Uno de los principales, sino el principal atractivo de una consola son los juegos disponibles en ella. En un mundo donde el multiplataformismo apenas deja resquicios para los exclusivos, Nintendo Switch 2 se erige como la plataforma donde no sólo encontrar títulos distintos, sino unos que se juegan también de forma distinta. En el pasado esa era la seña de identidad de una Gran N que apostaba por esquemas de control y gimmicks de todo tipo, y con una máquina tan continuista como Nintendo Switch 2 podría parecer que eso también se ha esfumado.
Pero nada más lejos de la realidad. Jugando recientemente a Pragmata, me di cuenta de cómo la plataforma puede moldear la experiencia, y viceversa. Os comentaba en el texto cómo el diseño del título permitía disfrutar de la aventura de Diana y Hugh de una forma distinta al resto de versiones, y eso es algo en lo que ya llevaba un tiempo pensado. El responsable de ello era Tomodachi Life.
Durante la preview ya puse las cartas sobre la mesa: no soy un acérrimo fan de la franquicia y los juegos sociales/creativos están en las antípodas de lo que yo suelo buscar en este hobby. Y sin embargo era muy fácil encontrar las virtudes de Tomodachi Life: Una vida de ensueño. Me refiero a las capacidades de personalización de tu isla y personajes, a las dinámicas que se generan entre ellos y al potencial para crear narrativas emergentes del título de Nintendo.
Una experiencia distinta
Acostumbrado a largas sesiones de juego, tanto por cuestiones como el trabajo para llegar a los análisis y cumplir con los embargos, como por mi propio gusto por los juegos densos como los RPGs o los simuladores, Tomodachi Life: Una vida de ensueño fue una experiencia refrescante por cómo se convertía en un mejor juego al dedicarle 15-20 minutos todas las noches antes de dormir.
Es perfectamente posible jugar más tiempo en una única sesión, yo mismo lo he hecho e incluso es interesante cuando quieres realizar tareas más exigentes como reordenar la orografía de la isla, crear un puñado de personajes o diseñar objetos mediante la herramienta interna de Tomodachi Life. Sin embargo, lo que considero que es el núcleo de la experiencia, se ve reforzado por estas pequeñas partidas donde cada cosa que sucede gana más relevancia.
Recoger el dinero que has logrado, gastarlo en los objetos disponibles en la tienda, repasar las inquietudes de los vecinos y finalmente presentar a tu nuevo Mii a todo el barrio; ese es un bucle jugable bastante posible y con el que Tomodachi Life funciona. No me entendáis mal, hay variedad en las situaciones, especialmente por la progresión más de videojuego tradicional que implica conseguir nuevos objetos, ropa o edificios con los que interactuar, pero no creo que esté ahí la enjundia del título.
Recibirás tanto como estés dispuesto a darle
La clave está en casar el ofrecer una experiencia relajante que nunca te va a estresar con misiones o listas de tareas, con un juego que que crece con el tiempo que le dediques y que es tan interesante como creciente sea tu compromiso con tu isla. Esto se aprecia con sistemas como la subida de nivel de los personajes, que ocurre cada vez que les haces caso y les cuidas, permitiéndote darles animaciones características o muletillas propias.
Lo que arranca siendo diálogos más o menos genéricos, aunque siempre graciosos por el tono propio de Loquendo que tienen los personajes, acaba por transformarse en un galimatías de muletillas, conceptos prestados por el jugador y diálogos de besugo que no paran de autorreferenciarse a sí mismos. Dos de mis personajes se enfadaron porque tienen visiones contrapuestas de cómo debería ser comer donettes; y a ti te pueden pasar cosas mucho más raras.
Tomodachi Life vive usando virtudes que son armas de doble filo. Porque el límite del videojuego es la creatividad del jugador, y eso es poco determinista. He visto a compañeros de la prensa realizar todo tipo de proezas con el sistema de dibujo pixel a pixel, el cual te permite personalizar casi cualquier tipo de objeto, prenda o incluso vivienda de los Mii.
Eso hace que me esté perdiendo una parte realmente importante de Tomodachi Life, precisamente la que hará que el título vaya a ser un fenómeno en Internet, foros y redes sociales una vez se lance; algo que por cierto ya sucedió con una demo que apenas dejaba crear tres personajes frente a las decenas y decenas de la versión final. Aquí tengo que actuar como analista y no como jugador egoísta; ya sabía que ese apartado no es para mí, pero no voy a cargar las tintas contra él y quien compre el juego debe saber si le sacará punta o no.
Más accesible a todos los jugadores creo que es el sistema de personalización de los Mii, que al final es la principal puerta de entrada a otro tipo de creatividad. Estoy hablando de la conformación de tu pueblo, de quiénes son tus ciudadanos y qué relación guardas con ellos. Puede ser tan simple como crear a toda tu clase, familia o compañeros de trabajo y ver que sucede entre ellos con el paso de los días; pero también hay risas aseguradas si optas por diseñar a todo el vestuario del Real Madrid y compruebas que nadie traga a Mbappé.
Esas islas temáticas creo que son una de las cosas más divertidas y accesiblemente creativas que todo jugador puede hacer. De hecho, yo mismo me he animado a mezclar amigos con personajes de ficción, deportistas y famosos, conformando un totum revolutum donde la diversión está en si mi amigo Fran le "ofrece un pitillo" a Buffy Cazavampiros o si Enrique tiene un enfado con Shigeru Miyamoto.
En Vida Extra
Nintendo fusiona la narrativa emergente con la comedia absurda en Tomodachi Life: Una vida de ensueño
Tomodachi Life es un juego que es tan fácil de recomendar como de hacer lo contrario según el perfil de la persona con la que hables. Creo que habrá mucha gente que se lo va a pasar genial con él, pero también un importante grupo al que no apela en absoluto. En una industria donde hay ausencia de grises y todo se mide en si pasas del 80 en Metacritic, es refrescante cómo Una vida de ensueño te hace plantearte que no hay una ecuación para medir todo lo que ofrece el próximo exclusivo de Nintendo.
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La noticia Un videojuego puede ser bueno y no para todo el mundo. Tomodachi Life: Una vida de ensueño lo demuestra fue publicada originalmente en Vida Extra por José Ángel Mateo .
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