Llego un poquito rezagado. Lo sé, soy muy consciente. La fecha de embargo y lanzamiento de Crisol: Theater of Idols se me echó encima. Me faltó tiempo debido a un par de inconvenientes y a que todavía no había explorado bien los apartados necesarios para el enfoque que quería darle a este artículo. Y es que creo que este juego merece mucho más que un análisis estándar por puntos. Ni siquiera creo que esté analizando en el sentido estricto de la palabra.
Si te soy sincero, quiero "quitarme de encima" cuanto antes los aspectos negativos de Crisol. No porque carezcan de importancia, ni mucho menos, más bien porque no quiero que sean los protagonistas. Así que debes saber que el rendimiento en PS5 necesita un poquitín de amor: el framerate tiene momentos puntuales inestables y hay microtirones al realizar ciertas acciones que no dejan que la experiencia se sienta totalmente fluida.
El rendimiento no es un gran drama en comparación con el peor aspecto del juego con diferencia, al menos en mi opinión: el FOV o campo de visión en PS5. Es muy bajo y los 10 puntos que puedes aumentar en los ajustes son irrisorios. Ha sido un poco incómodo, al igual que la falta de opciones para remapear los controles del DualSense: ¿recargar al L1?
Vermila Studios, con cariño: casi me volvéis loco. Entiendo la decisión de utilizar el cuadrado para el giro rápido, pero poder cambiar esos dos botones habría estado muy bien para alguien que lleva más de dos décadas recargando con el cuadrado. Y nada más. Por suerte, todo lo que me ha parecido negativo del juego se puede arreglar con actualizaciones. Llegarán, no me cabe duda. Zanjado este prólogo negativo, aunque necesario, vamos a mi parte favorita.
Crisol: Theater of Idols: cuando la poesía se convierte en videojuego
Estoy total y perdidamente enamorado de Crisol: Theater of Idols, incluso con sus defectos. Lo he pasado muy bien durante las 15 horas que le he dedicado para realizar este artículo, de las cuales alrededor de 10 horas han sido para la campaña (gracias, Vermila Studios, por hacerlo corito) y el resto para hacer pruebas relacionadas con la dificultad. Porque este artículo va precisamente de esto.
No soy fan de los videojuegos de terror, aunque hay excepciones puntuales como Dead Space y los remakes de Resident Evil (2, 3, 4), y mucho menos cuando son en primera persona. Lo intenté con Resident Evil 7 y no terminó de calar. Este dato es importante porque Crisol bebe mucho de esta franquicia y creo que no tanto de otros juegos que se han mencionado, como BioShock. Entiendo los símiles, pero no los comparto. Si he disfrutado tanto, ha sido gracias al balanceo de su dificultad.
Crisol cuenta con tres niveles de dificultad y una cuarta opción para personalizar por completo tu experiencia. He jugado en Novicio (la más baja) y he realizado pruebas en Penitente y Mártir para ver el contraste. Mi aventura ha sido un paseo con algunos momentos tensos, un par de sobresaltos y una permisividad más que razonable a la hora de fallar balas. He vivido más que sobrevivido y esa es justo la experiencia que buscaba al iniciar el juego. Mi objetivo no era tanto el desafío como disfrutar de la historia, el arte y la acción sin sentirme ahogado. "Dios aprieta, pero no ahoga", algo así.
Esto no quiere decir que no haya sentido la presión de su elemento estrella a nivel jugable: la munición de las armas. Crisol transforma la acción de recargar en una penitencia en el sentido más estricto de la palabra: tienes tanta munición como vida. Ambos aspectos comparten una misma barra. Fallar balas duele en todos los sentidos, incluso en la dificultad más fácil y especialmente con las armas más poderosas. A más poder, más sangre (vida) te drenan. También duele en el sentido físico, pues las animaciones de recarga y el sonido del personaje quejándose son un detalle que refuerza el sentimiento de ser un penitente. Lo bueno es que el gunplay es satisfactorio y las armas son precisas.
Sé que a priori puede abrumarte que las armas se alimenten de tu vida, pero créeme que nadie con un mínimo de habilidad debería tener problemas en dificultad Novicio. Los enemigos hacen poco daño, las armas drenan menos y hay tantos cuerpos y agujas por el mapa que no vas a poder cargar con todo. La cosa cambia en Penitente y Mártir, obvio. Más con un diseño de escenarios tan bueno: son simples, pero tienen su miga. Dolores, que hace las veces de Mr. X o Nemesis, y la mayoría de puzles tampoco representan un problema en esta dificultad... aunque en un par de ocasiones casi me cuestan la paciencia. Uno de ellos lo consiguió, pero resultó que tuve un pequeño bug que debería estar solucionado.
- NOTA: si te atascas demasiado en el puzle de los seis nombres de mujeres, no digo más para evitar spoilers, y crees que tienes la respuesta correcta, prueba a guardar y a reiniciar el juego. A mí me costó unas cuantas horas y una consulta a Vermila Studios.
