
No es que todos los videojuegos deban entrar por los ojos, pero el caso de Kill the Brickman es absolutamente opuesto a cualquier planteamiento previo en una producción. No puedo negar lo que he estado viendo durante 10 horas y es que el título apadrinado por poncle, padres del legendario Vampire Survivors, es realmente terrible en su apartado visual.
Un roguelike por turnos inspirado en los juegos arcade que consiste en destruir bloques es la propuesta que ha puesto encima de la mesa Doonutsaur, un estudio que apenas tiene un par de proyectos a sus espaldas. La idea es tan sencilla como estrambótica: utilizar un revólver para disparar "blocoides" en mitad del espacio sideral para evitar una invasión a la Tierra.
El tutorial de Kill the Brickman es el único asidero al que anclarnos para entender qué demonios está sucediendo y las instrucciones sobre lo que debemos hacer son más bien escasas. Que uno de los puntos flacos de tu juego parta de un necesidad tan básica como explicar al público cómo funcionan tus sistemas es preocupante, pero lo cierto es que la obra patina al no exponer muchos de los escenarios en los que nos encontraremos.
Es todo realmente confuso, se pasa muy por encima la distinción de los diferentes blocoides y terminas abocado al ensayo y error directamente en las partidas. La claridad en pantalla brilla por su ausencia durante las primeras tomas de contacto, pues los blocoides parecen iguales, es difícil de entender el terreno de juego y el arte parece pasado por una licuadora.
¿Es posible confiar en Kill the Brickman después de semejante lluvia de varapalos? Lo cierto es que... sí, incluso para mi sorpresa. Si he jugado las mencionadas 10 horas no ha sido por capricho, sino porque he encontrado el placer y la dinámica que creo Doonutsaur desea que toda su audiencia experimente. La han tapado bajo una capa de mediocridad gráfica y visual, pero existe un videojuego con ideas propias debajo de ella.

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Una vez tienes el control del revólver, es momento de llenarlo de balas de colores, cada una con efectos diferentes; las verdes provocan corrosión, las azules se multiplican y las rojas producen explosiones masivas. Dependiendo del peine o tambor que tengas, tendrás acceso a más espacios en la recámara, que a su vez potencia diferentes virtudes de las propias balas. Junto a un puñado de reliquias con habilidades especiales, es momento de acabar con una cantidad determinada de blocoides.
No hay ningún sentido en lo que haces, no intentes verle alguna lógica narrativa a Kill the Brickman porque te vas a hacer daño. Tan solo ten en cuenta que cada disparo cuenta, los rebotes de las balas hay que aprovecharlos al máximo y cada uno de los bloques que aparecen hay que tenerlos radiografiados al milímetro. Me he visto disparando a una suerte de hospital en forma de bloques para aumentar el número de rebotes, haciendo lo propio con portales dimensionales que transportan las balas a otro punto del nivel o castigando con dureza a un blocoide que parece un funcionario amargado.
Los blocoides tienen cara de mal humor, espanto o alguna expresión realmente desagradable, representando de forma satírica alguna que otro caputllo que todos nos hemos cruzado en la vida. Verlos reventar es divertido, calcular sus debilidades es entretenido y cargarse con misiones secundarias para poner más difícil la tarea se plantea como un reto. No es nada sencillo superar los desafíos que va poniendo por el camino Kill the Brickman y ahí es cuando te engancha durante unas cuantas horas.

Sin embargo, a pesar del entretenimiento entre niveles acudiendo a la tienda para mejorar las prestaciones, me he topado con una barrera difícil de derribar. La curva de dificultad es bastante pronunciada y, en ocasiones, hace lo que le da la gana y estarás completamente vendido en una partida por muy bien que lo hagas. Poco importará el peine que tengas o los efectos pasivos acumulados para ayudarte, porque cuando 10 blocoides apuntan contra ti es prácticamente imposible sobrevivir a semejante bombardeo.
Más allá de cruzar los dedos para toparte con un contrato secundario que te permita recuperar vida (a cambio de potenciar de alguna forma a lo blocoides), es imposible conseguir más salud. Has de seguir adelante con apenas ocho corazones para 10 niveles, lo cual se antoja como una pequeña odisea cuando no encuentras escudos para cubrirte o te topas con jefes finales en rondas muy tempranas.
Sí, le hace falta pasar una revisión por el taller a Kill the Brickman y ofrecer un abanico más amplio de armas que conseguir, pero al menos hay una intención por parte de Doonutsaur que te permite pisar en firme si decides jugar. Van a haber bastantes turbulencias y quizás no soportes el aspecto de los dichosos blocoides, aunque verlos estallar en mil pedazos es un placer (no) culpable.
En VidaExtra | Es el peor insulto que puedes decir en italiano y llevas repitiéndolo durante meses: el lado oculto de Vampire Survivors
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La noticia Es más feo que pegarle a un padre, pero este roguelike a base de disparos espaciales me ha atrapado fue publicada originalmente en Vida Extra por Juan Sanmartín .
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