pero tampoco algo demasiado profundo.
Básicamente, estos momentos consisten en recolectar pistas u objetos que puedan ser de gran ayuda para resolver puzles, como combinaciones de números en los candados o el orden en el que se deben de colocar los símbolos de una figura. Por eso mismo, es determinante buscar cualquier cosa que te indique qué hacer, de ahí que desde el menú se puedan unir los documentos que has ido pillando hasta dar con la respuesta que estabas buscando.
Asimismo, si bien sigue haciendo falta agudizar la vista para no pasar nada por alto, el mapa resulta de gran ayuda con toda clase de indicaciones de los puntos más relevantes en los que puedes utilizar las llaves o artículos que recojas por el camino. Pero todas aquellas habilidades sobrenaturales con las que contaba Charles Reed, el anterior protagonista, han desaparecido para enfocar más la jugabilidad a la supervivencia y la acción.
Personalmente, creo que ha sido un error, porque en un conjunto general da la impresión de que el juego ha perdido su identidad al recoger todo lo bueno que tenía y empeorarlo y viceversa. Naturalmente, eso no quita que sea un gran juego y más si vienes de no jugar al anterior título, de lo contrario puede causar alguna decepción el que se haya alterado tanto la jugabilidad en determinados aspectos. En cualquier caso, me gustaría descubrir hasta qué punto afectará la pérdida de cordura, porque de momento lo único que he apreciado es que solo funciona como barra de vida sin más.
The Sinking City 2 me ha dejado con sensaciones encontradas y no quiero realizar un veredicto tajante sin comprobar a fondo qué más puede ofrecer esta secuela para descubrir en qué más ha cambiado o qué se ha mantenido. Lo que está claro es que aquellos que adoren los survival horror harían bien en seguirle la pista al juego, sin ser tampoco algo revolucionario o que vaya a ser de lo mejor de este año, pero al menos sí que quiero darle una segunda oportunidad a esta segunda parte cuando llegue en verano.
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La noticia The Sinking City 2 ha perdido su identidad por el camino al convertirse en un aterrador survival horror fue publicada originalmente en Vida Extra por Sergio Cejas (Beld) .
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