Esto, que para muchos es cobardía, para mí es un gran punto positivo porque facilita que cualquier persona pueda disfrutar de Crisol. Y créeme, todo el mundo debería jugar a Crisol. Para mí, experimentar esta joya indie debería ser casi obligatorio... más si eres español.
Poesía, orgullo y pasión
Crisol: Theater of Idols es un videojuego ambientado en Hispania, una versión alternativa de España, y desarrollado por un estudio español. Y se nota. La ambientación, el arte y todo lo que tiene que ver con el apartado gráfico es una absoluta maravilla (con mayúsculas) y se inspira de una forma retorcida en muchas de las cosas que han representado a España a lo largo de su historia. Basta tener un mínimo de cultura y pasión por esta tierra para sentir orgullo mientras recorres las calles de Tormentosa.
La intro y el outro del juego citan "La Vida es un Sueño" de Pedro Calderón de la Barca y dos de sus temas principales, "Volverán las Oscuras Golondrinas" y "El Enamorado y la Muerte" (ambos temazos increíbles), son claras referencias a los poemas de Gustavo Adolfo Bécquer y Juan del Encina, respectivamente. Las tres obras están estrechamente relacionadas con la historia y cuentan con más de una versión en forma de canción.
Las marionetas y cabezones que ves por el mundo me han recordado a los ninots de las Fallas de Valencia; la iconografía religiosa está inequívocamente inspirada en nuestra tradición cristiana y puedes ver tronos similares a los que se pasean por las calles en Semana Santa. Algunos rezos parafrasean los que conocemos de toda la vida. Vidrieras, cuadros, capillas, iglesias y catedrales recuerdan a España. Los dos cultos principales del juego son El Sol y El Mar, iconos de nuestra tierra.
La adorable Mediodía no puede representarnos más: risueña, algo burlona, con expresiones muy de aquí en su versión española (Henar Hernández) y que viste un traje cordobés. ¡Estoy prendado de Mediodía! Y hablando de voces en español, el doblaje es tan genial como todo el sonido del juego: Gabriel es el mismísimo Mario García, voz del Spider-Man de Tom Holland, y el Padre Arroyo tiene el vozarrón de Rafael Azcárraga, conocido como Kratos en God of War.
Digo más, Tormentosa me ha recordado a varios pueblos de mi tierra, Andalucía, con sus calles estrechas y plazoletas, puestecillos, terrazas con bebidas y comida, y hasta una pequeña feria que invade una plaza escondida. El interior de las casas me ha traído recuerdos de mi paso por dichos pueblecitos. Hay carteles que anuncian corridas de toros y uno de los episodios se desarrolla en un tablao. Resulta complicado que un andaluz (y cualquier español) no se sienta como en casa en Crisol. También hay bromas y referencias a otras obras de todos los ámbitos.
Tengo tanto que decir sobre Crisol: Theater of Idols y siento que me dejo otras tantas cosas en el tintero... ¡Maldita sean los spoilers que me impiden hablar de la historia! Solo diré que lloré un poquito. Una publicación no es suficiente. Ni de lejos. Puede que me haya pasado de extensión incluso después de horas de reflexión y organización de ideas. Yo siento que me quedo corto.
En conclusión, Crisol: Theater of Idols es pura poesía
Crisol: Theater of Idols está lejos de ser perfecto y quizás no pueda compararse con los proyectos gigantescos AAA de inversiones millonarias, y aun con esas creo que tiene una autenticidad que la mayoría de estos últimos no puede empezar ni a soñar. Los proyectos en sí, no sus desarrolladores.
Si Crisol me apasiona tanto y he invertido más tiempo del habitual en este artículo es porque realmente he visto/sentido la pasión y el esfuerzo de Vermila Studios. Hacer un FPS estilo Resident Evil que sea divertido y aterrador ya es un logro, pero dotarlo de una autenticidad y personalidad como la descrita en estos párrafos es una odisea muy, muy diferente. No solo por el trabajo de diseñar y programar, sino también por el enorme trabajo de investigación sobre nuestra cultura e historia. Y todo esto con una dificultad balanceada y opciones de personalización para que cualquiera pueda vivirla a su manera.
¿Mi recomendación? Juega a Crisol: Theater of Idols. Cuesta menos de 20 euros, está en PC, PS5 y Xbox Series X/S y dura una media de 10-12 horas a un ritmo normal. Juégalo en Novicio, Penitente, Mártir o con los ajustes que te salgan del santo aparato, pero juégalo y empápate de este universo. Y cuando acabes, entenderás cada palabra de este artículo. Te lo aseguro.
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La noticia Crisol: Theater of Idols es uno de los poemas más bonitos y terroríficos que he jugado en toda mi vida fue publicada originalmente en Vida Extra por Alberto Martín .
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